Cartas de lectores
Viernes 31 de Marzo de 2017

Los "campeones morales"

Veo a las otras selecciones de fútbol y advierto que casi todas juegan mejor que la nuestra.

Veo a las otras selecciones de fútbol y advierto que casi todas juegan mejor que la nuestra. Entonces más que la derrota ante Bolivia creo que lo que me duele es el cachetazo a mi ego. Porque mi infancia supo de victorias abultadas ante casi todos los sudamericanos, salvo Brasil y Uruguay, y los relatores de radio le contaron a mi niñez que éramos los "campeones morales" (así decían), y los malos arbitrajes nos privaban de ser protagonistas en los mundiales. Porque el mundo estaba contra nosotros. Y para ratificar la creencia de que éramos los mejores, Europa empezó a importar futbolistas argentinos. "Los europeos son atletas, tienen una extraordinaria preparación física, pero les falta nuestro talento", repetíamos como si fuera una verdad revelada. Y supe entonces que Alfredo Distéfano "les enseñó a jugar a los españoles, y Enrique Omar Sívori hizo lo mismo con los italianos. Pero aún así seguíamos sin pelear en los tramos finales de los mundiales, salvo, claro está, aquella final ante Uruguay en el primero de todos, disputado en Montevideo en 1930. Hasta que llegó César Luis Menotti y le dio a la selección argentina una organización que jamás había tenido. Y elevó su rango, y la selección pasó a ser prioridad y desvelo para todos los futbolistas del país. Y llegó el primer título mundial, con Fillol, Passarella, Kempes y compañía. Entonces, definitivamente confirmamos lo que intuíamos: "Eramos los mejores del mundo". Y ese orgullo fue apuntalado por la aparición de Maradona, y de su mano el Mundial de México ya con Bilardo como entrenador. Y aquí estuvo quizás la confusión que recién ahora descubro: no éramos los mejores del mundo, el mejor del mundo era Diego, los demás, grandes futbolistas. Y luego aparece Messi, y por segunda vez el mejor del mundo era argentino. Entonces, nos subimos al caballo de la soberbia -que ya está acostumbrado a tenernos como jinetes-, y goleábamos a cualquiera antes de jugar los partidos, pero la realidad empezó a golpearnos. Para colmo Messi, sublime jugador, y el mejor del mundo sin dudas, no tiene ni el carisma ni la personalidad de Diego, y terminamos por denostarlo. Y el maravilloso fútbol casero perdió esa calidad de otrora, y ahora los europeos juegan como artistas, y nosotros tenemos espectáculos aburridísimos los domingos. Ahora los atletas somos nosotros, pero perdimos el gusto por el talento, porque sólo importa ganar cueste lo que cueste, y a como dé lugar. Y enfermamos al fútbol. Y los periodistas tenemos una enorme responsabilidad en eso, porque alimentamos la cultura del exitismo. Y los que pierden son fracasados. Y eso es vergonzante. Ya no le ganamos a nadie con la camiseta. Pero no desensillamos el caballo de la soberbia. Y quizás sea ese el paso necesario para empezar de nuevo. Tenemos que reconocer que no somos los mejores, y que no nos sobra nada ante ningún rival. Tal vez nuestra mayor enfermedad sea la soberbia. Y quizás por ello les exigimos a los futbolistas más de lo que son capaces de dar.

Carlos Barulich

DNI 8.375.619

Las mentiras de la izquierda

La izquierda inventa mentiras, y los argentinos nos encargamos de vivir montados a mentiras y edificar el futuro del país en base a mentiras. ¿Alguien puede creer que un terrorista que mató a 24 personas e hirió a 66 más, varios meses después le envía una carta a los militares de la dictadura? Alguien que se dedicaba a la inteligencia de una unidad de guerra, que es perseguido por un ejército entero, ¿va a correr el riesgo de ser descubierto enviando cartas a sus enemigos? Rodolfo Walsh, que no debe haber sido ningún tonto, ¿en algún momento creyó que con su carta lograría conmover y hacer cambiar su actitud a los militares? ¿Qué podría llevar a alguien que pretendía cambiar las cosas colocando bombas y asesinando, cambiar de método y ponerse a enviar cartas? Walsh, además de un militante, era un terrorista, y no era perseguido por militante, "joven idealista y lleno de sueños", era perseguido por asesino, por los crímenes que venía cometiendo. ¿Cómo pudo Walsh citar datos en su carta que ni los propios militares sabían? La única forma posible para eso es que "su" carta fue redactada tiempo después por otros. Eso sí, en uno de sus primeros párrafos los terroristas acusan a los militares de haber interrumpido la marcha de un gobierno democrático, cuando fueron ellos quienes se cansaron de ejecutar crímenes, robos, secuestros y colocación de bombas durante un gobierno elegido por el pueblo. Referido al acto de cada 24 de marzo, en absoluto con el ánimo de pretender un gobierno dictatorial del signo que sea ni deseando de ninguna manera torturas ni asesinatos, no puede pretenderse ocultar que la izquierda desde siempre cuestiona la toma del poder de los militares (derrocamiento de Isabelita) como si el pueblo argentino, y sus Fuerzas Armadas, hubieran tenido la obligación de permanecer impasibles ante la agresión marxista que apuntaba directamente a tomar a sangre y fuego el gobierno e imponer una dictadura comunista, cuando no había candidatos a las futuras elecciones ya que nadie quería hacerse cargo de tomar en sus manos la brasa al rojo vivo que era en ese entonces nuestro país.

