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Jueves 10 de Julio de 2008

Caro, ¿pero el mejor?

Feriado del miércoles 9 de julio. Llego a avenida Francia y Riobamba cuando el reloj marca las 10.05. Mientras espero un colectivo que me lleve al centro, me cercioro de tener un peso con cincuenta centavos en el bolsillo, ya que conseguir tarjeta magnética por este barrio es más complicado que lograr que el gobierno y las entidades agropecuarias se pongan de acuerdo...

Feriado del miércoles 9 de julio. Llego a avenida Francia y Riobamba cuando el reloj marca las 10.10. Mientras espero un colectivo que me lleve al centro, me cercioro de tener un peso con cincuenta centavos en el bolsillo, ya que conseguir tarjeta magnética por este barrio es más complicado que lograr que el gobierno y las entidades agropecuarias se pongan de acuerdo. Quince minutos después aparece como una ráfaga un 126 (de la empresa estatal La Mixta, que presta el servicio con unidades nuevas). Rápidamente extiendo mi brazo, pero sorpresivamente el chofer sigue de largo y con su dedo índice derecho moviéndolo como un limpiaparabrisas me hace señas de “no”.

“¿No qué?”, me pregunto sin saber por qué no se detuvo. Una señora que está saliendo de la panadería y que vio la escena, se acerca y me dice: “Señor, no para más en esta esquina. Tiene que ir a Francia y Presidente Perón”. Si ahora los colectivos no tienen más paradas en todas las esquinas fuera del centro, ¿por qué el municipio no instala carteles indicadores para que la gente no pierda tiempo y sepa dónde esperar el colectivo? ¿Es éste otro “beneficio” para los usuarios del transporte público de esta ciudad?

Mientras camino rumbo a la avenida Perón a esperar otro 126 se me viene a la mente la estruendosa frase del día anterior del intendente Miguel Lifschitz: “Hoy tenemos el mejor transporte del país”. Ante lo cual uno piensa: ¿tan malo será en otras ciudades como para atreverse a ostentar de esta manera?

Y yo no sé si será “el mejor”, pero con el aumento que el Concejo intenta aprobar desde ya que será el más caro del país: pasará de 1,40 a 1,60 (si se abona con tarjeta); pero como muchísima pasajeros no encuentran dónde comprarla terminan pagando el boleto ocasional, que pasará de 1,50 a 1,75. En la ciudad de Buenos Aires cuesta 0,90 (con gran aporte de subsidios estatales); en Córdoba 1,50; en Mar del Plata 1,40; Mendoza 1,10; y Santa Fe 1,50.

Lifschitz también justificó el aumento diciendo: “Sabemos que tenemos un país con inflación, que no sabemos cuál es el índice”. Y es verdad, nadie cree en el “dibujo” que difunde mensualmente el Indec, pero ni el economista más pesimista de los pesimistas se anima a decir que en los dos últimos años la inflación acumulada fue del 113 por ciento. Es que ese es el porcentaje que aumentó el boleto en Rosario en los dos últimos años: pasó de $0,75 en abril de 2006 al actual $1,60. No hay producto que haya subido el porcentaje que se incrementó el boleto, y ni hablar si se lo compara con los salarios.

Como el eslogan publicitario de la desaparecida marca Aurora Grundig, el boleto en Rosario es caro, restaría por demostrar que también es el mejor.

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