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Viernes 29 de Abril de 2011

Cada vez más chicos extranjeros eligen Rosario para convivir

Prefieren la Argentina porque dicen que es “un país seguro” y a la ciudad porque “es hermosa”. Una nueva forma de aprender sobre diferencias culturales. Tienen entre 15 y 18 años y se alojan en casas de familias entre 5 meses y 1 año.  

Se sorprenden de lo “ruidosas” que son las clases, que se pueda hablar y atender al mismo tiempo. Les encanta salir “todos los fines de semana a los boliches”. Aseguran que Rosario “es una ciudad hermosa”, y que la Argentina “es un país seguro”, con gente amigable y siempre dispuesta a conocer. Son estudiantes extranjeras que por un programa de intercambio cursan el secundario en la ciudad. En poco tiempo regresarán a sus hogares, pero ya afirman que el principal aprendizaje que se llevan de vuelta es el valor por lo diferente.

Dos de las principales agencias internacionales que gestionan estas iniciativas aseguran que en los últimos 5 años se duplicó el número de estudiantes extranjeros que llega a la ciudad. Ariane es de Francia, Amelie de Alemania, Karen de Dinamarca y Blossom de Holanda. Las cuatro se reparten en los dos últimos años del secundario del Normal Nº 1, de Entre Ríos y Mendoza. Asisten a clases y tienen que estudiar,
hacer tareas y aprobar exámenes como cualquier otro estudiante. Pero además aprender el español, acomodarse a las costumbres locales y compartir el tiempo de vida con una “familia postiza”, como la
llaman.

Las jóvenes se fascinan hablando de la vida social que tienen aquí, confiesan que se sorprendieron un poco sobre el “ritmo” de las clases y no ahorran palabras para decir que la experiencia les muestra que
se puede tener una “mente abierta” a otras culturas. Pero como en todo intercambio, los aprendizajes son enriquecedores para uno y otro lado. Dos alumnos del Normal que viven en Rosario, Lorna Miranda y
Rodrigo Beltrandi, se suman a la charla para decir que para ellos “ya es natural” recibir estudiantes extranjeros, que “siempre son bienvenidos” y que aprecian la experiencia porque así “se conoce mejor de
todo un poco de otros países”.

Idioma y cultura “Yo quería viajar a la Argentina para aprender a hablar el castellano, y conocer un país de América latina, pero no sabía bien cuál. Muchos que ya la conocían me la recomendaron porque la habían pasado muy bien con gente muy buena onda”, cuenta Ariane Seibert, la francesa de 18 años. Amelie Kramer tiene 17 años y es de Alemania. “Quería conocer un país, su cultura pero no como turista sino de una manera más profunda, desde sus costumbres, cómo vive la gente, cómo es su mentalidad y el idioma”, dice. “Elegí la Argentina porque mi mamá estaba de acuerdo con el intercambio, pero no quería un país peligroso como Venezuela o México, que también me interesaban. Y como yo quería moverme, salir con amigos al parque y no siempre estar con miedo elegí este país”, repasa Amelie que ya lleva 8 meses en la ciudad. Blossom van der Zwan es la más joven de las cuatro, viene desde Holanda, tiene 16 años y cursa 4º año. “La verdad es que mi primera idea  de intercambio era ir a EEUU pero después me gustó la idea de conocer la Argentina y aquí estoy”, confiesa con una gran sonrisa y un español que le delata un inconfundible acento extranjero.

También Karen Nielsen sabía que quería viajar por el mundo. “Mi papá tiene una amiga que vive en Mendoza, y me entusiasmó con venir a la Argentina”, comenta la joven danesa, que hace 8 meses que está en Rosario, y que considera que “efectivamente la Argentina es un país muy bello”. Los estudiantes extranjeros que llegan para convivir un buen tiempo en la ciudad no están solos. Viven en hogares que los “adoptan”
por el tiempo que van a permanecer, y en los colegios a los que asisten cuentan con el acompañamiento de los profesores, además del seguimiento que hacen los coordinadores o voluntarios de las organizaciones internacionales que intervienen en estos intercambios.

“Soy el nexo entre las institucio- nes y el Normal, tengo a cargo ayudar a los alumnos ante cualquier dificultad en lo que respecta a su integración y aprendizaje”, cuenta la profesora Gabriela Dichiara. La educadora es la responsable de confeccionar los informes con conceptos o notas al finalizar el cursado de las clases.

Junto a la vicedirectora del establecimiento de lenguas vivas, Sandra Mazaitis, repasa que hace 5 años que comenzaron con este tipo de intercambios prolongados, ya que habitualmente reciben contingentes de alumnos de otros países, pero por un tiempo mucho menor. “Para nuestros alumnos es un aprendizaje valioso, de vida, de valores que a veces cuesta enseñar de otra manera”, acuerdan.

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