Cartas de lectores
Viernes 05 de Mayo de 2017

Ana Frank y Francisco

Francisquito sobrevivió. Ana Frank no. Ambos tienen en común que la continuidad de sus vidas molestaba. Que fueron considerados indeseados. Que un sistema ideológico autoritario justificaba su aniquilación, sin mediar proceso judicial ni derecho a defensa. Que, desde sus propios refugios, afrontaron similar amenaza de ser eliminados por el Estado. Ambos eran inocentes y vulnerables, pero debían ser ultimados inexorablemente. Ana fue encontrada y conducida hacía el reducto infernal que la llevó a la muerte. Francisco, condenado a ser masacrado en su refugio vital, escapó de las garras de los exterminadores abortistas del Estado, que proponían expulsarlo despedazado del vientre materno. Francisco venció: está vivo. Los totalitarios, inspiran ideologías, pautas contraculturales, principios éticos falaces, leyes y protocolos, para justificar, legitimar, garantizar impunidad y sistematizar la aniquilación de seres humanos según su antojo. Crean estructuras estatales con agentes, profesionales o no, disciplinados, adoctrinados y capacitados para matar. Fácticamente el régimen abortista vigente no se diferencia de la atrocidad nazi. Ambos aniquilan a los indeseados sistemática y masivamente desde el Estado. Como Stalin. Como el genocida Videla. Forzando, con diversas estrategias, innumerables crímenes de lesa humanidad, cuya justicia llegará a los autores materiales e intelectuales del atroz festín de sangre, tarde o temprano. La psicóloga María Belén Catalano fue la heroína que protegió a Francisquito de quienes querían eliminarlo. Por ella, hoy no está descuartizado en algún basural, sin identidad, sin dignidad, como un perro. Lo libró del cruel destino que le tocó en desgracia a centenares de personas inocentes que ya fueron aniquilados en los hospitales públicos santafesinos, amparados en un inconstitucional protocolo. Como consecuencia de salvar una vida, la profesional fue sancionada por el Colegio de Psicólogos de Santa Fe, merced a una aviesa denuncia de los abortistas derrotados por no lograr matar a Francisquito. La presencia viva de Francisco nos interpelará a todos, al igual que lo hacen los escritos de Ana Frank, reclamando contra todo protocolo genocida y execrable, valorando la vida humana y reafirmando que absolutamente nada justifica interrumpirla violentamente.

DNI 13.268.010

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