Cartas de lectores
Viernes 28 de Abril de 2017

La religión en las escuelas

La religión es un hecho social innegable que no puede ser ignorado o soslayado en las escuelas. Debe ser identificado, estudiado y evaluado con honestidad y ecuanimidad. Por eso, en los planes de estudio de la escuela primaria, la secundaria y la universidad deben contemplarse espacios para reflexionar sobre este fenómeno y señalar los efectos que produce, con absoluto rigor y honestidad. Otra cosa es adoctrinar a los niños y a los jóvenes en cualquier tipo de creencias religiosas y obligarlo a aceptar dogmas que la razón y el sentido común rechazan. Si así hiciéramos sofocaríamos sus conciencias y los debilitaríamos como seres pensantes. No corresponde adoctrinar en algún sistema religioso, dogmático, sino contribuir a la reflexión antropológica, sociológica e histórica del fenómeno, para esclarecer y no para "convertir" a los alumnos. La actual ley de Educación Nacional establece como política de Estado la necesidad de profundizar el ejercicio de la ciudadanía democrática, respetar los derechos humanos y libertades fundamentales, desarrollar la capacidad de cada uno para definir su proyecto de vida, basado en los valores de libertad, paz, solidaridad, igualdad, respeto a la diversidad, justicia, responsabilidad y bien común y, fundamentalmente, favorecer la construcción de una ciudadanía responsable y la libre circulación del conocimiento. Las creencias religiosas no son objeto de demostración ni de verificación sino de aceptación por un acto de fe, que nada tiene que ver con la razón ni con la experiencia, fuentes del conocimiento científico, que está sujeto a demostración o a refutación. El dogma se acepta, y se está en la verdad, o no se acepta y se está en el error. No se puede obligar a nadie a que acepte como verdades, sin más ni más, algo que su conciencia rechaza o que contradice la razón y la experiencia. Respetar la autonomía para poder decir si creer o no creer y en qué creer, es una de las bases de la libertad y del Estado democrático, consagrado en nuestra Constitución nacional y garantizado por los fines y objetivos de la política educativa nacional. Frente al argumento que debe impartirse enseñanza religiosa en las escuelas públicas porque es la única forma de inculcar valores morales y éticos, debo decir que ellos no son monopolio de las religiones y están ausentes en los ámbitos laicos.

Fernando Avendaño

DNI 8.617902

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