Campo
Sábado 22 de Julio de 2017

"Los pequeños productores no estamos en agenda"

Omar Príncipe, presidente de Federación Agraria, se quejó de las importaciones de alimentos y advirtió que hay similitudes con los 90

Los productores nucleados en la Federación Agraria Argentina (FAA) realizan por estos días las asambleas regionales previas al congreso anual de la entidad. No sólo es parte del mecanismo de elección de autoridades de la organización. Es también un espacio para sintetizar las necesidades y los reclamos de los pequeños y medianos agricultores que integran la organización.

El presidente de la entidad, Omar Príncipe, comentó que en estas primeras reuniones madura un pedido generalizado para realizar una asamblea nacional del sector. El objetivo, dijo, es visibilizar la situación de un segmento del campo que sufre por la caída de rentabilidad, las exportaciones de alimentos y la concentración productiva, dentro de un actividad que se presenta públicamente como un bloque homogéneo beneficiado por la devaluación y la reducción de impuestos que les otorgó el gobierno nacional. En ese contexto, el conductor de los federados advirtió sobre la crisis de las economías regionales, la problemática de la lechería y el impacto de las importaciones de carne porcina en el sector.

"Queremos ser el supermercado del mundo pero importamos alimentos", se quejó, luego de recordar que cayeron 600 tambos el año pasado. En ese sentido, lamentó que en la agenda política no se contemple la situación de la agricultura familiar. "Nadie habla de los pequeños productores que están quedando en el camino", advirtió, frente a un proceso de selección por escala que presenta "una similitud con lo que pasó en los 90".

—¿Cómo está la situación de los pequeños y medianos productores?

—La visión de la opinión pública es que al campo le va bien. O que el gobierno de Macri al campo y le dio todo. Se refieren a la quita de retenciones y la apertura de exportaciones. Primero ha que entender que la apertura vino acompañada por las importaciones Ahí vemos que el negocio de la exportación, que indudablemente hay que fortalecerlo, está planteado para beneficiar a grupos concentrados que son los que tienen la producción de granos de Argentina. El 80% de los granos está en manos de 20% grandes productores, la exportación está concentrada en un puñado de multinacionales. Y el negocio de ganados y carnes también. O sea que el modelo de la Argentina agroexportadora beneficia a unos pocos. Los pequeños y medianos productores no participan de esas rentabilidades extraordinarias pero sí es el más afectado por la apertura de las importaciones. Es hasta contradictorio que Argentina se plantee como un país productor de alimento pero importe cerdos, pollos, manzanas, vino, manteca, alimentos procesados de Europa y Estados Unidos. Esto es producción nacional que no se hace, mano de obra nacional que estamos desplazando y un proceso de valor agregado que también estamos desplazando. Queremos ser el supermercado del mundo pero terminamos exportando commodities e importando alimentos. Hace más de cien años la Federación Agraria se plantó ante un modelo agroexportador para muy pocos y los pequeños productores no tenían acceso a la tierra.

—¿En qué sectores están viendo que tiene más impacto el tema de las importaciones?

—En porcinos, si tomás 2015, hay un aumento del 230% en la importación. No sólo carne fresca, sobre la cual también hay dudas en tema sanidad, sino también en alimentos procesados. Esto tiene un impacto enorme en la economía regional. Luego vinos, manzanas, bananas. Son los que mayor impacto tienen. Incluso abrimos mercados de cítricos pero también importamos. Lo que más hay que tener en cuenta es que hay un Estado ausente frente a esta situación. Deja que el mercado actúe solo, sin equilibrio. En esto hay una Secretaría de Comercio y una Comisión Nacional de Defensa del Consumidor que está mirando para otro lado, mientras la grandes cadenas comerciales se quedan con la rentabilidad del productor y le hacen pagar alimentos caros a los consumidores.

—¿Esto está impactando en la estructura productiva? Porque el gobierno da cifras de aumento de la producción y el consumo de porcinos.

