Cartas de lectores
Miércoles 31 de Mayo de 2017

Como castillos de arena

Podría constituirse en la prueba irrefutable que de la democracia lo único que realmente les importa es su semántica. El simbolismo, marcado a fuego, el totemismo que lo democrático, es la última playa en donde desembarca la razonabilidad humana. Una suerte de epifenómeno, que demostraría que existe un avance cierto e indiscutible de lo humano. La justificación de nuestras existencias errabundas, del arrojo sin ton ni son al que hemos sido sometidos, y que por no tolerar tal orfandad, creamos a partir de esta sublimación de lo negativo, el sentido, en política, la complementariedad, de que prevalecimos por sobre poderes dinásticos, eclesiásticos y militaristas. Somos derechos y humanos, porque nos decimos democráticos. En la reverberación de la semántica (de aquí que en los últimos tiempos lo democrático se juega en los medios de comunicación, porque sólo es un reflejo de una idea, de un concepto, cuya traducibilidad es un imposible), más allá de que seamos obligados, invitados, condicionados, a optar, nunca a elegir (sí así fuera deberían aceptarse las candidaturas más allá de lo partidocrático, o que el azar elija una cámara de representantes en donde todos tengan, realmente, las mismas posibilidades de ser electos) en un acuerdo tácito con la dirigencia que se nos ha instituido como el padre regulador, normativo, el amo disciplinante, nos prometen consabidamente todo aquello que no nos van a cumplir, pero no lo peor, lo más significativo, o lo más evidente de ante quiénes estamos, es que no nos dicen con quiénes nos van a gobernar, bajo qué parámetros, metodologías, elegirán a sus equipos técnicos, a sus grupos de colaboradores, o como quieran llamar a sus asesores, o quiénes sean que les ayuden en la tarea para lo que propusieron. En la previa electoral, desarrollan todo tipo de promesas y arman y desarman proyectos con la misma facilidad que los niños construyen y destruyen castillos de arena.
Hernán López

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