Central
Miércoles 21 de Septiembre de 2016

Central hizo pesar su jerarquía y logró el pasaporte a cuartos de final de la Copa Argentina

El equipo canalla le ganó a Deportivo Morón y pasó de fase. Un golazo de Montoya y una definición de Ruben marcaron la diferencia. Ahora espera al ganador de Boca-Lanús.

Que pase el que sigue. Que se venga Boca o Lanús. A esta altura da lo mismo. Central borró de un plumazo a Morón, que de Gallito mostró no tener nada en toda la noche salteña. Los canallas se insertaron por sexta vez consecutiva en cuartos de final de la Copa Argentina luego de haber cumplido y aprobado con los requisitos básicos. La elaboración del triunfo por 2 a 0 no fue en serie sino de manera artesanal. Hizo un trabajo de orfebre. A conciencia. Y el plus es que se festejó justo en un día en el que el plantel auriazul recibió antes del partido un golpe al corazón por el durísimo momento que está atravesando Pablo Alvarez. No obstante, a la hora de verse los pingos en la cancha, se plantó, se puso la pilcha de protagonista y terminó posando para la foto ganadora.

Abrazos. Sonrisas. Festejo mesurado. Sabiendo que aún no se logró nada. Que todavía quedan algunos escalones por ascender para poder llegar nuevamente a otra final. Los jugadores de Central celebraron la victoria y clasificación con calma y sabiendo que hicieron lo que debían. Pudieron haber goleado. Porque hubo un tanto mal anulado a Burgos y dos pelotazos en los palos. Fue superior. Sin dudas.

Pero para encontrar el rumbo del gol tuvo que tener la paciencia de monje tibetano. Se mantuvo en todo momento en su eje. En armonía cuando dominaba pero no lastimaba. Esperó y no desesperó. Hizo oídos sordos al reclamo de la masa que pedía a grito pelado y exasperado un gol cuando detrás del alambrado se veía que no llegaba más. La adrenalina iba en constante aumento. Sin embargo, Central no entró en el delirio. Escuchó su voz interna y sacó a flote un partido que lo tenía ganado desde la previa.

Porque hasta un ciego veía que la diferencia entre uno y uno era abismal. Sea por plantel, nombres y categoría donde cada cual interviene. No hubo dudas de que el destino quiso que ayer se vean las caras dos conjuntos que tienen objetivos y necesidades muy antagónicas. Los canallas, urgidos por un título. Los del Oeste bonaerense, un ascenso. Y en medio se interpuso la copa. La misma que fue esquiva en las dos últimas ediciones para los de Arroyito, quienes además de lamentarse terminaron ahogándose en un mar de impotencia y lágrimas.

Ahora es otra la historia. Los auriazules la están escribiendo sin tanta prolijidad pero con mucho esfuerzo y dedicación. Y eso vale. Mucho. No fue casualidad ver a Teo Gutiérrez apurándose para jugar rápido una pelota detenida. O ver a Ruben bajar hasta el mediocampo para darle una mano. Marco tuvo su premio con el gol más tarde. A Mauricio Martínez que jugó porque Damián Musto estaba con un golpe en la rodilla del encuentro aguerrido frente a Patronato y fue de menor a mayor.

Gio Lo Celso fue intermitente. Pero cuando el pibe frota esa zurda bendita deja a todos flasheados. Es de otra categoría. De otro nivel. Por algo ya fue vendido a Europa en una friolera montaña de euros que sólo los árabes o chinos pueden pagar. Anoche ratificó lo que vale.

Es cierto que el canalla no debió esperar tanto para abrazarse y celebrar los goles. Pero el fútbol es así. Tiene su dinámica impensada por más que juegue David ante Goliat. No obstante, la linda y fresca noche salteña le hizo un guiño a la ilusión auriazul, que se metió una vez más entre los ocho participantes más importantes de la copa.

La misma que quiere ganar antes de fin de año por varios motivos. Aunque el principal es sacarse la mufa y quebrar la sequía de conquistas. Pero claro, antes deberá medirse con el vencedor de Boca y Lanús, que jugarán el próximo miércoles en Mar del Plata, para instalarse en semifinales.

Para los jugadores e hinchas no importa cuál de los dos sea. Toque quien toque habrá que hacerlo dar la ñata contra el césped como sea porque sólo uno podrá seguir con vida. Lógico que enfrentar a los xeneizes tendría otro gustito. Sabor a revancha en realidad por la forma en que le arrebató el título a Central en Córdoba el año pasado.

Mientras tanto, los de Arroyito están ahora nadando en un río de agua dulce. Lograron avanzar en este torneo, el equipo tuvo algunas modificaciones pero respondió y promete seguir evolucionando y mejorando. Está en los cuartos otra vez. Es para disfrutarlo y seguir soñando.

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