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Viernes 21 de Octubre de 2011

Campaña con resultado cantado

Terminó la campaña electoral menos sugerente que recuerde la historia política argentina contemporánea. Desde el momento en que se conocieron los resultados de las primarias, los dos meses que constituyeron el intermezzo, hasta el mojón que culmina hoy, parecieron, apenas, el bonus track de un disco ya formateado.

 

Terminó la campaña electoral menos sugerente que recuerde la historia política argentina contemporánea. Desde el momento en que se conocieron los resultados de las primarias, los dos meses que constituyeron el intermezzo, hasta el mojón que culmina hoy, parecieron, apenas, el bonus track de un disco ya formateado.

Sólo resta dilucidar y quemar alguna adrenalina en la provincia de Santa Fe, que ingresa a la veda con el interrogante de no conocer aún al ganador de las elecciones. No será un dato político menor en un escenario que, por lo demás, mostró características casi paródicas en el firmamento opositor. La pelea por Santa Fe queda reflejada en el súbito interés oficialista por caminar la provincia una y mil veces tras el 14 de agosto.

El ministro de Economía y candidato a vicepresidente, Amado Boudou, se aquerenció en la provincia como un paisano santafesino y hasta posó para las fotos con el adversario hasta hace poco más recalcitrante de los habitantes de Balcarce 50: Eduardo Buzzi, presidente de Federación Agraria, quien jaqueó al gobierno nacional durante la crisis del campo por la resolución 125. El número 2 de Cristina, a la vez ministro estrella del Ejecutivo, tuvo siempre como escuderos a Omar Perotti (primer candidato a diputado nacional) y a la diputada provincial electa María Eugenia Bielsa, la nueva chica de la tapa del kirchnerismo.

La guitarra de Boudou. Boudou tocó la guitarra con La Mancha de Rolando en la ciudad capital, se subió a una moto en Venado Tuerto, se sacó fotos con los otrora impulsores de los "piquetes de la abundancia" y terminó ayer mismo almorzando con Elías Soso en la Asociación Empresaria. La recurrentes escalas santafesinas del ministro persiguieron una lógica pulimentada: hacerse visible en el territorio en que el oficialismo tuvo un margen de victoria mínima. Para el kirchnerismo ganar Santa Fe constituye un capítulo especial.

Pero mucho más especial resulta para Hermes Binner, quien según todas las encuestas quedará como el opositor más votado. Si el candidato presidencial del Frente Amplio Progresista termina segundo, con un triunfo en la provincia, se parará hacia futuro de una forma mucho más expectante que si es derrotado en su propio redil. Lo entendió el gobernador en los últimos días al decidir cerrar su campaña en Rosario, ciudad a la que la jefa del Estado tampoco dejó de lado en sus recorridas.

Otro de los escasos incentivos para el análisis político tiene que ver con las elecciones a diputado en la provincia. ¿Se romperá la polarización entre el Frente para la Victoria y el Frente Amplio Progresista? ¿Logrará la UCR hacer ingresar a Federico Pezz? ¿Pablo Javkin encontrará en las urnas los 40 mil votos que le faltan para ser legislador nacional? ítems que en otra realidad competitiva no hubieran merecido más que un par de líneas pero que ahora, ante la futilidad de la campaña, adquieren alguna importancia mínima para el micromundo de la política local.

Ya está escrito en la primera página del libro que Cristina Fernández dispondrá de un futuro venturoso a la hora de hacer y deshacer, con amplia mayoría en las Cámaras legislativas y con panorama poselectoral en las provincias demarcado por la letra K.

Papelones en serie. Los múltiples papelones de la oposición auguran meses y tal vez años de reproches, pases de factures y reordenamientos entre un montón de ex caciques que deberán pasar a retiro efectivo, espantados por el rechazo mayoritario en las urnas. Los opositores hicieron todo lo que no debían hacer si pretendían mojarle la oreja a un gobierno que se posa en lo más alto de la pirámide, con una buena gestión solidificada por los números de la economía.

Las peleas tempranas entre radicales y socialistas por Francisco De Narváez terminó con el candidato a gobernador bonaerense abrazado a Alberto Rodríguez Saá y ya no a Ricardo Alfonsín, tras una interminable voltereta que desnudó las carencias propias más que cualquier estrategia acuñada desde el kirchnerismo para hacer daño.

Por el vector peronista disidente, Eduardo Duhalde y el gobernador de San Luis jugaron un picadito aparte, restándose votos entre sí y prestándose a un mar de acusaciones que no hizo otra cosa que terminar llevando agua hacia el molino presidencial. Párrafo aparte para Elisa Carrió, quien comprueba por estas horas la volatilidad de los avales políticos en la Argentina: la misma sociedad que aupó a Lilita hacia un altar impensado en 2007 hoy le hace morder el polvo y la entrega al escarnio de pelear un voto más o un voto menos con Jorge Altamira.

Lo mejor de esta insípida campaña electoral es que hoy se terminó.

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