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Sábado 20 de Marzo de 2010

Carta para los chicos

Hola chicos:

Les escribo esta carta para contarles una historia muy especial.

Primero me presento, mi nombre es Victoria, y puedo decirlo porque se quién soy. Pero para saber quién soy en realidad, para conocer mi verdadero nombre, mi edad, mi familia, tuve que buscar y buscar durante muchos años.

Me gustaría empezar a contarles un poquito de cómo fue esa búsqueda:

Hace más de treinta años, cuando yo era muy chiquita, más de lo que son ustedes, tenía dos añitos y algunos meses, me tocó ser parte de uno de los momentos más difíciles por los que nuestro país, nuestra tan querida Argentina tuvo que atravesar.

Mis papás Silvia y Orlando perseguían un sueño, a ellos les hubiera gustado que todos ustedes, como todos los niños y niñas de nuestro país pudieran tener la mesa servida y los platos llenos todos los días, también les hubiera encantado que siempre tengan abrigo y zapatillas para ir a la escuela, que todos ustedes puedan estudiar y que todos los otros también, es decir que todos los niños tengan las mismas posibilidades, porque son derechos que no se les puede negar, como el derecho a estudiar, a alimentarse, a una vivienda digna, a tener un nombre y conocerlo.

Hace más de treinta años, esos derechos se vieron prohibidos, como tantas otras cosas más lo fueron. Entonces, muchas personas, entre ellos mis papás, sintieron la gran necesidad de hacer algo para que todas las personas, niños, niñas, mujeres, hombres tengan una vida más digna, más igualitaria y que sus derechos sean respetados.

Por aquellos años, no les era permitido hacer algo diferente a lo que el gobierno de aquel entonces proponía, por ejemplo no les gustaba que apoyen a los más pobres, que lean algún que otro libro, que escuchen determinado tipo de música o que se manifiesten por aquello que considerasen que no estaba bien. A ellos, a los que proponían un cambio, los “señores” que dirigían nuestro país los llevaban a cárceles para callarlos y para que el resto del pueblo argentino no los escuchara.

A mi familia les pasó esto, detuvieron a mis papás, a mi hermano, a mí y a mi hermana que estaba en la panza de mi mamá. Y nos llevan con ellos a una de las tantas cárceles que tenían para esconder a los que pensaban diferente.

Vivimos en ese lugar durante 6 meses, Marcelo, mi hermano tenía cuatro años, yo dos añitos y es en ese lugar donde nace mi hermanita. Allí estuvimos hasta que decidieron separarnos, alejarnos, nos abandonaron en diferentes provincias y hasta cambiaron nuestros nombres. Marcelo y yo fuimos adoptados por papás que no sabían de dónde veníamos, ni dónde estaba nuestra familia verdadera. Ellos nos quisieron y nos cuidaron mucho y hasta nos contaron que éramos sus hijos del corazón, pero nada sabían de dónde veníamos realmente…

Hoy, después de mucho tiempo, de mucha búsqueda sabemos un montón de cosas, por ejemplo que a los dos nos encontraron en la calle, a mí en una de Rosario y a mi hermano en una de Córdoba, que los dos sabía del otro, pero siendo tan chiquitos no podíamos recordarlo. Tuvieron que pasar veinte años para que podamos darnos un fuerte abrazo, poder reencontrarnos y empezar a compartir la vida juntos. Ocho años después encontramos a nuestra hermana Laura, la más chica, quien había sido criada por uno de los carceleros, que también decidió separarnos.

Mis hermanos y yo no pudimos compartir juegos juntos como lo hacen ustedes, jamás nos divertimos al jugar a las escondidas o la mancha, ni a coleccionar figuritas o a hacer volar un barrilete, porque eso nos fue robado, nuestro nombre, nuestra edad, nuestra verdad nos fue quitada. Ahora tratamos de armar nuestra historia, y siendo ya adultos nos permitimos remontar un barrilete y verlo volar.

Un beso chicos y hasta siempre…

Los saluda, Victoria.

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