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Jueves 12 de Agosto de 2010

Charlas de Candi - Jueves 12

—Tenía un tema pendiente (¿uno?) el de la dignidad, pero algunos asuntos lo han soslayado. Por ejemplo, una cuestión importantísima de la que me enteré a partir de un escrito de la doctora, médica, Mirta Guelman que llegó hasta mis manos.

—Tenía un tema pendiente (¿uno?) el de la dignidad, pero algunos asuntos lo han soslayado. Por ejemplo, una cuestión importantísima de la que me enteré a partir de un escrito de la doctora, médica, Mirta Guelman que llegó hasta mis manos. Resumo la historia no sin antes preguntar ¿Otra familia en la calle, a la intemperie, y esta vez por vía de la justicia rosarina? La historia comienza cuando María Eugenia Sandoval compró con su abuelo un terreno a una señora de su barrio. La ignorancia hizo que, entusiasmados, comenzaran a edificar una precaria vivienda. Tenían los recibos firmados por la mujer y según consejos del profesional al que acudieron, no había riesgos. Después descubrieron que el verdadero dueño era otro. Firmaron un segundo boleto y pagaron nuevamente, pero el señor vendedor se murió y la señora, quien les había vendido el terreno por primera vez, ahora la acusa de usurpadora y pide que la desalojen. Hicieron el reclamo en el Juzgado Civil y Comercial de la 7ma. Nominación. En ese Tribunal se explicó y se mostró este documentos al juez, pero respondió que no era válido, porque le faltaba un sello. Quizás por falta de dinero, o porque lo ignoraron, no se selló el documento. El doctor Lorenzo, ex decano de la Facultad de Derecho, se apiadó de esta chica y rogó al juez que le dieran tiempo para comprobar las firmas con un perito calígrafo y para escriturar el terreno, comprado dos veces. El mismo se ofrecía como garante (¡encomiable actitud la suya doctor Lorenzo!) El “perito” pide 1.500 pesos y la escritura pública, es costosa. El asunto es que hoy la mamá y su hijo Lautaro, con afecciones bronquiales, pueden quedar en la calle. Dicen que el juez de la causa respondió ante el pedido de clemencia por parte de la doctora Guelman: “hubiera venido antes, ahora es tarde” y se justificó diciendo que otro juez había dado la orden. Anteayer traté de saber más del tema, hablé con una de las defensoras, pero me dijo que no da información a los periodistas. En fin...

—Lo único que aquí nos queda claro es que hay un niño de 4 años con problemas bronquiales que hoy podrá estar sin vivienda, desalojado. Es decir: otra familia a la intemperie ¡vaya justicia! Me asombra todo esto y me duele. Me asombra, desde luego, desde lo profano, porque no soy un jurista. Pero también me asombra desde lo humano, porque que una mujer con su chico enfermo quede afuera, descobijada después de tanto sacrificio realizado, no sólo me asombra, me apena y mucho, pero mucho más. Me han dicho que algunos empleados judiciales también están asombrados. “Su Señoría” debe tener, no lo dudo, suficientes razones jurídicas para haber adoptado la decisión. Sin embargo, antes las razones jurídicas, un ignorante como yo no tiene más remedio que sujetarse de la justicia que se engendra y florece en la compasión. Y no quiero recordar la frase de Santo Tomás de Aquino sobre justicia y compasión, para no pecar de excesivamente duro. Pero sí me acuerdo de lo que dijo un ilustre como Augusto Morello: “Cuando la justicia llega tarde no es justicia”. Pero claro, Morello murió y con juristas como él murieron muchas cosas. Yo añadiría que cuando la justicia no llega a un inocente, (como ocurre con frecuencia en este país) es denegación de justicia. Pido disculpas porque mi mirada es la de un vecino más y no la de la ilustre biblioteca de la jurisprudencia, la doctrina y la “sana crítica”.

—Para finalizar, destaco el interés de la conocida médica rosarina Mirta Guelman por este caso y el del ex rector Lorenzo. Para los demás dejo un vacío, un hueco que pido a los lectores que lo llenen.

—¡¿Cuántas cosas ocurren en este mundo no?!

—Espero poder seguir el tema.

—Si Dios quiere.

candi2050@gmail.com

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