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Jueves 03 de Septiembre de 2015

Caloi, su tinta y su mirada particular

Sus viñetas, dibujos y entrañables personajes como Clemente, exhibidos en una muestra que reúne gran parte de la producción del notable dibujante y humorista.

“Era un tipo profundamente contemplativo que, sin proponérselo, te hacía ver las cosas de otra manera: te daba vuelta el libro”, dice María Verónica Ramírez, compañera de Caloi. Esa particular manera de mirar es la que recorre la muestra que hasta el 27 de este mes se expone en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa.
  “Era capaz de pasarse una tarde observando cómo empezaba a florecer el árbol de la cuadra o de llamarme una noche desde la ventana: «Asomate, María: te regalo una luna...»”, agrega María Verónica en un texto que integra el catálogo de la muestra y que desde el centro cultural le pidieron especialmente que escribiera para acompañar los trabajos de Caloi.
  Carlos Loiseau, Caloi, nació en Salta en 1948 y murió en San Telmo en 2012. Sus primeros trabajos aparecieron en 1966 en la legendaria revista Tía Vicenta, fundada y dirigida por Landrú, y en su sucesora, María Belén. Dos años después y hasta 1971 integró como dibujante las secciones de humor y política de la revista Análisis. En 1968 también comienza su larga y fecunda vinculación con Clarín, al que estaría ligado hasta su fallecimiento y cuya última página compartió con colegas que fueron sus grandes amigos: Fontanarrosa y Crist, junto a Tabaré, Bróccoli y Altuna, entre otros.
  Sus dibujos aparecieron también en revistas como La Hipotenusa, Tío Landrú, Panorama, Siete Días, La Bella Gente, Semana Gráfica, Cronopios, Satiricón, Atlántida, Mengano, La Jeringa, Primera Plana y otras.
  Pero su personaje Clemente fue, sin dudas, el más popular. Su historia comenzó en 1971 cuando publicó Bartolo, una historieta protagonizada por este personaje, un motorman de tranvía, y su mascota Clemente, una especie de palmípedo a rayas, con trompa y sin alas, lo que de todos modos no le impide volar. Poco a poco Clemente se ganó todas las miradas y pasó a ser el protoganista de su propia historieta. Fue la creación más exitosa de Caloi y se convirtió en un verdadero ícono popular por su pasión por el fútbol y las mujeres y por su crítica ácida y punzante a los políticos, el poder, los males del país y del mundo.
  El cine y la televisión tuvieron aportes de Caloi desde el cortometraje Las invasiones inglesas, de 1971, a la creación en 1990, junto a Ramírez, su compañera, del ciclo Caloi en su tinta, programa dedicado al cine de animación de autor, la historieta, el diseño gráfico, la ilustración y las artes plásticas. Un espacio en la TV que se destacó por la calidad de los cortos que el propio Caloi presentaba. Una vuelta al mundo de la animación.
  Y justamente desde la animación Caloi tejió una amistad con Rosario, en particular con la Escuela de Animadores de la cual era padrino. Poco antes de su fallecimiento estrenó Anima Buenos Aires, largometraje animado con producción y dirección general de María Verónica Ramírez y del que participaron integrantes de la Cooperativa de Trabajo Animadores de Rosario, entre 2009 y 2011, con dibujos de los locales Max Cachimba, Luis Lleonart, Silvia Lenardón y Flor Balestra. La música fue de Fernando Kabusacki y Pablo Rodríguez Jáuregui dirigió una de las historias que integran el filme.
  Rosario ahora recibe una vez más a Caloi, su forma de mirar, sus dibujos y personajes en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa, hasta el 27 de este mes, de lunes a viernes de 9 a 21 y los fines de semana de 10 a 20.

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