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Sábado 28 de Diciembre de 2013

Casi 8 años de espera para tener la secundaria propia

Es la Nº 574 de Cabín 9, las obras se iniciaron en 2006. Sus alumnos dan clases en la primaria, con horarios reducidos y vespertino.

Hace casi 8 años que la comunidad de Cabín 9 espera por su escuela secundaria. Una promesa que se instaló en el barrio en 2005 y hasta la fecha sólo ha recibido respuestas oficiales poco convincentes sobre la continuidad de la obra. Mientras tanto, los adolescentes deben compartir las aulas de la primaria Nº 1.209 para tener clases, convivir en el patio y uso de los baños con los más pequeños, asistir en horarios reducidos de aprendizaje y hasta en horario vespertino (de 17.30 a 22). Un panorama que poco responde al lema del Ministerio de Educación de Santa Fe: “Inclusión con educación de calidad”. El jueves se conoció que una empresa licitó la obra para terminar la escuela. Estiman que en marzo podrían comenzar a trabajar.

Se trata de la Secundaria Nº 574. El establecimiento es parte del “Programa nacional 700 escuelas”, se licitó en 2005, comenzó a construirse en 2006 y se paralizó en 2008, cuando la empresa contratada —F&G Construcciones SRL— dejó la edificación realizada en un 80 por ciento. Una responsabilidad —la no terminación de la escuela— de la que la provincia no es ajena, ya que se trata de una obra de su jurisdicción.

"La más grande”. El calor pega fuerte en las calles de tierra que abrazan a la Escuela Nº 1.209 Provincia de Chaco de Cabín 9, un populoso barrio de más de 15 mil habitantes de la ciudad de Pérez, y casi una extensión de Rosario. Por algo la reconocen a la 1.209 como “la escuela más grande de la provincia”: es que en el mismo edificio dictan clases la primaria (con 1.100 alumnos), la secundaria 574 (con 465 estudiantes), la nocturna primaria y el Cecla (con 65 alumnos adultos) y la Eempa Nº 1.325 (con 400 alumnos también jóvenes y adultos). Es decir que por día circulan por ese establecimiento más de 2 mil chicos, adolescentes y adultos.

Sentados en una de las galerías donde el reflejo del sol no es para nada piadoso, y sin embargo parece ser el lugar más fresco de la escuela, un buen número de maestras y maestros, acompañados por la directora Alba Díaz, comparten la incertidumbre sobre la finalización del edificio de la secundaria.

En la charla el énfasis lo ponen en describir las condiciones en la que todos los alumnos aprenden y los docentes enseñan. “Los chicos de 1º y 2º años del secundario vienen a clases por la mañana, tienen módulos de 30 minutos, es decir que a cada materia se le restan 10 minutos de lo que otros chicos aprenden. Sumemos esto en el año y son menos los contenidos dictados”, contaron a manera de ejemplo de cómo es afectada la calidad de la enseñanza.

“A las 12 se van, porque debo dejar lugar para los de la tarde y dar espacio para atender el comedor”, dijo apenada la directora Díaz. Un comedor por el que pasan 800 comensales al día, y prepara además raciones de comida para un jardín y otra primaria de la zona.

No es todo. Además de compartir salones, baños, patios con los nenes y nenas de la primaria, los chicos de 3º a 5º año del secundario asisten a sus clases en horario vespertino: de 17.30 a 22 horas. “Hay que recordar que es una zona muy insegura, afectada también por la problemática de la droga, y a los chicos se los expone a eso, cuando bien podrían tener clases por la mañana y por la tarde si contaran con su escuela”, repasaron los maestros mostrando otra cara de este abandono del Estado.

“Todo esto lleva a que los que pueden se van a un secundario de Rosario, y otros terminan abandonando”, advirtieron sobre un destino del que no hace falta mucha investigación para saber cómo se genera la luego mal llamada “deserción escolar”. “Es una pena, nos indigna ver la plata invertida para el Dakar, y que a nadie le importe terminar el edificio del secundario”, agregan. Quién puede animarse a discutir esta cachetada de realidad.

Reclamos. Hace un par de meses, padres y estudiantes, cansados de tantas postergaciones, reclamaron al Ministerio provincial que termine por lo menos once salones que alcanzarían para empezar las clases en la nueva secundaria, y donde también tendría que funcionar la Eempa Nº 1.325. En octubre pasado, una primera respuesta que ofreció la delegada regional de Educación, Marta Díaz, fue asegurarles que “en marzo que viene” esos salones estarían listos. Se lo dijo a los padres y también a este medio.

Sin embargo, en una reunión realizada el 11 de diciembre pasado en la sede de la Primaria 1.209, les anunció el llamado a licitación, y describió los plazos legales que seguirían y que en definitiva significan por lo menos otro año más sin la escuela propia.

El jueves pasado, y al cierre de esta edición, la directora de la secundaria 574, Amelia Paz, volvía desde Santa Fe donde se había realizado el acto público de apertura de sobres para la finalización de la escuela. “Se presentó una sola empresa”, contó Paz, quien se mostró esperanzada en que pronto se encaminen los trabajos que faltan para contar con la secundaria. Insistió en recordar “que hay tiempos legales que cumplir”, por lo que viene ahora: que desde Nación aprueben esta licitación (es de 16 millones de pesos), se realicen los controles legales pertinentes, para lo que tienen entre 30 y 90 días, y luego se inicien las obras. Señaló que “estimaron unos 7 meses, desde que se retome la tarea” para concluir el trabajo.

“Se avanzó en concretar la licitación y ahora habrá que esperar que finalicen los trabajos para tener la escuela”, expresó la directora, que además recordó que si no se pudo resolver antes era porque los tiempos legales no lo permitieron, esto último porque Nación no había dado de baja a la empresa anterior.

Sin embargo, los que no están muy convencidos de los nuevos plazos son los padres y estudiantes. “Cansados de esperar, ya dijeron que no comenzarán las clases en 2014 si no es en los salones del nuevo edificio”, recordó el maestro Ricardo Castillo sobre cuál había sido la respuesta de la comunidad cuando se conoció que esta semana se difundiría la nueva licitación.

Mientras tanto, a tres cuadras de la primaria se levanta el edificio sin terminar de la secundaria prometida. Actualmente (ver aparte) vive una familia con once integrantes, de los cuales cinco son chicos menores de edad. También Sergio, quien fuera sereno de la obra, otro trabajador abandonado por la constructora que dejó sin terminar la escuela. Que habiten quienes padecen la falta de vivienda donde deberían funcionar aulas para más de mil estudiantes, es apenas otra muestra más de las postergaciones y desidia que ha sufrido esta comunidad por parte del Estado.

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