Cartas de lectores
Jueves 15 de Junio de 2017

Vigente recuerdo de hace años

Allá por la década del 60, cuando todavía en la Argentina existían inmigrantes de distintas procedencias, había entre ellos de aquellos a los que no se les reconocían los títulos, aún cuando estos perteneciesen a ciencias que abarcan a temas universales, como por ejemplo para este caso, profesor doctor en filosofía. Este era un señor sencillo, sufrido, como se solía decir en esos tiempos, y formaba parte de un grupo que se reunía en un determinado lugar y hora para charlar, desahogar sus penas, llorar sus recuerdos. Como ocurría en esa época, había por parte de quienes les correspondía reconocer su título cierto reparo y recelo: este señor con mayúscula, era polaco y judío. Pero cargaba su mochila en silencio y llevaba una vida serena, y de mucha lectura porque las mencionaba cuando discutían sobre algún hecho de carácter internacional o político. Vivía en un departamento de pasillo, de día era lo que se conoce hoy como cartonero; de noche, ayudaba a un paisano a vender billetes de lotería y como sabía de música, ayudaba a Juan Untersander, el entonces director del coro Mixto de Rosario, a transcribir las partituras a distintas voces. A los chicos nos gustaba escuchar los relatos, "de los viejos", medidos con nuestras edades y nos sentábamos cerca a jugar a la payana, las damas, ajedrez, o a las cartas. Para no ser menos, leíamos los diarios que nos prestaba el diariero y con mucho interés seguimos la separación de Europa en Oriental y Occidental y la hablamos con él. No puedo olvidar nuestro susto cuando nos corrigió que la peor de las divisiones fue hecha a principios del siglo XX y después de la Primera Guerra Mundial: los países del hemisferio sur debían ser proveedores de agua y alimentos del hemisferio norte y que la Argentina todavía estaba a tiempo de evitar serlo. Sin embargo, así como propios se cambiaron de vereda -por las dudas- y sin querer apoyaron a ajenos y dejaron solo al que quiso aprovechar el paso del tren por el andén principal, los que lo siguieron y siguen, continúan -con todo desparpajo- olvidando cuál es su responsabilidad, que muy bien supo explicar Luis Landriscina.

Helga Lucía Ehret

Comentarios