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Domingo 27 de Marzo de 2011

Charlas de Candi - Domingo 27

—Es penoso que debamos una vez más abordar el tema de la inseguridad, pero creo que cada día se está peor y no se advierte que el flagelo se procure resolver. Voy a dar mi opinión con palabras simples, directas y sinceras.

—Es penoso que debamos una vez más abordar el tema de la inseguridad, pero creo que cada día se está peor y no se advierte que el flagelo se procure resolver. Voy a dar mi opinión con palabras simples, directas y sinceras. Varias razones coadyuvan a que proliferen los robos: la falta de empleo, la inadecuada educación, el narcotráfico (que no se combate como se debiera), la cultura de la violencia y del desprecio por la vida, la degradación de valores, el fomento de la impunidad, la ineficacia política, la pésima conducción de las fuerzas de seguridad. Además, cuando en una sociedad enferma se pretenden aplicar principios que corresponden a sociedades más o menos sanas, los resultados son desastrosos. En argentina se habla de la necesidad de respetar los derechos del delincuente y me parece bien, el problema es que es una defensa que va más allá de lo justo y razonable y se torna aberrante. Cuando se deja en libertad prematuramente a un tipo que robó y mató con los mil y un justificativos jurídicos basados en la filosofía del derecho, en la teoría divorciada de la realidad que vive el ciudadano común, no sólo que se humilla y socava el derecho que tiene el ciudadano honesto a vivir protegido y en paz, sino que hay una burla al concepto de justicia y se fomenta la impunidad. Y si usted lector, es un juez de esos que viven en el termo del principio filosófico no aplicable a una sociedad en grave crisis delictiva, o uno de esos magistrados “lamepolíticos”, que quieren quedar bien con la moda que impone el poder de turno, sepa que usted, que es un funcionario y gobernante, no está actuando conforme al anhelo del ciudadano. Y si usted, lector, es un policía que entre otras cosas (y gracias a la incapacidad política) permite “zonas liberadas”, sepa que usted es un delincuente con uniforme. Es decir, mucho más peligroso que un delincuente común. Y que conste que yo defiendo a todas las instituciones, y hay jueces y policías que son testigo de mi defensa de los buenos hombres que tienen tales instituciones.

—¡Epa! Duro con algunos jueces.

—Tengo un amigo que me ha enviado un extenso escrito en el que habla del rol de un intendente (porque la responsabilidad no sólo es de los gobiernos nacional o provinciales, señores) y parte de ese escrito la pongo a consideración del lector. Dice: “El intendente puede y debe denunciar públicamente, y hasta en la justicia, si fuere necesario, a todo aquel funcionario político, judicial o policial que no cumpla con su deber en materia de seguridad (…) El intendente y los concejales tienen la obligación de trazar políticas en materia de seguridad y aportarlas a los gobiernos y sectores que correspondan. ¡Basta ya, amigos, de que los honestos vivamos asustados, a la defensiva y entre rejas y los delincuentes gozando de impunidad! Debe terminarse con el festival de premios y libertades que se conceden a los malvivientes. Y esto no es cercenarles derechos y garantías, sino darle derechos y garantías al ciudadano común que hoy vive humillado y sojuzgado por un sistema mentiroso, que le niega el derecho a vivir sin temor y en paz”. No doy mi opinión, quisiera saber la de los lectores. Hasta mañana, si Dios quiere.

candi2050@gmail.com

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