DNI 11.270.762


N. de la R: El 2 de julio de 1976, a las 13.20, se realizó uno de los más audaces atentados realizados en América latina. La bomba en el comedor de la Policía Federal colocada por terroristas provocó 24 muertos y 66 heridos.

La dignidad de Rodolfo Walsh

Desde el Club de Ajedrez Alfil Rojo organizamos el sábado 25 de marzo un torneo homenaje a Rodolfo Walsh al cumplirse 40 años de su desaparición forzada y de la "Carta abierta a la junta militar", reivindicando su compromiso con los oficios de periodista y escritor y su valiente denuncia de cómo la junta militar asolaba al pueblo argentino, prohibía partidos políticos, intervenía sindicatos, amordazaba a la prensa e implantaba el terror más profundo que conoció la sociedad argentina. Reconocemos también en él su pasión por el ajedrez y la fidelidad a sus convicciones. Era socio del Club de Ajedrez de La Plata y entendía, al igual que nosotros, al ajedrez como una herramienta para motivar el pensamiento crítico en cada momento de nuestras vidas, a no dar por cierto lo que nos dicen, a desarrollar iniciativa y a estar dispuestos a ser coherentes a través del tiempo en lo que pensamos y hacemos. Un hombre de extrema lucidez, que como dice en su carta a la junta, supo siempre dar testimonio en tiempo difíciles, aun con la certeza de que honrar ese compromiso le costaría la vida. El ajedrez no es sólo un juego ni un deporte, también es cultura e historia. Es necesario hacer referencia a todo esto cuando nos encontramos con relatos que retoman la teoría de los dos demonios, intentando justificar la violencia ejercida por parte del Estado. Dejando en claro que repudiamos todas las expresiones del terrorismo, queremos recordar que la dictadura que desapareció a Rodolfo Walsh se encargó de dar por tierra con todas las garantías constitucionales, despojando a los ciudadanos de su derecho a ser procesados legalmente y persiguió, secuestró, torturó, desapareció y asesinó a miles de argentinos, sin juicio alguno. Rodolfo Walsh es uno más de los miles que fueron arrojados al río desde aviones, arrastrados a campos clandestinos de concentración, torturados hasta la muerte, vejados, enterrados en fosas comunes como NN. Los genocidas también se apropiaron de sus hijos, muchos de los cuales aún no han podido recuperar su derecho a la identidad. A pesar de todos esos crímenes, la democracia les garantiza derecho a juicio, oportunidad que Rodolfo Walsh no tuvo. Por todo esto homenajeamos a Walsh y repudiamos el genocidio perpetrado por un gobierno militar votado por nadie, que interrumpió y fracturó la valiosa trama social, política y cultural que resistió los intentos de hacer retroceder al pueblo en sus conquistas sociales y políticas.

Rodrigo Azziani

Presidente Club de Ajedrez Alfil Rojo


N. de la R: El domingo pasado un lector cuestionaba el nombre del torneo de ajedrez argumentando que Walsh, además de periodista, escritor y militante, fue miembro de la cúpula de la agrupación Montoneros, instigadora de numerosos atentados durante la década del setenta.

Tortugas mutiladas en el parque Independencia

Les escribo frente a la preocupación de mis compañeras animalistas y proteccionistas de animales que tuvieron que vivenciar en el parque de la Independencia el maltrato animal. Se trata de las tortugas del laguito que han aparecido con los caparazones rotos y las vísceras afuera. Acudiendo a semejante vivencia, las tomaron y llevaron al veterinario, pero con poca suerte. Murieron. Queremos saber quiénes se ocupan de la seguridad de estos animales y de protegerlos ya que si no piensan en que estos seres son expuestos a maltratos y capaces de sufrir, que tengan en cuenta la mirada de los que vienen de afuera a pasar un día de parque. La mirada de horror al ver semejante salvajismo. A nosotras nos preocupa el sufrimiento de estos animales ya que sabemos la falta de cultura de esta sociedad, la falta de cuidados y de respeto de muchos que se dirigen al parque y hacen todos estos actos de crueldad y destrucción.

Mariela Sevagnago

Me decidí por el "asco"

No me decidía de qué manera calificar todo lo que sentí al escuchar en el último acto "por la memoria, verdad y justicia" del pasado 24 de marzo en la Plaza de Mayo a una joven, que a simple vista no parecía haber nacido antes de 1983, homenajear, justificar y glorificar a los grupos armados que asolaron con extrema violencia nuestra querida Argentina en la década del setenta. Fueron muchos los adjetivos que se me ocurrieron en ese momento: estupor, espanto, indignación, angustia, pavor. Sin embargo me decidí por expresar en esta carta lo que realmente sentí en ese momento y parafrasear al cantautor rosarino Fito Páez para asegurar que la sensación fue de "asco". No sólo por el discurso al que me refiero, sino por todos los que se autodenominan "defensores de los derechos humanos", especialmente la señora Estela Barnes de Carlotto -que apenas un día antes se había declarado respetuosa y defensora a ultranza de la democracia-, que aplaudía fervorosamente a esta siniestra señorita, que ostentando una evidente intoxicación ideológica reinvidicaba a las bandas terroristas del ERP, FAL, FAR y Montoneros, quienes bañaron de sangre a nuestra patria por aquellos tiempos.

Alejo Uribe


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