Cartas de lectores
Viernes 28 de Abril de 2017

El laicismo en la educación

Hace varias décadas José Ingenieros escribió un libro de lectura indispensable e imperecedero titulado "Hacia una moral sin dogmas". En el mismo se reivindica la importancia del libre examen de todas cuestiones que se le plantean cotidianamente a la especie humana. En el mismo sentido el escritor ácrata y libertario, Rafael Barrett, afirmó la necesidad de las mujeres y los hombres de las más diversas edades de hacer uso de la razón para el análisis de lo económico, lo social, lo político y de las más variadas esferas de la vida en sociedad, la interacción humana, con la naturaleza de la que somos parte y de nuestra posición en el cosmos como una mera partícula de sistemas complejos y dinámicos. El movimiento social y cultural de la Reforma Universitaria de 1918, iniciada en la universidad de Córdoba, proclamó en su Manifiesto Liminar que el camino hacia una genuina emancipación debe orientarse sin oscurantismos, ni censuras de ninguna clase. Ahora, la máxima autoridad educativa del país quiere restaurar la enseñanza religiosa en las escuelas públicas. No acordamos con esa perspectiva. Las creencias religiosas tienen sus espacios en los templos destinados para tal fin, a los que concurren quienes las poseen, y en todo caso en los establecimientos de la educación pública deben circular todas las ideas para ilustrar sobre la historia y las vicisitudes de la humanidad a lo largo del tiempo, para ser sometidas a análisis y debate, respetando las convicciones de cada persona sin discriminación alguna. Ya en el Congreso Pedagógico de 1880 que dio a luz a la enseñanza común, gratuita y sostenida por el conjunto de la población se estableció el laicismo como principio rector. En la región argentina hubo regímenes autoritarios que impusieron dogmas de diverso calibre, plagados de prejuicios. Para quienes deseen aprender sobre las religiones existen las escuelas confesionales y las bibliotecas en las que es posible informarse sobre estas temáticas. Resulta más que llamativo que en un momento histórico en el que desfinancia a la educación pública de diferentes modos se pretenda además imponer formas de pensar y actuar que hacen a la vida privada. En el ámbito de lo público deben tener cabida todas las expresiones del pensamiento, sin exclusiones. Siempre que permitan el respeto a la dignidad humana y la libertad de pensamiento.

Carlos A. Solero

Comentarios