Ovación
Miércoles 28 de Septiembre de 2016

Catch: La lucha no está en la lona

Existen dos grupos en Rosario. Mezcla de deporte y espectáculo, los combates que supo popularizar Martín Karadagian siguen con vida.

Existen dos grupos en Rosario. Mezcla de deporte y espectáculo, los combates que supo popularizar Martín Karadagian siguen con vida

Quien crea que las peleas entre musculosos encapuchados sobre el ring son cosa de infancias nostalgiosas, está equivocado. En Rosario hay dos grupos de luchadores de catch (unos 30 varones de entre 15 y 50 años) que entrenan en gimnasios de barrio y ofrecen shows con una mística que perdona toda falta de brillo, para chicos y grandes. Lo hacen más para entretenerse y como acción solidaria (para ayudar a juntar fondos para un viaje de estudios o para celebrar una fiesta del Día del Niño), que como salida laboral. "Hombres grandes", podría decirles alguien para llamar a la cordura a estos tipos comunes como cualquier hijo de vecino hasta que se calzan una máscara. Hay un peluquero, estudiantes, empleados de seguridad, un tendero en calle San Luis, y hasta un bibliotecario, pero cuando trepan al cuadrilátero se transforman en mitos, como esos que popularizó el titán de padre armenio Martín Karadagian en los 60 de la mano de la televisión en blanco y negro de la época, y que se revivió con "100 por 100 lucha" .

El catch no está en la lona en esta ciudad y así se lo aseguraron a Ovación tanto el Caballero Blanco, de Los Titanes de la Lucha; como Drako el Oriental, de Catch Rosarino. Nadie se animó a subir al ring a contradecirlos.

Debajo de la máscara del Caballero Blanco habla José Luis González, de 46 años, 135 kilos y 1.92 metro. Profesor de tango y cumbia, baterista, padre de una hija de 20 años y fanático del Caballero Rojo desde los 10 años. "Una de las peores tardes de mi vida fue cuando mis padres me dijeron que me quedaba sin regalo para el Día del Niño porque me había portado mal en la escuela. Luchaba y le daba patadas a todos y me castigaron dos días antes. El regalo era ir a ver a los Titanes en Sportivo América. En realidad, a último momento, mi viejo me levantó la pena y me llevó. Toqué a la Momia ese día, mirá te lo cuento y lloro", confesó González, antes de aclarar que su personaje es una fusión del Caballero y el "luchador sordomudo", la Momia, de Titanes en el Ring. "Al traje lo diseñé yo y lo hice coser", dijo ancho , como Peucelle, pero de orgullo.

Deportista de artes marciales, Gonzalez fue el artífice, hace varios años, de los titanes rosarinos. Entrenan de 19 a 21, los lunes y viernes, en el Club Unión Argentina de San Juan 4357. "Entrenamos las caídas, las tomas. Pero sobre todo a confiar en los compañeros, a ser buenos tipos, a no lastimarnos y trabajar para lucirnos todos. A ofrecer un espectáculo que es una parodia de la violencia, pero que apunta a los chicos. Y si podés, escribí esto: no cobramos arancel, esta actividad es gratis, se paga con honestidad y buenos gestos. Como verás no es una actividad barata", dijo en este tramo el Caballero Blanco antes de agregar que es "el último de la orden de los guardianes, rebelde y de corazón puro, de mal carácter y quejoso, pero dadivoso".

Si algo caracteriza a esta comunidad de tijeras, patadas y golpazos es una visión maniquea de buenos y malos, como en los western. "La lucha es como la vida, no siempre ganan los buenos arriba del ring" aseguró.

Junto a él pelean, entre otros, el Capucha Verde (el guardián de la ecología), Inti (el guardián del sol), Kuntur (el cóndor), el Jaguar (uno de los luchadores más menudos: de apenas 40 kilos, pero una figura mítica en el reino animal, casi un semidios). También luchan los malvados: el Caballero Negro, Mandrágoras (la raíz maléfica) y el Luchador Compadrito (quien cuando escucha música no puede evitar luchar). Y como un verdadero homenaje al árbitro William Boo, los titanes telúricos tiene entre sus huestes a German Boo, un juez de 160 kilos e impresentable por sus traiciones arriba del ring. ╠

A manera de glosario de esta disciplina que propone luchas de apenas entre 3 y 10 minutos, González explicó que una lucha australiana es de 4; que una comodín catch es de 5 (uno espera el turno para entrar en combate) y una común es de un rival contra otro.

Entre las tomas famosas están la tijera voladora: una de piernas, pero con variantes (al cuello, en giro para caer de parado, al brazo girando en reversa); el candado de costado (una toma de cuello) y la famosa Doble Nelson, una toma donde se colocan los brazos por debajo de la axila del rival para llegar al cuello. "Muy utilizada por la Momia", recordó el Caballero Blanco.

Drako el Oriental

El artífice de Catch Rosarino, el grupo más nuevo de estos combates entre las cuerdas en Rosario, es Pablo Acosta, Drako el Oriental para la comunidad de titanes. En el Facebook del grupo se lee la convocatoria a sumarse a la lucha (ver aparte).

□Acosta nació hace 43 años en Villa Gobernador Gálvez, pesa 100 kilos y mide 1.73 metro. Es padre de una nena de 7, trabaja en esta ciudad un promedio de doce horas diarias como empleado de seguridad (lo que según dice le impide entrenar más en lucha, su "verdadera pasión"). Fue doble de actores como el Puma Goyti y practicó artes marciales desde los 8 años y boxeo.

Dijo que su familia era muy humilde, así que a los personajes de Karadagian sólo los vio en los muñequitos de los chocolates Jack.╠

"Me contacté una vez con la Federación de Catch en Buenos Aires y no abandoné más esto. Para mí la lucha es el sueño del pibe, una danza, un buen show que obliga a aprender a caer en el ring, en las cuerdas y en cualquier piso", dijo Drako, un personaje de los buenos (también se los llama volantes o tocados para enfrentarlos a los rudos o nocturnos), según explicó el hombre bajo la máscara azul y negra.

Integrado por seis luchadores y a la búsqueda de más, quienes son parte del Catch Rosarino entrenan en el gimnasio La Fábrica de Garzón 744 (Mendoza al 6400), los sábados a las 18. En este grupo también pelean el Payaso Loco, el Condor de Plata, el Professor Aristizábal y el Pirata Lauren. Personajes para todas las infancias.

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