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Domingo 03 de Abril de 2011

Charlas de Candi - Domingo 3

—La vida es maravillosa, aun en los pesares que provienen del propio orden natural, porque, como decía el viernes, si uno descubre la “verdad” y vive conforme a ella, advierte que el crepúsculo no es más que la esperanza aguardando el nuevo día.

—La vida es maravillosa, aun en los pesares que provienen del propio orden natural, porque, como decía el viernes, si uno descubre la “verdad” y vive conforme a ella, advierte que el crepúsculo no es más que la esperanza aguardando el nuevo día. La primera estrella de los judíos que aparece en el firmamento al caer la tarde (como bien me recordó una lectora, Martha) es el anuncio de un nuevo día, de esa luz anhelada. A menudo suelo cuestionar a la corporación política, pero siempre me cuido de no olvidar dos cosas: que no esté ausente la palabra “en general”, y de que el mensaje esté destinado al político, al profesional y no al ser humano.

—Advierto que hoy sabe cómo comenzar la columna y que hablaremos de vida y política.

—Seré breve y permítame que continúe: como decía, la vida es maravillosa aun en el dolor, en la dificultad, porque en la dificultad disponemos de fe, esperanza y compañía. Pero tenemos derecho los seres humanos a que a esta vida no sea asfixiada, saturada, con pesares que no son del orden natural. Tenemos derecho a vivir en paz social, a tener paz interior. Tenemos derecho a vivir en un orden justo, a ver a nuestros hijos crecer y madurar en el marco de sus propios derechos satisfechos. Tenemos derecho a verlos respetados y protegidos. No importa que nuestros hijos sean negros blancos, judíos, católicos, ateos, protestantes, budistas, pobres o ricos, más capacitados o menos capacitados. Importa que son personas. Tenemos derecho a que nuestros ancianos no tengan que ir, después de toda una vida de trabajo, a comer a un centro de jubilados, a una olla comunitaria, porque la plata nos les alcanza o no la tienen. Y esta circunstancia tremenda ocurre en mi propia ciudad, amigos. Hace muchos años un colega periodista y abogado me dijo algo que jamás olvido: “La política es el supremo altruismo, porque no se tiene mejor oportunidad para dar una vida más dichosa al ser humano, que aquella que concede la política realizada desde la función pública”. Hay un problema: son los muchos políticos argentinos.

—Dice muchos, pero no todos.

—Creo que hay gente buena que además son buenos políticos. Creo también que son los menos y no tienen el poder. Yo he criticado con nombre y apellido a ciertos dirigentes y rescatado a muy pocos. En las últimas horas me enteré que dos amigos, uno candidato a intendente y otro a concejal de una lista rosarina que no responde “a los mismos de siempre”, han rechazado puestos ofrecidos por candidatos a gobernadores e intendentes a cambio de que bajaran la lista que armaron con esfuerzo. Mis amigos les respondieron sin vueltas: “nosotros no venimos por puestos, venimos a hacer política”. Como los conozco a estos dos amigos y candidatos (que no provienen del ámbito político) estoy segurísimo de que ellos entienden a la política como “el supremo altruismo”, la oportunidad de poner en práctica eso de “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Uno de ellos me dijo días pasados textualmente: “quiero ayudar a esos trece chicos que se quedaron sin mamá” (fue asesinada), decime qué podemos hacer, pero no quiero que trascienda, no quiero que se tome como que busco hacer política con eso”. Estas dos personas (que por supuesto son conocidas en Rosario, pero cuya identidad no revelaré al menos hoy) no necesitan de la política para vivir, quieren servir al prójimo y a ese Dios único en el que creen. Esta clase de personas necesita la política. Y por esta clase de personas es que hoy supe como comenzar esta columna. La de ayer fue hecha con tristeza, decepción y cansancio.

—Sí, tenemos derecho a que a esta vida no sea asfixiada, saturada, con pesares que no son del orden natural. Tenemos derecho a vivir en paz social, a tener paz interior. Tenemos derecho a vivir en un orden justo, como dijo. Creo también que, al fin y al cabo, este crepúsculo no es más que la espera con fe de ese nuevo orden que llegará. Comprometámonos también nosotros.

candi2050@gmail.com

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