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Martes 01 de Marzo de 2011

Casco

 “¿En Rosario no es obligatorio el uso del casco?”, me preguntó perpleja hace algunos días una persona que me visitaba en Rosario mientras recorríamos las calles de la ciudad.

“¿En Rosario no es obligatorio el uso del casco?”, me preguntó perpleja hace algunos días una persona que me visitaba en Rosario mientras recorríamos las calles de la ciudad.

Ibamos en auto por bulevar Seguí, los amortiguadores del auto sufriendo por los pozos y rajaduras en el pavimento, y cuando lanzó la pregunta mi interlocutora y yo nos propusimos un ejercicio: estacionamos a la altura de España y nos pusimos a observar qué ocurriría con los motociclistas que pasaran por allí durante los siguientes cinco minutos.

En ese corto lapso pasaron siete motos o ciclomotores en los que iban 13 personas. Sólo una de ellas llevaba puesto el casco. Otra lo llevaba colgado en un brazo y los demás no lo tenían.

En tres de las motos iba una sola persona, en dos iban dos y en las otras dos iban tres. En estos dos últimos casos el tercer pasajero era una criatura. Ninguno de los pequeños llevaban puesto el casco. Uno de ellos iba apretujado entre el conductor, un hombre bastante obeso que ocupaba más de la mitad de la butaca, y una mujer que tenía media cola afuera y hacía equilibrio para no quedar “sentada” en el aire. Esta no era una moto sino un desvencijado ciclomotor que zigzagueaba entre los autos y pasó el semáforo en rojo aprovechando que los vehículos que venían por España todavía no habían arrancado.

Al cabo de los cinco minutos de nuestro ejercicio retomamos la marcha. Dos cuadras más allá, es decir a la altura de Paraguay, nos encontramos con un tumulto de gente en torno a algo tirado sobre el asfalto. Había ocurrido un accidente: una moto fue embestida por un auto y el conductor estaba tendido sobre el pavimento mientras todos esperaban a que llegara la ambulancia. El hombre, de unos 25 años, no lucía grave pero se quejaba de fuertes dolores y parecía tener pánico a moverse. No usaba casco pero todo indicaba que había tenido suerte: al parecer había caído sobre uno de sus hombros y no se había golpeado la cabeza. O sea, una desgracia con suerte.

Seguimos. Al pasar por la esquina con Entre Ríos recordé y le narré a mi interlocutora los detalles que conocía de un gravísimo accidente que había ocurrido allí mismo una semana antes: una moto que venía a bastante velocidad en sentido este-oeste se había estrellado contra un contenedor. Quien la conducía murió en el acto y a su acompañante la llevaron al hospital en estado desesperante. Ninguno de los dos llevaba puesto el casco y el choque había sucedido apenas horas después, y a unos pocos metros, de otro accidente con una moto del que me había enterado por mi trabajo en La Capital. En ese caso el motociclista también había resultado gravemente herido y tampoco él llevaba casco.

Hablamos un largo rato sobre esta conducta, suicida y al mismo tiempo violatoria de las normas. ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué nos cuesta tanto cuidar nuestra vida y la de los otros? ¿Por qué despreciamos las normas? ¿Por qué? No encontramos respuestas. No creo que alguien las tenga.

“Donde yo vivo esto no ocurre. Todos usan casco y si alguien no lo hace, lo multan”, me dijo mi interlocutora en algún momento de la conversación, que a esa altura nos llenaba de angustia.

Ella no vive en Suiza. Tampoco en Uruguay o Chile, por citar casos cercanos en los que este muestreo triste y lapidario jamás hubiese dado los números que dio en Seguí y España. Vive en Comandante Andresito, un pueblo que casi se cae del mapa de Misiones y en el que, al contrario que en Rosario, la mayoría de los que van en moto usan casco. 

Este diálogo ocurrió hace diez días. Desde entonces vengo contando los accidentes con motos de los que me entero mientras voy por la calle. Ya llevo tres, incluyendo uno en la esquina de mi casa. Ayer pasé por un sitio donde acababa de ocurrir otro. Vi a un muchacho y una chica tirados sobre la calle y vi gente corriendo hacia ellos. Desde el auto no pude ver cuál era su estado pero sí que ninguno de los dos tenía casco.

No sé cuándo ocurrirá el próximo, pero tengo la certeza de que no será dentro de mucho tiempo.

 

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