El agua metió la cola en la campaña agrícola

• Las perspectivas optimistas para el actual ciclo productivo se chocaron con la realidad climática. Márgenes ajustados

El clima «metió la cola» y modificó el escenario inicial de la campaña agrícola 2017/18 y los resultados del ciclo anterior. Con casi 10 millones de hectáreas afectadas por las inundaciones _80 por ciento en zonas ganaderas y el resto agrícola_ los márgenes de la actividad se deterioraron y transformaron la dinámica del negocio. "Los efectos negativos de esta situación son múltiples: mayores costos de producción, almacenaje y comercialización de granos, menor área sembrada y a cosechar en cultivos de invierno, elevados costos y menor producción en ganadería de carne y leche, imposibilidad de decidir la mejor fecha de siembra de los cultivos de verano (maíz, soja) y el riesgo de no poder sembrar en caso de que las condiciones no mejoren", resumió un informe elaborado por el Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de Fundación Mediterránea.

Aunque un panorama más estrecho en términos productivos puede alentar condiciones de mercado favorables para la Argentina, el contexto internacional no ayuda de cara a una nueva campaña en el Hemisferio Norte, que se avecina con "un significativo volumen de granos" y con stocks globales en maíz, trigo y soja que cerrará en los niveles más altos de la última década.

Los analistas aseguran que sólo la activa compra de China, que mantiene su ritmo, podría operar como un efecto nivelador de los precios y permitirle al productor argentino compensar vía cotizaciones el aumento de costos de una campaña pasada por agua.

Según el relevamiento de Ieral, a fines de agosto ya se contabilizaban 1,7 millón de hectáreas inundadas y 3,9 millones de hectáreas anegadas (suelos saturados), pero las lluvias posteriores agravaron la situación y pusieron en jaque a una superficie que oscila entre las 9 y 10 millones de hectáreas, particularmente en provincia de Buenos Aires.

Pero el efecto del agua golpeó más fuerte en algunos sectores que en otros. Así, las zonas inundadas alteraron la producción de los rodeos bovinos, tanto de carne y de leche y el implante y normal desarrollo del trigo, cultivo al que lo tomó en la etapa inicial de evolución. En cambio, fue más benévolo con otros granos como el maíz, que sintió el coletazo sobre el final de la recolección de la campaña pasada y aún tiene margen _por las zonas donde se implanta_ para salir airoso en el inicio de ciclo 2017/18.

El último informe del Panorama Agrícola de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires indica que finalizó la cosecha de maíz a nivel nacional de la campaña 2016/17 con una producción de 39 millones de toneladas. "A pesar de que aún restan cuadros puntuales por recolectar en las provincias de Buenos Aires, La Pampa y Córdoba, se da por finalizada la cosecha de este cereal en todo el país", indicó la entidad. "Luego de recolectar algo más de 4,86 millones de hectáreas", señaló,

El resultado fue positivo ya que el informe de precampaña de la entidad indicaba que se preveía una siembra de 4,5 millones de hectáreas y se superó ese número. También el resultado final de la campaña que finalizó estuvo casi 11 millones por encima del período 2015/16 cuando se recolectaron 28 millones de toneladas.

Muy distinto fue el panorama para el trigo. Según el PAS de la Bolsa de Buenos Aires, actualmente el 33 por ciento de las 5.350.000 hectáreas incorporadas durante el ciclo 2017-2018 aún presenta una condición de humedad excesiva, que, "si bien registró una mejora en los últimos días, continúa afectando el normal crecimiento y desarrollo del cereal". Sin embargo, el 45 por ciento del área nacional presenta un estado hídrico entre óptimo y adecuado, concentrado principalmente sobre las regiones del centro del país, donde la condición del cultivo es muy buena y se esperan rendimientos levemente por encima del promedio zonal.

El impacto del clima sobre las zonas afectadas por el exceso hídrico fue múltiple. "Resulta difícil cuantificar el costo económico completo que generará el fenómeno", indicó el relevamiento de Ieral, aunque dio una referencia para dimensionar los costos, al menos aquellos vinculados a la agricultura midiendo la pérdida de productividad. En el caso del trigo, cada hectárea que no pudo ser sembrada le cuesta (sólo como impacto directo) a la economía argentina aproximadamente 300 dólares, en términos de valor agregado no generado. En tanto, cada hectárea de trigo que llegó a ser sembrada pero que no podrá ser cosechada costará aproximadamente 400 dólares de valor agregado no generado más la pérdida patrimonial. Finalmente, cada hectárea de maíz que no se pueda sembrar en el ciclo 17/18 tendrá un costo para el conjunto de 800 dólares en cuanto a valor agregado no generado.

costos más altos. Hay además otras pérdidas generadas por el aumento de los costos de producción, esencialmente por los retrasos en la recolección, el transporte y almacenamiento, y la compra de insumos para atender enfermedades provocadas por los excesos de humedad.

