Cartas de lectores
Miércoles 26 de Abril de 2017

Pienso, luego voto

Aunque la democracia no es un sistema perfecto nos proporciona —para uso personal— una herramienta poderosa: el voto. Es sabido que el sistema no se preocupa por enseñarnos el uso adecuado de dicha herramienta, por lo cual, si eso depende de cada uno, debemos tener en cuenta cómo reaccionamos frente a los mensajes tendenciosos. Sucede que en el mundo actual el juego de intereses, medios dominantes y técnicas de persuasión, son de tal envergadura que votar sin sus influencias no resulta sencillo. Las motivaciones para elegir se pueden deber al efecto marketing o a las convicciones independientes y fundamentadas. En el primer caso si después de las promesas publicitarias aparece la cruda realidad, a los votantes sólo les queda arrepentirse con autocrítica. En el segundo caso la racionalidad nos dejará más tranquilos y sin culpas, será por haber pensado antes de votar. Sabemos por experiencia que el voto irracional en algunos casos, en lugar de fortalecer a la sociedad ha posibilitado el surgimiento de dictaduras o gobiernos que promueven beneficios sectoriales. En un reciente artículo publicado en La Capital, Lucas Raspall habló de los tres cerebros en uno que tenemos y conviene coordinar para un equilibrio de conducta. Comentaba que el cerebro más básico y primitivo es el reptiliano; yo pienso que votar en base a sus mandatos es cambiar choripanes por boletas. Otro cerebro es el emocional, con el cual votamos por las caras lindas, las palmaditas en el hombro y las sonrisas dibujadas. De esta manera los feos y serios nunca triunfan. Finalmente una mente racional debería tener en cuenta el equilibrio entre nuestras necesidades primarias, las emociones, los valores universales y la premisa que para el beneficio común es imprescindible la justicia en su amplio sentido. Si pretendemos que la racionalidad sea mayoría es importante informarnos con objetividad y juicio crítico, estar alertas ante los mensajes interesados y reconocer que nuestra personalidad a veces nos aconseja sin reflexión. Ionesco, en su obra "Rinoceronte", plantea que para no convertirnos en mamíferos cuadrúpedos se necesita resistencia ciudadana a los dictados del autoritarismo, al pensamiento único, a los intentos de masificarnos y a la globalización sin horizontes nacionales. El buen uso del voto puede brindarnos la fortaleza para dicha resistencia. Aunque algunos ejemplos en el mundo nos digan lo contrario, no debería ser una utopía pensar que elegir con inteligencia es posible.

Omar Pérez Cantón

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