Opinión
Jueves 14 de Julio de 2016

CFK dejó campo minado y el gobierno pisó las bombas

Claves. Los errores no forzados como consecuencia de los tarifazos le pusieron la primera alerta amarilla al gobierno. La necesidad política de ganar las elecciones de medio mandato choca con el ideario de la reforma económica oficial.

En vez de desactivar las bombas, el gobierno decidió pisar el campo minado que le dejó Cristina Fernández de Kirchner.

El juego de ensayo, prueba y error en materia de tarifas públicas constituye una incomprensible falla táctica a la hora de querer implementar políticas que repercuten directamente en una sociedad que tiene como órgano principal el bolsillo.

En ese contexto, promover un cambio cultural a las apuradas a los que andan "en remera o en patas", en medio de una situación económica y social cuanto menos complicada, se parece mucho a un despropósito. Sobre todo cuando las medidas van y vienen o se anuncian y se rectifican. Llaman poderosamente la atención los errores no forzados, la forma confusa de anunciar, cuando el PRO se instaló como el campeón mundial de la comunicación.

El pasado que vuelve. No siempre estará el kirchnerismo generándole al gobierno buenas noticias, aunque el impacto que derraman los casi 9 millones de dólares que José López ingresó al convento lejos está de quedar en el olvido.

Las idas y vueltas alrededor del tarifazo de gas y las explicaciones del presidente Mauricio Macri obedecen a una lógica política que tiene un historial exitoso para el PRO y el propio jefe del Estado, pero en otro contexto.

Por encima de realidades complejas, Macri siempre logró lo que se propuso: en su empresa, en Boca Juniors y en el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Apostó y ganó siempre. Cuando toda la cátedra le decía que sería imposible su sueño presidencial sin el aporte de Sergio Massa, se convirtió en presidente sin necesidad de Massa. Y si desde el análisis político se le recomendaba tejer alianzas fijas en el Congreso por su minoría legislativa, se las arregló negociando ley por ley con sujetos políticos distintos. Pero ir por un "cambio cultural" cuando está en juego el bolsillo constituye todo un límite.

Para entender la hipocresía de buena parte de la elite nacional, la de mejores ingresos que justifica la eliminación abrupta y total de los subsidios al gas en pleno invierno, debe recordarse aquel promocionado Registro de Renuncia Voluntaria al Subsidio, establecido en 2012. Fue olímpicamente ignorado por los usuarios: sobre un universo de 12 millones de clientes residenciales a nivel nacional, el padrón voluntario sólo logró la adhesión de 31.500 usuarios, es decir apenas el 0,25 por ciento.

El rechazo mayoritario a los tarifazos, el brete al que se sometió el gobierno, podría cobrarse una primera víctima: el ministro de Energía, Juan José Aranguren. Además de explicar diariamente que no es un elefante en una cristalería a la hora de las medidas, el funcionario se desgasta día a día intentando convencer a la sociedad que ser dueño de acciones de la empresa de combustibles Shell, mientras encabeza la cartera que debe decidir políticas y controlar compañías de ese sector, es perfectamente compatible.

A esta altura de los acontecimientos, Aranguren se sostiene por el aval exclusivo del jefe del Estado, quien no quiere servirles la cabeza del ministro en bandeja de plata a los socios radicales, hipercríticos con la política energética desde el inicio mismo del gobierno.

Sin embargo, el tropezón de Cambiemos y el límite que la realidad le impone a Macri tiene una connotación mucho más fuerte. Se termina el tiempo de la economía como piedra basal de las reformas y empieza el de la política. Si Cambiemos aspira a seguir gobernando el país tiene que ganar las elecciones de 2017, y el tarifazo pone en un cono de sombras que lo pueda hacer con más ajuste, menos déficit fiscal y recesión.

La economía, en la Argentina, es algo demasiado importante como para dejarla sólo en manos de los economistas. Esa cita bien podría extenderse a Aranguren y la política de tarifas.

El presidente de la comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados, Luciano Laspina, dijo por estas horas que "lo peor ya pasó", dando entender que de ahora en más el gobierno pondrá el foco en generar crecimiento. Para eso, en Balcarce 50 y en las 5 subdivisiones del Ministerio de Economía comienzan a trabajar pensando en cómo salir de la recesión repuntando la demanda, mejorando la inversión en obra pública y dejando atrás la obsesión por cumplir a rajatabla con el equilibrio fiscal.

Pan y circo. A diferencia de otras épocas transitivas de la historia argentina, Macri consiguió una expectativa de sobrevivencia mucho más intensa que la de otros presidentes. El rechazo al gobierno que se fue se mantiene vivo hora a hora por el José López horror show, intramuros del convento de General Rodríguez: allí sólo faltó ver a la monja Alba posando con la metralleta. A falta de pan, bienvenido el circo. Pero no hay circo ni convento que dure cien años y, de extenderse algunas semanas más, los efectos serán secundarios ante una realidad económica acuciante.

El gobierno debería aprovechar ya de otra manera la inexistencia de un peronismo unido, penetrando en la sociedad como alternativa. Para intentar ganar la provincia de Buenos Aires (siempre la madre de todas las batallas), el Ejecutivo necesita mantener dividido el espectro opositor y coptar voluntades que hoy se referencian en otras geografías políticas.

"Necesitamos hacer una ensalada, no nos queda otra. Y la vamos a hacer. Todos los peronistas que quieran acercarse serán bienvenidos, y si a los radicales no les gusta, mala suerte. Ni siquiera tienen un candidato alternativo a primer diputado nacional que nos haga ruido a nosotros y a los demás", dijo una fuente calificada del primer nivel del gobierno nacional.

Por eso, la Casa Rosada necesita dejar de tensionar con la sociedad por las extensiones del ajuste y poner manos a la obra para llevar a la práctica un breviario de acciones concretas que no se pierdan sólo en buenas intenciones pésimamente resueltas, como ha sido hasta aquí.

El futuro político del macrismo se empezará a resolver en el corto plazo: sin segundo semestre ni revolución de la alegría, aunque con un escenario político favorable para poder reinar en la división.

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