Edición Impresa
Jueves 10 de Marzo de 2011

Charlas de Candi - Jueves 10

—No es un tema nuevo, no es algo que no hayamos tratado ya muchas veces en el curso de estos años, pero nunca es suficiente cuando se trata de ciertos asuntos, como la necesidad en la vida de dimensionar debidamente los problemas, de ponerlos en el lugar que corresponden y, por tanto, hacer justicia con nosotros mismos y con nuestro entorno. Ayer, mientras miraba televisión en nuestro lugar de descanso.

—No es un tema nuevo, no es algo que no hayamos tratado ya muchas veces en el curso de estos años, pero nunca es suficiente cuando se trata de ciertos asuntos, como la necesidad en la vida de dimensionar debidamente los problemas, de ponerlos en el lugar que corresponden y, por tanto, hacer justicia con nosotros mismos y con nuestro entorno. Ayer, mientras miraba televisión en nuestro lugar de descanso.

—Digamos que somos unos afortunados que pudimos retirarnos unos días de nuestra ciudad, para desvincularnos de la cuestión cotidiana y tomar aire fresco.

—Como decía, (antes de que usted, como siempre, brindara detalles de nuestra vida privada)…

—Bueno, si uno no muestra algunas vivencias personales ¿qué clase de testimonio brinda? Se debe tener el valor de decir ciertas cosas, para que los demás vinculen el mensaje con la propia vida y sepan con quien están tratando. Usted muchas veces ha dado testimonio de sus dolores, de sus pecados. Bueno, yo hablo de lo bien que lo pasamos hoy, gracias a Dios.

—Bueno, bueno. Si nos vamos por las ramas no podré decir lo que quiero decir. Ayer, mientras miraba un rato la TV, en el canal local del paraje donde estamos escuché el testimonio de un señor, un hombre de la clase media como nosotros, que perdió a su hijo de 12 años por una mala praxis en un sanatorio privado. Y como si tal dolor no bastara, a los seis meses lo detuvieron, lo enviaron a una cárcel de máxima seguridad por más de tres años “por error”. Si señores y señoras, la policía “se equivocó” y lo detuvo acusado de un homicidio. Como hay una lentitud y una burocracia criminal en el Poder Judicial argentino, recién cuando el caso llegó a manos del fiscal éste pudo saber, finalmente, que no sólo que no había pruebas, sino que se estaba en presencia probablemente de una actitud sospechosa por parte de la policía. Para ser más claro: usaron a este pobre hombre de chivo expiatorio. En ese marco, contó, pensó en suicidarse ¿Se imaginan haber perdido un hijo y a los pocos meses ser arrojado a la soledad de la cárcel siendo inocente? Sin embargo, la presencia en su vida de su esposa y de su otra hija, hicieron que reflexionara logrando superar esa etapa tan sombría. Ayer se presentó en un programa de TV y dio testimonio de su caso, lo que es maravilloso. Un caso tremendo, pues perdió muchas cosas, incluso materiales. Le hizo un juicio al Estado y lo ganó en primera instancia (pasarán años para ser resarcido); le pidieron disculpas; pero, amigos, es un esfuerzo titánico el poder superar tanto dolor y desprotección, el borrar esas huellas fortísimas que quedan en el corazón. Mi pregunta, que dejo para que el lector la responda, es: casos como este y otros, ¿no nos están, diciendo que es necesario dimensionar correctamente los problemas? ¿No es una injusticia que nos cometemos a veces cuando tornamos en gigantes a dificultades o problemas pequeños?

candi2050@gmail.com

Comentarios