Cartas de lectores
Domingo 06 de Agosto de 2017

Edificios emblemáticos

Uno de los edificios más emblemáticos de Rosario es, sin duda, el Palacio Fuentes.

Uno de los edificios más emblemáticos de Rosario es, sin duda, el Palacio Fuentes. Su propietario, que lo hizo construir, fue el empresario José Fuentes, nacido en Galicia, que llegó a formar un gran emporio agrícola ganadero en zonas aledañas a Rosario, donde un pueblo lleva su nombre. El arquitecto fue Juan Bautista Durand, quien junto con la empresa Ferrarese Hnos. y Cía. lo construyeron entre los años 1922 y 1927, siendo el primer edificio con estructura de hormigón armado de Rosario. El estilo es de orden clásico en el ordenamiento de sus fachadas y una profusa ornamentación destacable a la vista. El basamento abarca la parte comercial del edificio tratada con granito almohadillado alemán con detalles de cobre. El desarrollo corresponde a los pisos de departamentos, donde se destacan las grandes farolas venecianas colgantes. Remata con una loggia corrida, enmarcada entre dos cornisas y teja española. En este nivel se ubican 12 esculturas ejecutadas por la empresa rosarina Righetti, que representan a diversos personajes mitológicos. En la azotea se desarrolla una pérgola como espacio para expansión de los ocupantes. El reloj, la veleta y el faro: de igual procedencia que el de la Torre de los Ingleses de Buenos Aires, el reloj es de cuatro cuadrantes y sus campanas reproducen las del carillón del Big Ben de Londres. El faro y la veleta con al arado fueron un pedido expreso del propietario al arquitecto. El primero iluminaría la ciudad y debía poder observarse desde sus propiedades rurales, simbolizadas con el arado. La puerta principal en fundición alemana de bronce, fue diseñada por Manuel Ocampo, e inspirada en la Puerta del Paraíso del Baptisterio de San Giovanni, en Florencia. Entre los bustos que contiene se identifican los de Juan Fuentes y Juan B. Durand. En el subsuelo, con entrada por Sarmiento 722, hasta el año 1959 funcionó la confitería "Cifré" que contaba con servicios para 180 personas. Este hermoso edificio es un verdadero museo al aire libre, que constituye el patrimonio arquitectónico de la ciudad.

Deberían investigar qué pasa

En respuesta a la carta publicada el lunes 31 de julio por Paola y Romina Reimondi, sobre el fallecimiento de su madre en el hospital Italiano, tienen que saber que su caso no es el único. Mi abuelo también ingresó por neumonía el 10 de abril pasado y murió el 13 de mayo por culpa de la desastrosa internación. Lo tuvieron más de un mes sin que lo vea un neumonólogo, y en cambio estuvo mal atendido por clínicos que le quitaron sus medicamentos cardiológicos de cabecera, y en consecuencia le provocaron sucesivas descompensaciones cardíacas y retención de líquidos tras lo que terminó en terapia intensiva varias veces. Los únicos cardiólogos que lo vieron son residentes, y tras volver a "compensarlo" volvía al piso donde nuevamente los clínicos (nunca cardiólogos y neumonólogos) volvían a estar a cargo para volver a descompensarlo. Lo tuvieron la primera quincena con antibióticos que no servían, y tras el fracaso y nuevas descompensaciones y reingreso a UTI, la neumonía quedó a cargo de una supuesta infectóloga de la que nunca supimos ni el nombre ni la droga del nuevo antibiótico que le suministró, el cual se lo quitó antes de tiempo porque, según sus palabras, consideraba que ya se había curado. Tuve que reclamarle al supervisor que enviara a un neumonólogo porque en todo el mes de internación nunca lo vio uno. La neumonóloga lo vio recién el 12 de mayo, un día antes de que mi abuelo muriera, y le hizo sólo una revisión de consultorio en base a lo que yo mismo le comentaba. Me dio recetas porque según ella a la semana siguiente le darían el alta, pero al día siguiente mi abuelo murió porque sus pulmones estaban tapados de secreción por la neumonía que nunca se curó. Los médicos clínicos empeoraron su corazón por haberle quitado su medicación cardíaca de cabecera. Por mi caso, el de Reimondi, el de tantos más que vi morir ahí dentro, evidentemente el Hospital Italiano está fallando severamente en su atención a los pacientes internados.

Las consecuencias que pagamos todos

Cristina Fernández de Kirchner podría resultar vencedora en las Paso y en octubre acceder como senadora por la Provincia de Buenos Aires. Amparada en fueros legislativos, escaparía a toda acción judicial en su contra. ¿Qué pensamos los argentinos frente a esta disyuntiva, mas grave aún que facilitar la permanencia de Julio De Vido en la Cámara de Diputados? Observo con dolor un clima previo poco propicio a una elección: una patética combinación de actitudes provocativas, revanchistas, efectivistas, progresión de paros laborales, muchas ollas populares callejeras, cortes incesantes de rutas, reclamos que nunca se hicieron previamente. Recordemos que la señora Fernández comandó asociaciones ilícitas, presidió la más vergonzosa corrupción dentro de un gobierno en funciones, lavó incalculables fortunas mal habidas, apretó en un puño a la Justicia que no quiso someterse, abandonó un país en estado agonizante. El comentario en boga es unánime en el núcleo duro del Conurbano Bonaerense, "con Cristina comíamos todos los días", "con Cristina llenábamos los changuitos". Con todo mi corazón por la gente que realmente la está pasando mal, les digo que ese comentario es una verdad a medias. Resultaría totalmente inútil y extemporáneo explicar a esa gente que el hambre, la pobreza y desocupación aparecieron en Argentina mucho tiempo antes de Macri y no después de él. Que el país estaba despojado, deshonrado y sin un peso de reserva desde la segunda gestión de Cristina. Que ese presente era muy efímero y no daba para más. Por eso la mayoría de los argentinos prefirió un cambio antes del hundimiento final. Por eso hubo que encorsetar al país en un ajuste muy severo que nos perjudicó a todos.

Los políticos psicópatas

Encontré una entrevista con el médico psiquiatra Hugo Marietán, que confirmaron mis comentarios sobre el "poder". Siempre opiné que algunos seres aman el poder por el poder mismo. Hay una sensualidad del poder. Se transforma en una necesidad imperiosa, de ejercerlo. Según Marietán, "los políticos de fuste generalmente son psicópatas, por una sencilla razón: el psicópata ama el poder. Usa a las personas para obtener más y más poder, las transforma en cosas para su propio beneficio. Esto no quiere decir que todos los políticos sean psicópatas, pero sí que el poder es un ámbito donde ellos se mueven como pez en el agua". En la entrevista de un diario, el periodista le pregunta al psiquiatra: ¿Cómo distinguir a un político psicópata del que no lo es? Responde: "una característica básica del psicópata es que es un mentiroso, no un mentiroso cualquiera. Es un artista. Miente con la palabra, pero también con el cuerpo. Actúa, puede, incluso, fingir sensibilidad. Uno le cree una y otra vez porque es muy convincente. Un dirigente común sabe que tiene que cumplir su función durante un tiempo determinado, la cumple y se va. Al psicópata, una vez que está arriba, no lo saca nadie, quiere estar siempre. No larga el poder y mucho menos lo delega. Alrededor del dirigente psicópata se mueven obsecuentes, gente bajo su efecto persuasivo, es capaz de hacer cosas que de otro modo no haría".

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