—Si sólo miramos los números gruesos, podemos equivocarnos en el diagnóstico. En el tema cerdos puede pasar lo de los granos Hay centenas de criaderos de cerdos que desaparecieron. ¿Aumenta la producción? Es porque grandes productores o inversionistas que entran al sector, invierten en grandes instalaciones de mil o 2 mil madres, que tienen escala e incluso pueden financiar pérdidas. El número final es que Argentina produce más cerdos, pero con menos productores. En la lechería también hay una gran concentración, a lo que se debe sumar que cayó la producción. Esto por la combinación de falta de políticas públicas, falta de mantenimiento de los pequeños tambos y situaciones climáticas que también hacen ver la ausencia del Estado. Argentina bajó a su piso histórico de producción. La noticia es que estamos importando manteca pero lo peor es que desaparecieron casi 600 tambos en 2016 y todavía no tenemos los datos de 2017. Cuando recorrés las cuencas que están en emergencia, ves que a diario cerraron los tambos de esa zona. Esto es grave porque en estos 18 meses planteamos desde Federación Agraria que había que juntar a la cadena y armar una política lechera de largo plazo. Y no logramos que esto suceda. Cuando se vienen las inundaciones, falta la asistencia del Estado. Argentina pasó una crisis lechera, quedó en el piso producción y con un sector que se va concentrando. Claro, después te dicen: "Ahora al tambero y al productor de cerdo les están pagando un buen precio". Claro, en algún momento la foto da que los precios suben, pero esto es porque falta la producción y porque se concentra. Nadie habla de todos los productores que van quedando en el camino. Y ese es uno de los déficit de políticas de nuestro de país, y también de comunicación. En Argentina cuando hablamos de campo parece que hablamos de un sector homogéneo, y eso es funcional a grupos a los que les interesa que eso sea así. La quita de retenciones por sí sola no es una política para todo el sector ni es una política que beneficie especialmente a los pequeños productores. Si no cambiamos las políticas activas, Argentina va a seguir en el proceso de concentración.

—¿FAA quedó sola marcando esto?

—En febrero de 2017 la Federación Agraria planteó que, en un año electoral, había una oportunidad de incorporar en la agenda política los temas que interesan. La verdad es que no estamos en la agenda. Los pequeños productores no aparecen en la agenda de política, en la agenda de los medios, y eso es un verdadero problema. En Argentina no se habla de políticas públicas diferenciadas. Hasta ahora no logramos un consenso para ello con las otras entidades. Sí se habla de reforma tributaria. Nosotros hablamos de reforma tributaria en base a identificar y segmentar a los productores, para que la política de Ganancias y Bienes Personales sea progresiva. Pasa en el tema financiero. En Argentina pueden sacar créditos a tasas moderadas un sector moderado acotado de los productores agropecuarios. Pequeños y medianos productores, miles de agricultores familiares no bancarizados, no tienen herramientas para financiar su capital de trabajo. Y cuando tienen financiamiento pagan tasas más altas. Y de esa manera podemos hablar de fletes y de comercialización, que es uno de los problemas más graves que tienen los productores de alimentos. Hay productos que se están comercializando al precio de hace tres años. La cadena está muy concentrada.

—El programa del gobierno, apoyado por muchas entidades, era que todo iba a cambiar cuando el Estado se retirara de ese sector.

—Bueno, esas son algunas de las diferencias que tenemos con otras entidades. Nosotros pensamos que el Estado no se tiene que retirar del mercado. Lo que pasa es que veníamos de un Estado que regulaba a veces a favor de los grupos concentrados. Los que estamos caídos en la grieta somos los que pagamos las consecuencias de los que juegan con esa grieta.

—¿Están empezando con las asambleas distritales. Qué surge de esas reuniones?

—Nos están insistiendo con hacer una asamblea nacional de productores para visibilizar esta situación. Se está dando forma a eso. Desde distintos puntos del país piden eso para hablar de reforma tributaria, reforma financiera, ponerle freno a la distorsión de precios en la comercialización, precios sostén para economías regionales. El año pasado pedimos un fondo para las economías regionales. El ministro (de Agroindustria, Ricardo Buryaile) lo tomó y vino a nuestro congreso. Lanzó el Fondagro, pero todavía no salió ni un peso para los pequeños y medianos productores. Después de un año, no se puso en marcha . Es el mismo fondo que debía asistir a los tamberos santafesinos.

—Este Estado ausente ¿ve que lo es por omisión o por acción?

—Hay una concepción, un modelo para aplicar en el país. Para el gobierno no hay que intervenir y juegan con una sociedad que, como vio un Estado que a veces intervenía arbitrariamente, permite que no se trabaje en políticas públicas. Nosotros queremos transitar por un camino de equilibrio. En la asamblea de la Confederación de Productores Familiares del Mercosur (Coprofam), que se hizo la semana pasada, se volvieron a plantear políticas diferenciales. Desde la FAO se dijo que en los últimos dos años avanzó en el Mercosur el nivel de desnutrición. En el bloque que genera el 30% de los alimentos que consume el mundo. Me parece que hay que tener un mirada integral de las políticas económicas y agropecuarias. Y el agro puede colaborar mucho con la inclusión social argentina. Mientras en la Argentina haya 33% de pobres, 10% de indigentes, 3,5 millones de personas fuera del circuito de trabajo o trabajo precarizado, va a ser muy difícil generar igualdad de oportunidades y paz social. Y hay que entender al sector agropecuario como un sector que puede dar. Hay que fomentar el consumo interno. Si no sólo vemos la pata de la exportación.