"Hay en esta campaña mayores costos de almacenaje y comercialización de la producción agrícola del ciclo 16/17 por imposibilidad de traslado de los granos y/o deterioro en su condición", indicó Ieral y señaló también que "por la menor área sembrada y por en la cosecha de cultivos de invierno 17/18 (básicamente trigo)".

La Bolsa de Comercio de Rosario estimó que quedaron sin sembrar unas 150 mil hectáreas de trigo en el sudeste de Buenos Aires y que hay unas 100 mil hectáreas sembradas con el cereal que probablemente no se cosechen.

Ieral también apuntó a los mayores costos de producción para atacar enfermedades vinculadas al exceso de humedad, particularmente hongos, o por el encarecimiento de los insumos para la alimentación animal (pasturas deterioradas, perdidas, no sembradas, rollos afectados, etcétara.)

A esto se le suma la caída de la productividad en los rodeos bovinos (carne, leche) por malas condiciones del entorno como traslados complicados, alimentación de menor calidad, entre otras. "La cuenca del río Salado, una de las zonas más afectadas, es muy relevante para la ganadería argentina, concentra una gran proporción del rodeo de cría del que salen los terneros y terneras que abastecen luego a toda la cadena", indicó Ieral.

Finalmente, las inundaciones también abrieron un signo de interrogación sobre la próxima campaña. "Hay una imposibilidad de decidir la mejor fecha de siembra de cultivos de verano 17/18 (maíz, soja), con riesgo alto de no poder sembrar en caso que las lluvias continúen (incluso en ciclos normales, los campos no drenen y el exceso de agua se prolongue por varios meses", advirtió Ieral.

A todo eso "se sumará la necesidad de disponer en el futuro, cuando bajen un poco las aguas, de fondos para recuperar la infraestructura afectada, tanto pública como privada, desde caminos rurales hasta otros internos además del deterioro de la superficie cultivable de los campos y las instalaciones", indicó el informe.

Aún así, el PAS puntualizó que por el lado del maíz, la siembra de lotes tempranos continúa a buen ritmo en el centro del área agrícola nacional, "llegando al 12 por ciento del área estimada para estos planteos en la nueva campaña 2017-2018".

El trigo, en problemas. En cambio, el trigo, un cereal sobre el cual se tenían centradas todas las expectativas en función del aumento de área y de la mejor predisposición del productor argentino para sembrar, está atravesando una campaña compleja. Según el último dato del PAS de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, el cereal implantado en las regiones del NOA y NEA presentan una condición regular debido al déficit hídrico que se comenzó a registrar en el último mes, afectando el llenado de grano en lotes tempranos.

En paralelo, en las regiones núcleo norte, núcleo sur y sur de Córdoba el cultivo continúa transitando etapas de macollaje y principios de encañazón bajo una humedad que varía entre adecuada y óptima, aunque algunos ambientes bajos continúan registrando excesos hídricos y falta de piso para poder realizar aplicaciones de fungicidas y fertilizantes.

También aparecieron los problemas de sanidad propios de años húmedos. Por caso, en el centro-este de Entre Ríos se controló la aparición de roya y mancha amarilla en lotes próximos a espigar.

Por otra parte, en el norte de La Pampa y oeste de Buenos Aires "las pérdidas de área por los excesos hídricos acumulados podrían promediar entre un 10 por ciento y 30 por ciento en lotes que transitan etapas de macollaje y encañazón, en función de la fecha de siembra", aseguró el informe.

En esa zona también se detactó gran presencia de roya, mancha anaranjada y amarilla, aunque el estado del cultivo en ambientes altos es muy bueno. Una situación similar ocurre en el centro de Buenos Aires, región que actualmente presenta más del 55 por ciento de la superficie triguera con excesos hídricos y anegamientos.

Esto también llevó a que en zonas como en el sudoeste de Buenos Aires y sur de La Pampa se realizaron aplicaciones de fertilizantes nitrogenados en lotes que diferencian macollos con el fin de lograr los parámetros de calidad a cosecha. "En el sudeste de Buenos Aires, región que aportó el 12 por ciento del trigo implantado a nivel nacional, el cereal continúa transitando etapas vegetativas de macollaje y encañazón. Gran parte del área implantada se encuentra bajo exceso hídrico, limitando no sólo el crecimiento y desarrollo de las plantas, sino también la posibilidad de realizar aplicaciones de fertilizantes para reponer nutrientes en el suelo", indicó el relevamiento.

