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Jueves 30 de Junio de 2011

Carta abierta a los porteños

“Yo odio a los porteños". La frase que disparó el senador y candidato a gobernador de Córdoba, Luis Juez (reconocido hincha de Talleres), con respecto a su deseo de que Belgrano le gane a River la Promoción, hecho que luego sucedió, es un exabrupto injustificable. Pero más allá de esta expresión muy poco feliz de Juez, existe un malestar latente en el interior del país por la falta de un real federalismo...  

“Yo odio a los porteños". La frase que disparó el senador y candidato a gobernador de Córdoba, Luis Juez (reconocido hincha de Talleres), con respecto a su deseo de que Belgrano le gane a River la Promoción, hecho que luego sucedió, es un exabrupto injustificable, y con el agravante de que proviene de un dirigente que pretende ocupar un alto cargo público (es verdad que luego se disculpó). Pero más allá de esta expresión muy poco feliz de Juez, existe un malestar latente en el interior del país por la falta de un real federalismo.

El centralismo porteño (no los porteños, sino los factores de poder que residen en la Capital Federal) ha abonado el terreno con mucho esmero para ganarse este resquemor de la gente del interior.

En lo económico, un ejemplo es el transporte público porteño y del Gran Buenos Aires, que recibe subsidios millonarios. Así tienen el boleto más bajo del país: $1,10, cuando en Rosario cuesta $1,90.

Las naftas y el GNC también están más baratos en la ciudad de Buenos Aires que en el interior (litro de súper en YPF de Capital $4,45, en Rosario $4,85). ¿Por qué esta diferencia?
La seguridad de la Capital Federal se financia con dineros nacionales (impuestos que pagan todos los argentinos): la Policía Federal destina más del 90 por ciento de sus recursos a la ciudad de Buenos Aires. Pero eso no es todo: ahora Gendarmería y Prefectura desplegaron 2.500 efectivos en la Capital en el marco de un plan de seguridad que implementó el gobierno central. ¿Acaso el resto del país no tiene problemas de seguridad? Macri, quien creó la Policía Metropolitana, pide que le traspasen la Federal, pero pone como condición que la Nación le transfiera lo recursos para solventarla. Sin embargo, todas las provincias financian sus fuerzas de seguridad con fondos propios.

También se puede recordar cómo el lobby porteño se opuso a la construcción del puente Rosario-Victoria (sólo basta con revisar los archivos de los medios de Buenos Aires de aquella época para refrescar la memoria). En cambio, fogonearon el puente Buenos Aires-Colonia, que durante 18 años tuvo un comisión dependiente del Estado nacional para elaborar el proyecto. Este ente gastó sólo en el período 1993-2002 más de 20 millones de dólares en rubros de exclusiva índole burocrática. Finalmente, el gobierno central dispuso disolver la comisión al considerar la iniciativa de “inviable”. Si eso hubiera ocurrido con una obra pensada para el interior del país, los medios de Buenos Aires seguramente hubieran hablado de “despilfarro”, iniciativa “faraónica”, un “gran escándalo”. Pero nada de eso se escuchó sobre la Comisión Puente Buenos Aires-Colonia. Incluso la noticia casi no se difundió.

En lo cultural, la discriminación que sufre el interior del país es flagrante. Todas las dependencias de la Secretaría de Cultura de la Nación (que se solventa con impuestos nacionales) están ubicadas en Capital Federal. Tanto los museos nacionales, los institutos como la Biblioteca Nacional están al alcance de los porteños, pero a cientos y cientos de kilómetros del resto de los argentinos.

Y en lo deportivo, más estrictamente en lo futbolístico, a lo que hizo referencia Juez, los clubes e hinchas del interior del país tienen un master en tolerar la discriminación de la AFA. Históricamente fueron perjudicados a favor de los “cinco grandes” clubes porteños en arbitrajes, sanciones y distribución de fondos por la televisación.

Además, recién ahora se logró que la selección nacional juegue algunos de sus partidos fuera de la Capital Federal (en toda su historia la selección disputó en el país 296 partidos, pero sólo 35 los hizo en el interior del país, y en todos esos los casos menos en uno fueron amistosos). Justamente, hace dos años el entonces DT Diego Maradona decidió que la selección juegue en Rosario el partido contra Brasil por las Eliminatorias, y los medios porteños se escandalizaron como si el equipo hubiera perdido la “localía”.

Y no vayamos tan lejos. ¿Qué hubiera pasado si en lugar de ser barrabravas de River quienes ingresaron al campo de juego a agredir a los jugadores en el partido de ida con Belgrano, hubieran sido del club cordobés? Todos sabemos la respuesta: Belgrano ahora estaría pensando en una nueva temporada en el Nacional B. Pero el segundo partido se jugó como si no hubiera pasado nada y sin ningún castigo para River.

Y ahora, ¿se animará la AFA a sancionar a River por los gravísimos incidentes ocurridos el domingo pasado en el Monumental, que incluyó amenazas al árbitro durante el entretiempo? En anteriores casos similares se clausuró por varias fechas el estadio y se le descontaron puntos al club responsable. ¿Actuará la AFA con la misma vara o hay una política de doble estándar según de quién se trate?

El presidente de River pidió ayer que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo reciba “para ver cómo podemos solucionar este tema”. ¿Acaso los presidentes de Central o Newell's tienen la posibilidad de acceder al principal despacho de la Casa Rosada?

Y por si faltaba algo, fue bochornoso ver la parcialidad de las transmisiones de los dos partidos de River-Belgrano a través de Canal 7 (la televisión pública ¿de todos los argentinos?) y de TyC. Los periodistas se embanderaron sin disimular con los millonarios. River parecía la selección nacional y Belgrano un equipo extranjero. ¿Estas transmisiones de alcance nacional no deberían ser ecuánimes, equilibradas e imparciales?

Sería saludable y didáctico que los porteños hagan el ejercicio de pararse por lo menos una vez afuera de la General Paz para ver la realidad del país. Quizás así entiendan por qué a menudo la gente del interior se indigna.
 

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