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Jueves 24 de Febrero de 2011

Charlas de Candi - Jueves 24

—Y prosigo con el tema de ayer. El problema del hombre de nuestros días, nuestro problema, es que una falsa cultura nos ha inculcado el pensamiento (fuertemente arraigado) consistente en que el éxito, la felicidad, la paz interior y la vida digna, no se consiguen sino con la obtención de ciertos valores que son materiales o vinculados a tales.

—Y prosigo con el tema de ayer. El problema del hombre de nuestros días, nuestro problema, es que una falsa cultura nos ha inculcado el pensamiento (fuertemente arraigado) consistente en que el éxito, la felicidad, la paz interior y la vida digna, no se consiguen sino con la obtención de ciertos valores que son materiales o vinculados a tales. Hay un piso material necesario, naturalmente, para una vida serena; pero la moda nos lleva a pensar que la felicidad es de orden estrictamente material.

—Reina la economía de mercado y sus reglas individualistas.

—Esta misma falsa cultura, que por otra parte tiene muchas facetas y puede ser subdividida, ha generado, por ejemplo, y entre otras cosas, una competencia feroz signada por la ausencia del amor en donde el prójimo es no un ser humano creado a imagen y semejanza de Dios, sino un adversario al que hay que vencer mediante uso y abuso de diversas armas. Es esta misma falsa cultura la que ha generado dos clases de personas: las poderosas y las débiles que son la gran masa. Más sin embargo, dentro de esta misma masa también afloran estas dos clases de personas (fuertes y débiles). Y así sucesivamente estas dos divisiones están presentes en cada fraccionamiento social. Se advierten estos dos tipos en los numerosos ambientes y niveles en el que desenvuelve su vida la especie humana: en un país, en una provincia, en una ciudad, en un pueblo, en el trabajo, en la colectividad, en el club, en la calle y hasta muchas veces en el hogar. Casi siempre hay uno que manda, pero no manda con amor sino autoritariamente y hasta competitivamente.

—La verdad, mi querido amigo, es que cuando la humanidad pensante y compasiva suponía que los adelantos de todo tipo brindarían, por fin, un alivio a los grupos más débiles, se advirtió, y se sigue advirtiendo, en el orden social o de masas, que en rigor de verdad el adelanto sólo sirvió para hacer más fuerte a los fuertes, mediante el injusto reparto de bienes y, también, mediante el sojuzgamiento intelectual de multitudes. Dicho de otro modo: la negación del crecimiento intelectual y espiritual.

—¿La solución?

—No habrá solución en tanto y en cuanto los líderes y dirigentes sociales sean esos que están desprovistos de la capacidad de amar al prójimo, de accionar en su favor. No hay solución en tanto y en cuanto sigamos teniendo en nuestro país, por ejemplo, dirigentes políticos que todo lo hagan en favor de la permanencia en el poder. No habrá solución, en tanto y en cuanto haya empresarios que no comprendan que a la voracidad y mezquindad, que es consecuencia del ansia desmedida de riquezas, le pone fin la muerte y que todo bien material no es transferido al otro mundo y, por lo demás, si no se comprende que hay en el universo un principio de flujo y reflujo (el que da recibe una medida mayor a la dada). No habrá solución si no se entiende, además, que la mezquindad e intolerancia no es aceptable en el orden espiritual y que cada uno está llamado a dar al otro desde su ubicación religiosa o no religiosa en el marco del respeto. Y hasta diría que muchas cosas deben ser desterradas del ámbito primario, la familia, e incluso del propio “yo”. No hay cambio del conjunto si primero no se transforma la propia persona.

candi2050@gmail.com

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