Una cadena afectada. La especialista de la Bolsa de Comercio de Rosario, Emilce Terré, indicó que "las lluvias impactan en el precio del trigo" y precisó que "los excesos de lluvia en algunas zonas y la escasez de agua en otras, ponen en alerta a la cadena triguera argentina en la línea de largada de la etapa crítica para definir rindes".

Así, "en un contexto en el que cada tonelada cuenta para sostener el brío exportador, el nerviosismo del mercado se trasladó a precios", indicó Terré.

El temor está centrado en que los excesos de agua que primero quitaron área de cobertura a las intenciones de siembra y luego dejaron lotes fuera de juego, comiencen ahora a impactar también sobre la calidad potencial del grano al aflorar enfermedades.

Por caso, en la zona núcleo específicamente, el relativamente cálido y húmedo invierno adelantó las etapas fenológicas de los cultivos, y parte de las siembras de la región núcleo atraviesan su etapa crítica de definición de rindes cuando aún no comienza octubre. En el sur de Córdoba y Buenos Aires, en cambio, la preocupación viene del lado de la escasez de agua que comienza a afectar el desarrollo de las plantas.

Respecto del impacto en el mercado, Terré indicó que si bien se venía descontando cantidad de trigo para la campaña próxima (el área sembrada no pudo subir todo lo que el productor deseaba, por lo que bajo un escenario normal de rindes la producción 2017/18 quedará un escalón por debajo del ciclo pasado), ahora el precio se acomoda a las expectativas de calidad.

En el recinto de operaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, los valores ofrecidos al inicio de esta semana quedaron por encima de la semana previa.

Abiertamente se pagaban hasta $ 2.800 por tonelada por la descarga inmediata, pero para lo que es trigo nuevo de la próxima campaña se ofrecieron 163,50 dólares por tonelada.

Además, sigue vigente la pretensión de los exportadores de asegurarse la mercadería. "Se destacan las compras por adelantado del sector por 3,3 millones de toneladas, el mayor volumen para esta altura del año de las últimas cinco campañas y prácticamente totalizando una tercera parte del saldo exportable total estimado", precisó Terré.

Todo eso sin prejuicio de los casi 12 millones de toneladas que llevan comprado del cereal en la campaña actual, el mayor volumen histórico para mediados de septiembre y que ya les permitiría pasar al siguiente ciclo comercial con un stock en manos del sector exportador de entre 1 y 2 millones de toneladas. Esa intranquilidad en el mercado local que se trasladó a una progresiva suba de precios en el cereal fino también podría encontrar un límite en la situación del contexto internacional.

Stock alto, precio bajo. Según Ieral, "hay mucho grano en el mundo" y ese sería un factor para planchar las cotizaciones en este ciclo agrícola. "La campaña agrícola mundial 2016/2017 está culminando dejando en existencias y de cara al nuevo ciclo un significativo volumen de granos", indicó.

Esto ocurre por varios motivos. "Cobertura frente a una posible eventualidad negativa, decisión de cartera de inversión o expectativa de un mayor precio futuro, muchos granos no son volcados al circuito comercial y pasan de una campaña a la otra, integrando lo que será la oferta de materia prima del nuevo ciclo", indico Ieral.

A nivel mundial el ciclo agrícola 2016/17 según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (Usda), los stocks globales de maíz, trigo y soja cierran en niveles altos en relación a los últimos diez o quince años, tanto en términos absolutos como en relación al consumo normal de cada grano.

Por su parte, el ciclo agrícola de Estados Unidos 2017/2018 será finalmente bueno. Se proyectan 121 millones de toneladas de producción de soja y 61 millones de ex portación, en ambos casos nuevos records históricos. Respecto al maíz, se prevé una producción de 360 millones de toneladas, menos que el ciclo previo (-7 por ciento).

"De cualquier modo, la noticia es que la cosecha 2017/2018 se sumará a existencias altas de fines del ciclo pasado, conformando una oferta de granos disponible generosa para abastecer al mercado", advirtió Ieral.

De todos modos, "China ayuda a evitar caídas de precios", agregó Ieral y señaló que sus importaciones de soja crecen 17 por ciento en los primeros ocho meses del año y apunta a un volumen de 93 millones de toneladas en el ciclo comercial 2016/2017 (período octubre / septiembre), 11 por ciento más que el ciclo previo.

Así, los mercados de futuros parecen encontrar fundamentos que actúan como piso, y muestran valores estables o levemente superiores para los meses que siguen y para la época de la próxima cosecha de la Argentina. Tal vez, la mejor noticia en medio de una campaña que no fue lo que se esperaba.

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