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Lunes 27 de Febrero de 2012

Chávez y el sionismo

La Radio Nacional de Venezuela publicó hace unos días en su sitio web un artículo periodístico firmado por Adal Hernández titulado: “El enemigo es el sionismo, un barranco como solapada promesa”.

La Radio Nacional de Venezuela publicó hace unos días en su sitio web un artículo periodístico firmado por Adal Hernández titulado: “El enemigo es el sionismo, un barranco como solapada promesa”. La nota apareció poco después de que Henrique Capriles Radonski, gobernador del Estado de Miranda, fuera nominado por la oposición como candidato presidencial para enfrentar al presidente Hugo Chávez —hoy en Cuba por cuestiones de salud— el próximo 7 de octubre.

En el texto se hacía mención a que Capriles es de ascendencia judía por línea materna y paterna, que “trabajó con los intereses de la burguesía sionista” e integró Tradición Familia y Propiedad (sector laico ultraconservador de la Iglesia Católica). “Nuestro enemigo es el sionismo, que hoy representa Capriles Radonski”, decía el artículo.

Esta mezcla de citas pretendidamente descalificatorias al “sionismo” de Capriles no es en este caso producto de la ignorancia, como se podría suponer, sino de asociar intencionalmente la palabra sionista a lo más reaccionario en términos políticos, y putrefactos en el concepto de la comprensión general. El sionismo es un término que, semánticamente deformado, está vinculado con lo peor y lo más oscuro de la política y de la vida.

En una reciente informal reunión de varios periodistas argentinos, la mayoría universitarios, ninguno pudo definir con precisión qué es el sionismo cuando se le pidió una aproximación conceptual. Algunos lo vincularon con la Biblia, otros con un sector político de la derecha israelí; también mencionaron a los Protocolos de los Sabios de Sión (libelo antisemita originado en la Rusia zarista a principios del siglo XX) y hasta lo asociaron con el Plan Andinia (supuesto complot judío para quedarse con partes de Argentina y Chile que denunció un delirante profesor de la Universidad de Buenos Aires en la década del 70).

Definición. Según la Enciclopedia Británica, “el sionismo es el movimiento de liberación nacional del pueblo judío que ha tenido como objetivo la creación y el sostenimiento de un Estado judío en Palestina, hogar ancestral de los judíos”.

Se podría agregar que la palabra Sión deriva del nombre de una de los montes de Jerusalén, el Sión. También, en la antigüedad, Sión hacía referencia a la ciudad de Jerusalén y por extensión a la tierra de Israel. El fundador del movimiento, en el siglo XIX, fue un periodista húngaro judío llamado Teodoro Herzl. El sionismo tiene distintas vertientes políticas y muchos de sus pioneros sustentaban posiciones de izquierda, que se plasmaron en la creación en Israel de las primeras granjas agrícolas colectivas inspiradas en el modelo de vida socialista. La Unión Soviética fue uno de los primeros países del mundo en reconocer al Estado de Israel.

Desde hace tiempo, se asocia de una manera aviesa al sionismo con la actual política del gobierno israelí, que a lo largo de su historia no ha sido siempre lineal y ha oscilado, desde 1948 cuando se fundó el Estado, entre tendencias laboristas y conservadoras. El sionismo no fija la política exterior ni interior del Estado de Israel sino que es el movimiento nacional que le dio origen. Y le da sustento a la aspiración de un pueblo a contar con un hogar nacional. Para la prensa oficial venezolana todo es lo mismo y así hace su aporte a la confusión general.

Pero también, desde el otro lado, se interpreta erróneamente que el cuestionamiento político a la construcción de colonias en los territorios que Israel ocupa ilegalmente en Cisjordania y pertenecen al pueblo palestino son ataques antisemitas y antiisraelíes. Nada más ajeno a la realidad, porque oponerse a las acciones del gobierno de derecha israelí de turno no significa por extensión un ataque al pueblo judío ni a la existencia de Israel. Como tampoco lo es abogar por un Estado palestino libre e independiente.

Cochino. La denuncia del “sionismo de Capriles” está vinculada precisamente al aprovechamiento de la deformación que ese término tiene en la sociedad. “Si es sionista, debe ser malo, perverso”, podría ser el resumen que se internaliza en una masa desinformada, no sólo en Venezuela.

En realidad, Henrique Capriles nació en Caracas hace 39 años, es abogado y político e hijo de madre ruso-polaca judía que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y de padre judío sefaradí (Capriles García). Sin embargo, profesa el catolicismo. Chávez lo definió como “un cochino que no va a poder disfrazarse, busque los asesores que busque, porque tiene rabo, oreja y hocico de cochino”. Más allá de quién sea Capriles y de su propuesta política (eso es lo único que debería importar para el debate) Chávez no ofrece ilustración a una campaña electoral que recién comienza y amenaza con desbordarse.

Más distorsión. La nota de Adal Hernández, fuertemente cuestionada por “acusar” de sionista a Capriles, tuvo una segunda parte en su blog, que no hizo más que confirmar la distorsión. “El sionismo nace para poner en marcha los planes del imperialismo en el mundo árabe, para colocar una base de operaciones en la zona que responda a los intereses del capitalismo trasnacional, dirigido y administrado en su gran mayoría por el sionismo y sus representantes. Gran parte del enjambre de los medios de comunicación es manejado por la oligarquía sionista”, dijo entre otras cosas difíciles de reproducir.
Ese discurso se parece mucho al del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, con quien Chávez mantiene una estrecha relación política y a quien le ha abierto una puerta en Latinoamérica. Ahmadineyad viene sosteniendo desde hace tiempo que el holocausto nunca existió y que “la entidad sionista” (como llama a Israel) debe desaparecer del mapa. Mientras, anuncia avances en su programa nuclear, destinado “sólo a fines pacíficos”, en contraposición a su discurso eliminacionista y beligerante.

Con este pensamiento que repite el presidente iraní en Caracas cada vez que viene de visita y al que se suma el discurso oficial contra el “sionista Capriles”, se está generando un cóctel explosivo que intenta reverdecer odios ancestrales irracionales, en un intento movilizador para indicarle a la población venezolana dónde está el demonio.

¿Por qué no comparar, por ejemplo, lo que fue en su momento el sionismo con la lucha actual del pueblo kurdo por lograr un Estado nacional en Kurdistán, zona ubicada en territorio de Turquía, Irak, Irán y Siria? Los kurdos, musulmanes sunitas, han sido históricamente impedidos de tener su propio país y hasta fueron rociados con gas mostaza por las tropas de Saddam Hussein. Lo mismo se podría afirmar del pueblo armenio, sojuzgado por los imperios ruso y otomano y que fue parte de la ex Unión Soviética hasta 1991, cuando logró crear su Estado nacional. Y más atrás en la historia, ¿por qué no pensar en la unificación del pueblo italiano que emprendió Garibaldi durante el siglo XIX?

Demonización. Estigmatizar al sionismo como el demonio puede dar rédito político, pero es de una bajeza intelectual, en algunos casos, e ignorancia en otros, que es necesario desmitificar.

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