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Sábado 08 de Julio de 2017

Ganadería: las metas para llegar con aire a 2025

• El sector se enfrenta al desafío de sumar tecnología para lograr más rindes y ganar nuevos mercados para sostener el crecimiento

Con ventajas comparativas a nivel mundial, como grandes extensiones de tierra y agua disponibles, la ganadería argentina no logra ajustar ciertos engranajes claves para producir excedentes exportables, como la aplicación de tecnología que optimice el rendimiento y permita cumplir con más protocolos de calidad y la integración a mercados internacionales a través de tratados de libre comercio. De no incrementar la producción de carne bovina "para 2025 no vamos a tener ni para el mercado interno", advirtió Jorge Torelli, director del Instituto de la Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) y vicepresidente de la Unión de Industrias Cárnicas Argentina.

El profesional expuso días atrás en Rosario las falencias y potencialidades del rubro cárnico en el marco del 4º Congreso Ganadero que organizó Sociedad Rural. Invocando una "sana envidia", el profesional puso como ejemplo en cada ítem la performance de Australia, que si bien produce la misma cantidad de carne que Argentina a nivel mundial (alrededor de un 4 por ciento), "lo hace con 32 millones de cabezas mientras que nosotros, con 53 millones de cabezas. Eso es eficiencia de producción", apreció.

Argentina produce desde 2010 alrededor de 2.700.000 toneladas de carne bovina. "Ese es el dividendo, que es siempre el mismo mientras que el divisor (cantidad de habitantes) aumenta, entonces el cociente baja". Así, el nivel de consumo anual por habitante de carne bovina a nivel local que es de 60 kilogramos por persona (el más alto del mundo), "va a ir bajando y va a llegar un momento en el que la parte que se exporta, que hoy es un 7 por ciento, tampoco se va a ir, quedará acá adentro. Tenemos que aumentar la producción", sentenció el gerente del frigorífico Mattievich.

A la hora de evaluar el stock, Torelli valoró que éste viene creciendo después de la liquidación de 2009 y pese a que la ganadería fue desplazada de 13 millones de hectáreas que fueron destinadas a la agricultura. "No todas son críticas ni malas noticias. La actividad adquirió eficiencia pero debe mejorar más", insistió.

Reveló que la proyección de producción para 2017 es de 23,5 millones de animales para 2017 y 24,4 millones para 2018. "El problema es la categoría novillitos, vaquillonas y novillos, dando un animal no elegible para exportación y sí para consumo interno". Esto quiere decir que "va a aumentar la faena y vamos a tener mayor disponibilidad de terneros y terneras. El año que viene vamos a tener unas 250 mil toneladas más disponibles en el mercado pero si no resolvemos la exportación y la competitividad, vamos a tener un problema con los precios porque si la demanda se siente presionada por la oferta, los precios caen", advirtió.

"Tenemos que buscar la forma de poder sacar afuera ese excedente, sin desatender la mesa de los argentinos, o sea, el consumo interno que es una de las grandes fortalezas de la cadena de ganados. Si no lo logramos y lo volcamos al mercado interno vamos a tener un soberano problema y otra vez el desánimo de los ganaderos".

tendencia mundial. Lo cierto es que a nivel mundial "la carne ya empezó a faltar, no estoy haciendo predicciones. La carne vacuna dentro de 20 años va a valer como la langosta de mar porque va a ser muy escasa", advirtió el directivo de IPCVA. "Hoy la demanda es muy fuerte sobre la oferta y los precios, muy volátiles". Sin embargo, "que hoy estemos en un ciclo deprimido del precio internacional de la carne no significa que se sostenga en el tiempo. Son ciclos que se alternan. No hay posibilidades de derrota", sentenció.

Con respecto al pollo y al cerdo, la tendencia de crecimiento de la carne vacuna es muy lenta, por lo que "la demanda va a superar rápidamente a la oferta bovina, y esto tiene un solo camino: tensión en los precios", advirtió el veterinario. Además, "el precio de la carne vacuna pone el límite y el techo a las otras dos carnes".

Para Torelli, en el mercado interno la carne aviar no es sustituto de la bovina: es complementaria. La que sí es sustituta es la de cerdo, que ocupa un lugar en la parrilla, olla o sartén. "Es muy bueno el trabajo de los productores avícolas que llegaron a un consumo estabilizado de 40 kilos anuales por persona. Pero donde tengo puestas las esperanzas para lograr saldos exportables de bovina es en los 12 kilogramos de carne porcina fresca que estamos consumiendo, aunque todavía hay algunos cortes que son un poco caros".

A nivel mundial, la tendencia marca que el consumo de carne aviar tendrá una tasa de crecimiento hasta 2050 de 1,3 por ciento. En los países en desarrollo el incremento será de 1,7 por ciento y en los desarrollados, 0,5 por ciento. El 4 por ciento anual que se coloca en Asia y el Pacífico va a crecer porque hay muchos musulmanes que no comen cerdo. Sólo consumen carne de ave o bovina de animales faenados bajo determinadas condiciones", por cuestiones religiosas.

