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Domingo 22 de Diciembre de 2013

Calor, cortes de luz y roscas humeantes

Los rosarinos cierran una semana en la que la coyuntura estuvo lejos de avivar la tan mentada dulzura navideña

Los rosarinos cierran una semana en la que la coyuntura estuvo lejos de avivar la tan mentada dulzura navideña. En el centro no abundaron los villancicos sino el ruido atronador de los grupos electrógenos, los taxis volvieron a pegarse el faltazo en las horas pico, el insoportable calor alteró aún más los ánimos y en la zona sudoeste la clásica falta de presión de agua se agudizó con las fallas en las bombas extractoras de Assa.

El universo de diciembre trajo consigo además el inusual adelantamiento de la rosca de Reyes. Humeante y crujiente, salió del horno del Concejo la semana pasada, cuando hubo que aprobar el aumento del boleto. Y tuvo su reedición estos días, con el fallido intento de aval al revalúo de las tasas municipales.

Eternas negociaciones se vivieron en el Palacio Vasallo, donde los operadores del Frente Progresista dejaron al desnudo otra vez sus disidencias internas. Es que en un cuerpo sin mayoría absoluta es necesario, imperioso y saludable encontrar consensos. Y si para buscarlos están divididos, todo se complica.

Hasta la mística canalla metió la cola. Aldo Poy se fue a recrear el eterno vuelo de su palomita a Estados Unidos y dejó a las espadas de Fein en una búsqueda frenética de voluntades que no alcanzaron para aprobar el aumento de la TGI.

Este doble comando del oficialismo, que por un lado negocia voluntades con una parte del arco opositor y por el otro con el PRO, puede dejar a la intendenta sin presupuesto hasta febrero, lo cual sería tremendo para las arcas municipales. Mañana será el Día D. Mientras tanto, el mes más estresante del año sigue su curso.

En fin... más de lo mismo. Todos los años la postal de diciembre es idéntica y el malhumor de los vecinos es razonable, por más que se expliquen una y otra vez las inversiones realizadas en materia energética. No resiste el más mínimo análisis, es directamente inexplicable que un hombre haya volado seis metros tras el estallido de una celda subterránea de la EPE en pleno Paseo del Siglo, como sucedió el miércoles pasado a las cinco de la tarde. Remanida si las hay, la frase "de milagro" volvió a caer justa otra vez para explicar cómo esto no fue una tragedia.

A varias cuadras de allí, en los barrios Las Delicias, Plata y Hume, los vecinos mostraron una y otra vez boletas de 200 y hasta 400 pesos de Assa (algunas son aún más abultadas) por un servicio que en ese sector de la ciudad (sudoeste) se presta de manera pésima.

¿Cómo se entiende que una mujer tenga que juntar en un balde lo que cae de su aire acondicionado para poder así limpiar el piso? ¿O que otro vecino asegure que se gastó cinco mil pesos en una bomba para extraer agua de pozo y así por lo menos hacer frente al lánguido hilito de líquido que sale de las canillas?

El problema de presión de agua en la zona sudoeste de la ciudad no es de esta semana. Hace años que los vecinos conviven con ese drama y sin embargo también hace años que nadie les aporta soluciones. Alguna vez un iluminado pensó que con un organismo de control como el Enress los usuarios estarían defendidos de estas malas prestaciones. Las pruebas indican lo contrario. ¿Acaso el ente de control que se quiere crear para supervisar a la EPE funcionará igual? Se espera que no.

Eso sí, religiosamente estos atribulados contribuyentes del sudoeste pagan sus cuentas de Assa, tal vez por esa costumbre arraigada de los ancestros italianos o españoles de no tener deudas con nadie.

Los que tienen más suerte son los comerciantes del centro. Grandes generadores llegaron el viernes para dar algo de energía a los negocios de un sector de la peatonal luego de un día entero sin luz. Cuando los afectados fueron comerciantes de los barrios más alejados los generadores no llegaron. ¿Será que en el centro el problema es más visible? Eso sería ser mal pensado.

Pero en este diciembre que se repite monótono, incómodo y caluroso año tras año, al menos esta vez hay una buena señal. Créase o no... ¡no hay mosquitos! Y eso merece celebrarse más que nunca. Al fin de cuentas, y como reza el eslogan, Rosario es "la mejor ciudad para vivir".

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