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Lunes 04 de Junio de 2012

Cero en solidaridad

"Llamé a la escuela, me atendió la directora y me dijo que había lugar en preescolar a la tarde. Le anticipé que mi hijo tenía síndrome de Down. Ella me preguntó: «¿Y cuál es el problema, mamá?». Entonces lloré, lloré mucho, porque no podía creer que finalmente había conseguido un sitio para Tomás".

"Llamé a la escuela, me atendió la directora y me dijo que había lugar en preescolar a la tarde. Le anticipé que mi hijo tenía síndrome de Down. Ella me preguntó: «¿Y cuál es el problema, mamá?». Entonces lloré, lloré mucho, porque no podía creer que finalmente había conseguido un sitio para Tomás". Alicia Kosisnski, que el año pasado volvió a emocionarse al hablar así con La Capital, se convirtió en un símbolo de la lucha y su enseñanza quedó impuesta para que nadie más tenga que peregrinar por 20 escuelas tratando de encontrar un espacio para un nene discapacitado.

Pero en Santa Fe, el Ministerio de Educación es lento, muy lento, para entender qué necesidades tienen los chicos y sus padres. Más de 30 familias buscan hoy en vano la integración total de sus hijos especiales. Y no sólo eso. Esta semana la palabra solidaridad volvió a desdibujarse de la boca de varios funcionarios. Tras conocerse que un nene de 11 años era hostigado en forma permanente por sus compañeros debido a que es salteño e incluso se investiga si lo golpearon brutalmente en los testículos, las autoridades educativas únicamente se remitieron a preguntar si el episodio ocurrió dentro o fuera de la escuela y a averiguar si había alguna denuncia al respecto.

La equivocada actitud dejó en evidencia una preocupante falta de reacción. Nadie salió a acompañar el sentimiento de los padres: el mismo pedido a gritos de los papás que entienden que el mejor antídoto contra la discriminación es la solidaridad. Enseñar a convivir con las diferencias y la tolerancia es un camino que en la provincia todavía está en el punto de largada.

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