Faenando bebés. Otro problema que presenta la ganadería argentina es que "estamos faenando bebés", animales que rondan los 225 kilos res/carcaza. "La ganadería se convirtió en un negocio financiero: hay que entrar y salir rápido, rotar el capital y volver a entrar. En tres meses engordamos, sacamos animales súper livianos por debajo incluso del peso mínimo de faena y hemos acostumbrado al consumidor a que coma animales livianos", señaló Torelli.

"La industria frigorífica en la Argentina tiene un serio problema de competitividad porque tenemos varios estándares. Si yo no aplico lo que me brinda la industria y la tecnología que es la maduración, el enfriamiento progresivo y al menos 48 horas de cámara en el frigorífico para tiernizarla y permitir que se produzca la transformación del músculo en carne _como le llamamos en veterinaria_ seguramente lo que voy a consumir es un animal duro. ¿Cómo evitarlo? Faenando un bebé, que es mucho menos productivo", criticó.

Según el especialista, lo ideal sería lograr terminar animales de 380 a 400 kilos, como en Australia o Estados Unidos. De todas maneras, si los productores argentinos pudieran cargar 50 kilos más a cada animal, con una fena de 13 millones de cabezas, "instantáneamente tengo 600 mil toneladas más de carne por año disponibles para exportar y para darle de comer a los argentinos".

Más tecnología. Siempre recordando a Australia, el profesional observó que allí los ganaderos "miden constantemente, aplican tecnologías que a veces son de muy bajo costo, contratan ingenieros agrónomos", entre otras acciones tendientes a ganar peso y calidad de carne. "En la Argentina estamos en la zona mixta. Muchas veces ocurre que el productor en agricultura contrata agrónomos de pre y post siembra, climatólogo, hace perfiles de los suelos, está muy capacitado él mismo a través de mucha inversión de los proveedores de bienes y servicios, sabe qué tipo de maquinarias usar, con qué presión, etcétera. Ese mismo productor tiene un bajo en el campo y tiene vacas de cría con 50 por ciento de destete y ni siquiera tiene una balanza. No pueden medir las productividades, realizar un control de procesos y eso es necesario".

Para Torelli cualquier "pedacito de tierra que no se pueda sembrar lo vamos a tener que destinar para la ganadería y aplicar la eficiencia de los métodos de producción. América tiene la ventaja de poseer muchísimo territorio (y agua) y cinco veces menos población que Asia, donde la ganadería no compite con la agricultura por el territorio sino con los seres humanos. O sea que van a tener que salir a buscar alimento", observó.

Ese alimento debe responder a las normas de seguridad alimentaria y debe haber disponibilidad para abastecer al principal cliente, China (que capta el 25 por ciento de las carnes argentinas congeladas), que tiene 1.400 millones de habitantes y que "necesita tener resuelto el tema del abastecimiento para su población, que en 2022 será sobrepasada por los hindúes.

Según el especialista, es fundamental que la carne argentina posea un etiquetado diferencial _como en Australia_, con más información del producto que dé cuenta del cumplimiento de protocolos de calidad certificados, validados y auditados. A su entender, los paquetes deben incluir datos como la forma en que fue criado el animal, dónde y con qué se alimentó y durante cuántos días, el peso de ingreso al feed lot y al momento de la faena, y su condición de libre de hormonas y antibióticos, entre otros.

Panorama político. Torelli reflexionó que para la actividad ganadera "el nivel cambiario es fundamental pero el gobierno no lo va a modificar porque no quiere comprarse un lío, menos en un año eleccionario. Bajar la presión impositiva es imposible con el nivel de déficit fiscal que tiene el Estado en este momento. Los costos laborales tampoco los van a bajar. ¿Qué van a hacer? Parches temporales", vaticinó, a través de reintegros a la exportación.

"Es un subsidio que va a estar alrededor del 6 por ciento, aunque puede suceder que el gobierno quiera subirlo. En realidad hay que tener un extremo cuidado sobre hasta cuánto vamos a subirlo, porque podemos caer en la trampa de que la Organización Mundial del Comercio nos meta un juicio por un caso de exchange dumping", advirtió.

"Integración y competitividad", invocó el directivo como claves para el rubro, y consideró que para que Argentina pueda exportar más carne y ser competitiva, "nuestro servicio diplomático y nuestro ministerio de Agroindustria van a tener que hacer un trabajo fenomenal para lograr tratados de libre comercio con diversos países. Hoy sólo tenemos uno en el Mercosur, mientras los chilenos tienen 42".

Las expectativas del sector en ese sentido a corto y mediano plazo es lograr un acuerdo con la Unión Europea, la demorada apertura de Estados Unidos, la venta a China de carne con hueso, enfriada y menudencias y al sudeste asiático, Medio Oriente, Norte de Africa, Corea y Japón.

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