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Domingo 20 de Diciembre de 2015

Cambio climático para ingenuos

En la Cumbre se habló de las alteraciones que se producen en las temperaturas, que tienden a ser más elevadas, las lluvias y la frecuencia de eventos extremos como sequías, inundaciones, tornados y huracanes.

¿Qué se puede decir del Acuerdo de París una semana después? Siete días atrás todo era festejos, en parte justificados porque este tratado de valor universal —que deberá no obstante ser aprobado por los congresos de cada país— era algo que se buscaba desde hace unos 20 años; y con el antecedente del frustrado Protocolo de Kyoto en el medio (frustrado justamente por la oposición republicana-petrolera en el Congreso de los Estados Unidos).
  Pero hagamos una cosa: simulemos que durante esta semana no se habló nada del cambio climático ni del esfuerzo mundial para evitar sus peores consecuencias y empecemos todo de cero. Algo así como un cambio climático para principiantes, que sirva de repaso para saber dónde estamos y hacia dónde vamos.
—-Entonces, ¿qué era en verdad el cambio climático?
—Es la modificación en patrones clave del clima como temperatura (que en promedio sube) y lluvias, y el aumento de la frecuencia de eventos extremos como sequías, inundaciones, tornados y huracanes, entre otros fenómenos “naturales”.

—¿Hay certeza de que se originó por la actividad humana?
—A lo largo de la vida en la Tierra ha habido numerosos cambios climáticos, incluso desde que el ser humano empezó a contar la historia. Pero ahora el problema está originado en la actividad industrial que ha desenterrado toneladas y toneladas (gigatoneladas) de carbón y sus variantes para generar energía durante más de 200 años. Ese carbón quedó en la atmósfera en forma de dióxido de carbono (CO2), lo que provoca el efecto invernadero, por el cual entra el calor del sol y no sale.

—¿Qué se acordó en París?
—La situación antes mencionada se sabe desde hace más de dos décadas (y varias más desde que los primeros investigadores notaron la relación entre el dióxido de carbono y el aumento de temperatura) y cada vez hay más científicos que la comprueban de muchas maneras. De hecho, el debate científico, si alguna vez existió, ahora está terminado: hay calentamiento y el ser humano es la causa. Esos resultados científicos y la prevención a través de modelos de lo que sucedería si se siguiera contaminando generaron una Convención dentro de Naciones Unidas para tomar decisiones políticas que limitaran los efectos. Después de muchas idas y vueltas, y en la reunión 21 (recién en la COP21!), se firmó este tratado de alcance universal para tomar decisiones más o menos drásticas a partir de 2020.

—¿A qué se obligan los países?
—Para evitar la división entre contaminadores históricos (países desarrollados) y nuevos contaminadores (en desarrollo, sobre todo los que crecen a tasas chinas o están superpoblados) que malogró los intentos de 1997 y 2009 (en Copenhague), se propuso que cada país dijera en cuánto piensa reducir sus emisiones de gases contaminantes desde 2020. Ese mecanismo autopropuesto tiene ahora rango de tratado internacional.

—¿Con esto se soluciona el problema?
—Ni de cerca. De hecho, es una de las contradicciones que se encargaron de marcar los científicos (ver recuadro) en el mismo texto del Acuerdo. Es algo que no escapa a nadie. Por eso se espera que todos los países afinen el lápiz para que esas metas sean superadas ampliamente.

—¿Qué está obligada a hacer Argentina?
—La propuesta de Argentina, presentada a la ONU en octubre, indicaba que reduciría a partir de 2020 sus emisiones en un 15 por ciento motu proprio, y un 15 por ciento extra condicionado a la financiación internacional. Pero con el cambio de gestión a nivel nacional, el principal referente ambiental del PRO, Juan Carlos Villalonga, pese a que es diputado y no tiene cargo ejecutivo, se puso de alguna manera al frente de la delegación argentina sobre el final de esta COP de París, y entre otras cosas señaló la necesidad de revisar técnicamente la propuesta nacional, así como adelantó su intención de atraer al país inversiones en energías renovables.

—¿Qué podría pasar si no se cumpliera?
—Todo el mecanismo de la ONU se basa en la buena voluntad de los países y en la conciencia de que se está ante una situación inédita y grave. Pero no hay prevista ninguna sanción para los que no cumplan con el Acuerdo.

—¿Por qué hay ambientalistas que se oponen?
—Si bien muchos festejaron, y a los gritos, aquí en Francia el Acuerdo, hay una buena porción de activistas ambientales que está en contra, porque creen que el tratado pudo haber sido más ambicioso y que la ONU les dio demasiado peso al lobby petrolero y de empresas.

—¿Quién financia todo esto?
—Es uno de los puntos clave y que no quedó del todo zanjado en París pese al esfuerzo de los países en vías de desarrollo. Ya desde hace algunas COP's está claro que hay que solventar un fondo anual de más de 100 mil millones de dólares para hacer frente a la situación. Pero, como reconoció en diálogo con este enviado Magdy Martíney Solimán, mano derecha del secretario general de la ONU Ban Ki-Moon, las finanzas llegan a cuentagotas.

