Cartas de lectores
Jueves 29 de Diciembre de 2016

El único jefe de todos los jefes

Claves. El presidente privilegió su liderazgo y el de su entorno a la hora de despedir a Prat Gay, quien le consiguió, con el blanqueo, una de las pocas buenas noticias. El peso del "efecto Bianchi".

"Soy el jefe de jefes, señores, me respetan a todos los niveles. Y mi nombre y mi fotografía nunca van a mirar en papeles". La letra de "Jefes de jefes", de Los Tigres del Norte, oficia claramente de guía práctica para entender por qué Alfonso Prat Gay no es más ministro de Hacienda y Finanzas de Mauricio Macri.

   Nadie debería dudar que, al menos en materia de comportamientos políticos desde el poder, Argentina cambió. El presidente de la Nación (el jefe de todos los jefes del gobierno) decidió echar a uno de los pocos funcionarios (el otro es Rogelio Frigerio) que le trajo buenas noticias. Decidió mostrarle la puerta de salida horas antes de que Prat Gay anuncie los resultados exitosos del blanqueo.

   No erran en lo más mínimo quienes por lo bajo hacen revisionismo de la actuación de Mauricio Macri en posiciones de poder. Se puede hablar sin temor de errar del efecto Bianchi.

   Un mediodía de hace dos años en el edificio contiguo a la Usina del Arte, un magnífico centro cultural a dos cuadras de la Bombonera, el entonces jefe de Gobierno almorzó con un muy pequeño grupo de periodistas rosarinos y, en una de sus habituales parrafadas sobre su gestión en Boca Juniors, no trepidó en comentar intimidades de su relación tormentosa con Carlos Bianchi. "Nunca conocí a nadie con un ego tan grande", soltó. De inmediato, comenzó a hablar de las bondades de los trabajos en equipo.

El Gran DT

Fue el más pulimentado antecedente que describe el aquí y ahora del jefe del Estado. El gran DT es él. No hay espacios para pretenciosos ni para funcionarios que pretendan el éxito personal por sobre "el mejor equipo de todos los tiempos". Entre otras cosas, Macri vio el fantasma del virrey de Liniers en sus sueños. El final de la historia ya la conocen todos.

   El presidente actúa, decide, define y envía gestos como lo que ha sido: un director de empresa. Definió el despido de Prat Gay desde su lugar de vacaciones, y recibió al renunciado casi en pantuflas. Sin sonrojarse. Macri es así. Cambiamos.

   Otro detalle que sirve para entender la decisión de Macri tiene que ver con el principio de rebelión en la granja que pareció brotar hace unas semanas con la andanada de críticas del presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, hacia la flor y nata del macrismo comunicacional y político.

   La saga mediática que protagonizó el dirigente bonaerense haciendo eje en la ausencia de política del gobierno y pidiendo por el conchabo de peronistas en el Poder Ejecutivo alertó a los eternos operadores de la institucionalidad argentina que husmean fuera de tiempo y de lugar en la línea sucesoria del poder.

   Hizo bien Macri en blindar a su entorno, cuando dijo que "Marcos (Peña), Mario (Quintana) y Gustavo (Lopetegui) son mis ojos y mi inteligencia. Ellos son yo". La cadena continuó con la salida de Prat Gay y el ingreso del consultor Nicolás Dujovne.

   En verdad, la salida sorpresiva en materia de tiempos de Prat Gay le permite al presidente desdoblar Hacienda y Finanzas y darle un lugar de poder real y formal a Luis Toto Caputo, otro que tiene que ver y muchísimo con los ojos y la inteligencia presidencial. El Ministerio de Finanzas será el brazo ejecutor de la economía macrista en un año electoral.

   Para el columnista televisivo de TN quedará el despliegue de powerpoints y el armado de un esqueleto de ajuste que, vaya uno a saber, cómo se lleva a la práctica en un tiempo inmediato en que se deberían priorizar votos para ganar elecciones.

   La salida del filoprogresista estacional Prat Gay no es una buena noticia para el gobernador Miguel Lifschitz, quien tenía contacto directo y buen feeling con el saliente titular de Hacienda. Al margen: flojísima la actitud de Elisa Carrió, quien esta vez ni atinó a plantarse por la salida de su ex alter ego. Las lealtades en política cotizan menos que un patacón.

   No se recuerda en el pasado reciente a algún oficialismo nacional que haya ganado elecciones de mitad de mandato blandiendo el ajuste fiscal como bandera revolucionaria. Esa es la contradicción, por ahora teórica, que refleja la salida del heterodoxo Prat Gay y el ingreso del ortodoxo Dujovne.

   El martes, cuando caía la tarde, un diputado macrista relativizaba el peso de las etiquetas: "Creer que sacamos a un keynesiano para poner otra cosa es errar en el análisis. El 2017 va a mostrar otra realidad de los índices económicos, de los salarios y de la inflación".

   En el oficialismo ya empiezan a mirar de cerca los tiempos electorales, y están a punto de concentrar esa energía en el distrito en que no pueden perder: provincia de Buenos Aires.

   Frente al mar de opiniones interesadas que auguraban y diagnosticaban un fin de año pletórico en reclamos y confrontaciones, la salida de emergencia que usó la Casa Rosada con la CGT y algunos movimientos sociales dio sus resultados afuera de la ciudad de Buenos Aires.

   En Rosario, por ejemplo, este fin de 2016 llega con muchísimas menos movilizaciones y cortes de calles que en años anteriores. Los 30 mil millones de pesos a la CGT y los otros 30 mil millones a organizaciones sociales lo hicieron.

   La salida de Prat Gay no será la última en los tiempos inmediatos. En la mesa ultrachica de Balcarce 50 tomaron nota de las dificultades que existen por debajo del ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Una calificada fuente del gobierno santafesino dio detalles a La Capital: "La obra pública nacional no arranca por el despelote que tienen a la hora de ejecutar. Frigerio ordena, pero abajo no todos responden a él. Si no hacen cambios, se va a complicar".

   Las malas noticias que la economía le dio al gobierno en 2016 se columpian con una situación política que no deja de ser auspiciosa: la oposición sigue lo suficientemente dividida como para no traerle en lo inmediato un dolor de cabeza severo. No será fácil para el peronismo acicatear u oponerse sin traumas a una eventual candidatura de una procesada por asociación ilícita, como es la nueva realidad de Cristina Kirchner. Por una situación similar, Carlos Menem recibió la prisión preventiva a la salida de su segundo mandato.

   Al fin, entre egos despiadados, números en rojo, expectativas módicas y procesamientos la Argentina ingresará al 2017 con muchas dudas y poco para festejar. En el gobierno dicen: "Lo que viene es mejor, lo peor ya pasó". Ojalá.

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