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Lunes 29 de Agosto de 2011

CFK y HB

Por historia y cultura política el peronismo y el socialismo son muy diferentes, qué duda cabe. Pero en el aquí y en el ahora, entre el "modelo nacional y popular" de Cristina Kirchner y el "modelo Santa Fe" de Hermes Binner hay muchos más puntos de coincidencia de lo que deja ver la campaña electoral.

Por historia y cultura política el peronismo y el socialismo son muy diferentes, qué duda cabe. Pero en el aquí y en el ahora, entre el "modelo nacional y popular" de Cristina Kirchner y el "modelo Santa Fe" de Hermes Binner hay muchos más puntos de coincidencia de lo que deja ver la campaña electoral. Más allá de las formas políticas y las estéticas partidarias, CFK y HB no están tan alejados programáticamente. No son el agua y el aceite. Ambos tienen más posiciones en común que las que pueden existir hoy día entre el kirchnerismo y el duhaldismo, o entre el socialismo y el macrismo o el socialismo y De Narváez.

Y si no, repasemos: una porción importante de los proyectos que impulsó el kirchnerismo y que han quedado marcados como rasgos distintivos de esta fuerza política fueron votados en los dos últimos años por los legisladores socialistas en el Congreso nacional: estatización de las AFJP y de Aerolíneas Argentinas, asignación universal por hijo, ley de matrimonio homosexual y hasta la nueva ley de radiodifusión.

El proceso de sustitución de importaciones, la reforma de la Corte Suprema de Justicia, la política de derechos humanos, el plan Conectar Igualdad (que entrega una netbook a cada alumno de escuela pública), la defensa del mercado interno, un Banco Central que no sea autónomo del gobierno, un tipo de cambio administrado y competitivo, la no criminalización de la protesta social, la defensa del Mercosur y de las políticas regionales, las convenciones colectivas de trabajo y hasta Fútbol para Todos (aunque en versión reducida) también son temas en los que no hay grandes diferencias entre CFK y HB.

Cuando en los grandes medios nacionales lo presionan para que diga qué actitud tomaría con dirigentes como Luis D'Elía, Binner elude elegantemente definiciones tajantes. Y es lógico. Es que la Federación de Tierra y Vivienda (FTV), la organización que a nivel nacional comanda D'Elía, respalda a nivel santafesino al Frente Progresista desde sus orígenes. Incluso fue una de las organizaciones que a principios de año armó un masivo acto en el ex predio de La Rural para lanzar la luego frustrada candidatura a gobernador de Miguel Lifschitz.

Hace una semana, incluso, la FTV emitió un comunicado firmado por su referente local, Juan Carlos Rodríguez, que aclara su posicionamiento: "En la provincia de Santa Fe integramos el Frente Progresista, pero a nivel nacional estamos cada vez más convencidos de que debe continuar y profundizarse el proyecto iniciado en 2003 y vamos a trabajar para que Cristina siga siendo presidenta. Somos varios los sectores, sobre todo entre los movimientos sociales, que perteneciendo al Frente Progresista santafesino apoyamos al gobierno nacional, porque es el gobierno que nos devolvió la dignidad y generó herramientas de inclusión social que cambiaron nuestro piso de discusión. El domingo 23 de octubre vamos a poner todo nuestro esfuerzo para el triunfo de la compañera presidenta".

Ahora, si todo esto es lo que tienen en común, veamos cuáles son las banderas de campaña de HB que lo diferencian de CFK, más allá de la repetida frase del candidato socialista de "una Argentina en celeste y blanco".

HB nunca se mostró a favor de eliminar las retenciones a las exportaciones de productos primarios ("la rentabilidad es tan grande que de este tema ya ni se habla en las zonas rurales. Hemos planteado que son necesarias en este plan económico", dice), pero más allá de ese tema puntual sostiene una política agropecuaria más "friendly" con ese sector de la economía proponiendo menos trabas a las exportaciones y el fortalecimiento de los eslabones de las distintas cadenas de valor.

El socialista no está en contra en términos generales de la política de subsidios del kirchnerismo, pero sostiene que hay que federalizarlos para que lleguen a todo el país, principalmente el que beneficia al transporte público de pasajeros.

También fustiga al gobierno por la manipulación de las cifras del Indec (hasta la CGT también lanza ahora críticas en este sentido) y dice que tiene un plan para llegar a una inflación anual de un dígito en los próximos tres años.

En la plataforma del Frente Amplio también se plantea la incorporación de la boleta única y la necesidad de impulsar una reforma constitucional para reemplazar el sistema presidencialista por uno de carácter parlamentario, "donde más allá del presidente se elija un primer ministro en el seno del Parlamento".

Promete pagar el 82 por ciento móvil a los jubilados y pensionados porque "la Ansés tiene recursos para hacerlo". Y también aboga por "la transparencia, la ética pública y un cambio moral", deslizando así que de todo esto carece el gobierno de CFK.

Mientras HB se presenta como el poskirchnerismo que rescata "lo bueno" de este gobierno y busca cambiar "lo malo", los kirchneristas aducen que Binner nunca aclara cómo ni de qué manera llevará a cabo las medidas que plantea para que sean sustentables en el tiempo y también sostienen que el socialismo no puede garantizar la gobernabilidad del país.

Por aquí pasará gran parte del debate político de cara a las generales de octubre en un escenario electoral virtualmente definido: CKF tiene un respaldo popular que ronda el 50 por ciento, Duhalde y Alfonsín están en caída libre, Rodríguez Saá sólo aspira a sacar más votos que Duhalde, HB se proyecta como el opositor con más chances, y el mejor candidato que tenía la centroderecha, Mauricio Macri, decidió no jugar la partida y preservarse para la próxima.

Incluso, el 50 por ciento de los votos de Cristina en las internas de agosto obligó a los tres referentes opositores más consolidados a reformular sus discursos: Rodríguez Saá ya dice que no es oficialista pero tampoco opositor y hasta fue a la Casa Rosada el jueves pasado para reunirse con el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Mauricio Macri se cruza llamadas amistosas con Cristina, mientras trasciende que habría negociaciones entre ambos gobiernos para traspasar la Policía Federal a la órbita de la Ciudad de Buenos Aires, un reclamo histórico del PRO. Y Binner suaviza sus críticas al gobierno y remarca que no le interesa llevar adelante una "política de oposición". "Tenemos la independencia y libertad para apoyar cosas positivas y proponer alternativas para las cosas negativas", dice.

La foto de anteayer entre el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, junto a Amado Boudou, Agustín Rossi, Omar Perotti y Julián Domínguez (ministro de Agricultura), todos sonriendo y en medio de la campaña electoral, es la muestra más contundente de que el amplio respaldo popular que está consiguiendo Cristina para su reelección va reconfigurando el escenario político del país.

"La consigna es desgastar a este gobierno desde donde se pueda", era la frase que repetía Buzzi allá por el 2008 en plena rebelión de los productores agropecuarios por las retenciones. Hoy eso, ya es historia.

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