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Sábado 30 de Agosto de 2014

Cambiar de esquema no es traicionar

El mayor capital de un equipo es no resentir su funcionamiento a pesar de los nombres. Cuando un entrenador logra eso, puede darse por realizado.

El mayor capital de un equipo es no resentir su funcionamiento a pesar de los nombres. Cuando un entrenador logra eso, puede darse por realizado. El problema comienza cuando el enamoramiento por el sistema atenta contra las bondades de un estilo. Si no hay, no hay. Si no hay un nueve de las características de Scocco, quizás sea mejor cambiar antes que priorizar una forma de jugar. Pasado a apellidos. Es muy probable que con Maxi Newell’s pueda jugar de la misma forma que con Nacho gracias a la ductilidad y jerarquía de Rodríguez. Pero Fidryszewski, por ejemplo, tiene otras condiciones y si Newell’s no retoca su costumbre, probablemente el pibe, si es que le toca jugar, caiga en las mismas garras que maniataron a Trezeguet. David, con su enorme jerarquía para moverse en el área, la veía pasar. Cambiar no es traicionarse, todo lo contrario. Se podría ampliar el espectro de análisis al equipo todo y allí, probablemente, se llegaría a una conclusión compleja que en Newell’s algunos reciben casi como un insulto: este equipo no tiene los mismos intérpretes que tenía el de Martino, ni la etapa de rendimiento de los futbolistas coincide con aquella. Debe sonar muy fastidioso leerlo para quién se enamoró a primera vista de un estilo. Pero ese mismo formato debe transformarse en negociable si redunda en beneficio del funcionamiento del equipo, que al fin y al cabo es lo único que cuenta.

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