Marketing climático, una visión local

El Taller Ecologista de Rosario manifestó su opinión ante la cumbre del clima en París: "Las noticias de la cumbre de París no son buenas. Se han desdibujado las responsabilidades compartidas, o sea, que todos somos responsables pero no en la misma medida. Y esto no es sólo para la relación entre países, sino que se refleja en el interior de cada uno. Resulta que los principales responsables de las emisiones históricas, que nunca redujeron nada, ahora exigen que los países emergentes lo hagan. Más allá de que tengamos que hacerlo, resulta inaudito abandonar las metas de reducción obligatorias para los países responsables de las emisiones históricas.
  "El proceso hacia la Cumbre se encontró signado por un debilitamiento del multilateralismo y una captura corporativa de la Convención; un aceitado proceso de dilución de las responsabilidades históricas; un incremento del peso de las alternativas de mercado asociadas a la financiarización y mercantilización de la naturaleza; el desarrollo de falsas soluciones, como los mercados de carbono, los proyectos de Reducción de Emisiones por deforestación y Degradación de los bosques (Redd), transgénicos, agrocombustibles, centrales nucleares , fracking, geoingeniería, entre otros, que intentan desdibujar el ataque real a las causas del calentamiento global y la participación de las grandes empresas e instituciones financieras internacionales que esperan obtener ganancias a expensas del clima y de las comunidades.
  "En este marco es necesario asumir que no hay soluciones debilitando el multilateralismo. Que debe haber un compromiso vinculante y obligatorio de los países desarrollados para reducir sus emisiones, y que debe implementarse un proceso de transferencia de recursos y tecnologías para la adaptación y mitigación del cambio climático en el Sur global.

¿Y por casa?

  "El reclamo de medidas en el marco internacional no nos exceptúa de abordar nuestras propias responsabilidades como país. En este marco, los compromisos asumidos por el gobierno nacional de reducción incondicional del 15% de las emisiones que habría en el 2030, resultan una vergüenza. Más aún si se tiene en cuenta que entre las medidas consideradas se ubica al desarrollo de la energía nuclear.
  "En nuestra ciudad, mientras tanto, impera el marketing climático. Hace años que el gobierno municipal se empeña en ser un habitual participante en diversos foros sobre clima, sin poder mostrar más que algunas acciones desarrolladas. Acciones importantes pero claramente insuficientes.
  "Después de años de discurso, no tenemos un balance de emisiones. Esta crisis global tiene su génesis en el modelo de producción y consumo, en nuestra relación expoliadora con la naturaleza, de los territorios y de sus habitantes. Sin dudas las propuestas de economía verde y de mercantilización y financiarización de la naturaleza sólo agravarán la crisis.
  "Para hacer frente a estas crisis es necesario un cambio de sistema que modifique las relaciones de producción y consumo, que reconstruya nuestras relaciones con la naturaleza, entendiéndola como un patrimonio y no como una forma de capital, de manera de hacer posible la sustentabilidad de la vida.
  "Necesitamos cambiar el sistema, no el clima", concluyeron desde la entidad local.
 

Atención turistas

Dentro del esfuerzo generalizado para reducir emisiones de gases contaminantes el sector turístico juega un papel importante. Sobre todo si se tiene en cuenta que es uno de los más rentables del mundo, y hay algunos que lo equiparan en números a lo que mueve el petróleo. Pero, mientras el antiguo oro negro está (o se supone que estará) en franca retirada, el turismo lo único que hace es crecer. Por eso, compañías como Airbnb (el portal fundado en 2008 que permite acceder a alojamientos en casa y departamentos directamente con los dueños) se sumaron a la Acción Climática.
  “Airbnb promueve un uso más eficiente de los recursos existentes y es una forma de viajar más respetuosa con el medio ambiente. Esta forma de alojamiento tiene como resultado un consumo de energía y agua más bajo, emisiones de gases de efecto invernadero más reducidas y una menor producción de residuos al mismo tiempo que fomenta unas prácticas más sostenibles, tanto entre los anfitriones, como entre los huéspedes, según estudios independientes”, señaló a Más un representante de la empresa, que auspiciaba un acuerdo como el que se dio en París.
  Airbnb es una de las 154 empresas que se sumaron a la iniciativa del gobierno de Barack Obama para reducir emisiones en vistas de cumplir lo que el país prometió. Sin embargo, hay voces que alertan respecto de que el sector podría hacer más sobre todo en lo que tiene que ver con movilidad de personas. Es lo que dijo aquí, por ejemplo, el científico Kevin Anderson, director del Centro Tyndall para la investigación del cambio climático en Manchester: “Es un serio error haber quitado del Acuerdo de París toda referencia a la aviación y el transporte, sectores intensos en carbono. En ese sentido, es peor que lo que fue Copenhague”, remató.

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