—¿La FAA tiene interlocutor en el gobierno?

—Nosotros destacamos que ámbitos de diálogo hay. El ministro de Agroindustria nos recibe. Nosotros tenemos gestión permanente, pero eso no significa necesariamente que haya respuestas, sobre todo para los pequeños agricultores. Eso está verde. Países como Uruguay tuvieron la virtud de ir trabajando con políticas acertadas para sostener la agricultura familiar. En lechería, hay concentración, pero también sostienen tambos de 400 litros diarios. Y son sustentables. Y eso genera un proceso de mano de obra y desarrollo en el Uruguay. Ese país viene creciendo en la producción de leche porque hay una política de incentivar. Y ellos exportan leche. Brasil llegó de 20 mil millones de litros a 60 mil millones en diez años, que es lo que consumen anualmente. Y dentro de 10 años, ¿a quién le va a vender Brasil el excedente de leche? Si seguimos así, a nosotros. Nosotros mandamos commodities y compramos alimentos procesados. Es la Argentina granero del mundo del 1900. Apostamos a 150 millones de toneladas de granos y eso se toma como que todo el campo le va bien. Y hay muchos productores que se están cayendo del sistema.

—¿Es parecido a lo que pasó en los 90?

—Hay similitud con lo que pasó en los 90. En esa década desaparecieron 100 mil productores. Desaparecieron cooperativas también. Y la producción creció.

—¿Qué sale de las asambleas como plan de acción?

—Está saliendo el pedido para hacer una asamblea nacional de productores. Todavía a en camino de que se hará después de las Paso, para no mezclar. Seguramente de allí saldrá un hecho gremial más importante.

—¿Hay una mirada institucional sobre el proceso electoral?

—Sí. Lo que vemos es que no hay ni en el oficialismo ni en la oposición interés en la agenda de los pequeños y medianos productores. No somos parte de su agenda ni de su programa de trabajo. Si le preguntás a algún candidato qué pasa con el uso del suelo, con la ley de arrendamientos, con la ley de semillas, seguramente te van a mirar con desconcierto. A veces vemos que la discusión electoral pasa más por frivolidad y de la grieta, que de tomar temas concretos. Personalmente creo que muchos van a votar pensando en la visión sobre el pasado pero muchos también lo harán pensando en lo que se vivió en estos 18 meses.

—En 2015 hicieron un foro con los candidatos

—La propuesta surge también de estas asambleas. Después de las Paso creo que puede ser una posibilidad par darle visibilidad a nuestros temas.

—El año pasado hubo alguna acción tendiente a discutir en el Parlamento la ley semillas, de lechería, etcétera. Se frenó eso?

—No hay avances con el tema lechería ni en Diputados ni en el Ministerio de Agricultura. Con el tema de semillas es llamativo porque muchos partidos hicieron campaña hablando del tema. En 2016 el oficialismo incluso habló sobre la necesidad urgente de cambiar la ley. Y ante esa instancia la Federación Agraria Argentina no nos quedamos sólo con la demanda. Hicimos una denuncia ante la Secretaría de Comercio contra Monsanto. Pero también, en un tema tan crucial porque tiene que ver con la seguridad alimentaria, presentamos nuestro propio proyecto. Lo que está en discusión es hasta dónde le vamos a dar el negocio a empresas multinacionales que a través de los cánones avanzan sobre la producción de los países. Y en 2017, con algunos retoques del Ministerio de Agroindustria que nos pusieron en una zona gris, estamos como en la niebla.

—¿Por qué?

—Porque se fueron tomando resoluciones que en alguno casos incluso hacen que el Estado les hace el trabajo a Monsanto. Y Monsanto sigue mandando cartas documento a los productores, a las cooperativas. Y en esa zona gris sigue avanzando, incluso haciendo lobby importante. Por eso los vemos a los Ceos de las grandes empresas presionando por las patentes. Desde Federación Agraria, aunque estemos en situación desfavorable, vamos a dar pelea en este tema.


—¿Cómo se ve la campaña nueva para los pequeños y medianos productores?

—El año pasado había un nivel de endeudamiento grande entre los pequeños productores. Desde las cooperativas nos dicen que este año ese nivel es más grande. Desapareció rentabilidad, por el aumento de los insumos, el gasoil y el precio de los commodities, más allá de que ahora hay un nivel de volatilidad producto de la actuación de los fondos de inversión en el mercado global. Pero en los pequeños productores esto no tuvo mucho impacto porque ya vendieron. No tenemos posibilidad de retener y el grueso de la producción se vende en la cosecha. Muchos productores están arrendando el campo porque no tienen posibilidad de seguir explotando porque no tienen financiamiento. Es también un paralelo con los 90. En algunos pueblos están vendiendo 5, 7 ó 10 hectáreas.

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