Escenario
Lunes 04 de Julio de 2016

"Cantar con la gente en su barrio es revolucionario y solidario"

El ex Bersuit lanzó "Tecnoamimal", un disco en el que afloran sus críticas hacia la sociedad, la política y la hipocresía del poder

"Un artista tiene que estar ocupando todos los lugares por donde la gente no puede hacer llegar su mensaje, y que el poder escuche", dijo Gustavo Cordera, quien acaba de lanzar su nuevo disco "Tecnoanimal", junto a su banda La Caravana Mágica y con la producción de Eduardo "Visitante" Cabra, de Calle 13. El ex líder de Bersuit carga contra la hipocresía, las mineras, la deforestación y los males sociales, con toda la rabia que lo caracteriza, en la previa de la presentación oficial de su disco que será presentado el 9 de septiembre en el Gran Rex porteño.

—Entrás al planeta de "Tecnoanimal" y te plantea muchos temas sociales, como el cuidado del medio ambiente, la destrucción de la naturaleza y los desastres de la minería.

—Es un disco oscuro y eso es lo más lumínico que tiene, lo que es una gran paradoja. En el mundo en el que vivimos creemos que la luz está en la negación de la oscuridad, y yo descubrí por meditación que en la oscuridad está la posibilidad química de encontrar el oro, la luz. En aquello que castigamos, que nos avergüenza, nuestras perversiones, nuestro odio, envidia o celos, la necesidad de ambición, todo el desamor, la injusticia? Todo eso es el barro donde se desata esta gran aventura de ser humano. Muchísimos años estuvimos venerando ideales, como el de la justicia o el de la libertad, y en nombre de ellos sólo hemos asesinado, destruido todas las formas de vida, condenado e impedido vivir. Yo soy todas esas ideas de mundo que de alguna manera fueron limitando todo mi comportamiento. Lo que más condenamos en un niño son sus emociones, ir llevando todo ese caudal al inconsciente. Este disco lo que pretende, entonces, es dar lugar a todo eso sin ningún tipo de moral.

—¿Creés que una de las cosas que se ha perdido es la solidaridad en los jóvenes?

—La solidaridad creo que está muy mal entendida. Lo veo constantemente, nadie se compromete con el que recibe, nadie está mirando qué necesita el que recibe. Muchas veces sentís culpa y la reparás dándole algo a alguien que no lo necesita. Así da el Estado. ¿Sabés qué necesita la gente? Que los mires a los ojos, que los abraces y los escuches. Nadie hace eso, prefieren mandarle un camión de colchones y eso es ofender al otro, es subestimarlo. Las iglesias no dan, las fuerzas políticas nunca dan, sobornan, esclavizan con lo que dan. Extorsionan y siempre lo hacen. Y, con eso, se generan tramas de corrupción porque hay intermediarios que someten a las personas para darle algo. Entonces, la solidaridad ahí no solamente no ayuda al otro, sino que interrumpe las posibilidades creativas de que esa persona pueda generar un espacio de dignidad en la sociedad en la que vive. Les quitan la dignidad. A veces me llaman para ir a un barrio y yo empiezo a intercambiar con la gente, tomo el agua que ellos toman, como lo que ellos comen y los escucho. ¿Por qué? Porque necesito saber qué sienten y qué les pasa, y terminamos todos cantando abrazados. Para mí eso es revolucionario, eso es un acto de solidaridad.

—En el último tema del disco hablás de la deforestación y de los graves problemas climáticos que eso genera y elegís como símbolo al Impenetrable.

—Yo no tomo eso como acto de solidaridad. Para mí tiene que ver con mis vísceras, yo adhiero a esa impotencia y me sumo. A mí me parece que un artista éticamente tiene que estar ocupando los espacios donde la gente no puede difundir lo que le pasa, hacerlo llegar al poder y yo tengo ese poder. A mí viene uno de la calle a decirme lo que pasa y al rato lo están sabiendo todos los medios, yo soy un difusor. Yo me presto para eso porque aunque me equivoque, mil veces me equivoco, pero al plantear ese tema, lo pongo en escena.

—¿Sentís que no hay noción con lo que está pasando con la deforestación, las transgénicas y el glifosato?

—Yo creo que sí, que entramos a un supermercado y ya nos llevamos las cosas con desconfianza, que sentimos un poco de repulsión por ver siempre lo mismo y que nuestra creatividad está más mermada, más cerrada, más pequeña la mente, con las posibilidades más estrechas. Eso es lo que pretende el monocultivo, las mineras, la fuerza política para controlar a la gente y las religiones. Es la mentalidad absolutista representada por la democracia. Gente que proclama la igualdad, cuando somos todos distintos. ¿Qué querés decir con que todos somos iguales? Que todos pensamos igual, que tenemos que ir todos a trabajar 12 horas por día y después ir al supermercado o al shopping a comprar lo que vos producís. Por eso somos todos iguales, pero no es verdad. Un rico paga y se va, un pobre cumple la condena. No somos iguales ante la ley, está hecha para proteger a los bancos y a las corporaciones, no a mí. A mí me roba una corporación y voy a hacer quilombo porque me robó y voy preso, pero me robaron ellos a mí. El poder necesita seres humanos con esas características porque son aptos de convertirse en esclavos. El mundo está lleno de esclavos que tienen éxito, que se llenan de dinero, títulos e hijos. Son esclavos.

—¿Un esclavo exitoso es un rockstar o un jugador de fútbol que no puede descansar porque le exigen volver a jugar cuanto antes aunque esté lesionado?

—Depende, porque si vos estás adentro de una cancha y sos feliz de hacer eso y para hacer eso no tenés que comer cualquier basura, si tenés una mirada un poco más amplia eso no te genera dolor porque estás contribuyendo a ese momento de excelencia que es jugar el partido. Como yo, que estoy contribuyendo en un montón de cosas para subirme en un escenario o grabar un disco de la mejor manera. No duermo, no tomo alcohol, como de una manera sana y equilibrada. Son cosas que si no estuviera haciendo eso que me encanta en la vida, seguramente no estaría en condiciones de sostener.

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