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Sábado 22 de Diciembre de 2012

Cada vez hay más escuelas rurales afectadas por las fumigaciones con agrotóxicos

Distintos testimonios hablan de un mal que se repite a lo largo de toda la provincia de Santa Fe y de otras vecinas

"No se respeta que los chicos estén en la escuela" lanzó la directora de la Escuela Provincial Nº 6.309 "Revolución de los Siete Jefes", Silvia Migno, del paraje Villa Lasternia del distrito San Justo, para graficar la preocupante situación en la que se encuentra la comunidad educativa del establecimiento, a raíz de los riesgos a los que son sometidos por la aspersión de agroquímicos hasta los límites mismos del terreno escolar. Una situación que se repite en la mayoría de los establecimientos educativos rurales del territorio santafesino y en las provincias vecinas, Córdoba y Entre Ríos.

La escuela en la que trabaja Silvia Migno está emplazada en plena zona de producción agrícola y por lo tanto sus alumnos y maestros reciben el impacto que genera esa actividad. "Alrededor de la escuela se siembra soja y maíz transgénicos y se fumiga con glifosato con los artefactos que en la zona llamamos «arañas» o «mosquitos» para aplicaciones terrestres y en forma aérea con aviones".

Con diversos matices, la historia que cuenta la maestra es similar a la que les toca protagonizar a la mayoría de sus pares que prestan funciones en las 800 escuelas rurales emplazadas en Santa Fe y a sus alumnos. La diferencia está en que Silvia se anima y, contra las recomendaciones de sus superiores, arremete contra las corporaciones y describe sin tapujos la realidad que enfrenta día a día y los efectos que los químicos agrarios producen en los niños. Incluso, recientemente fue entrevistada por una organización ecologista internacional que intenta advertir sobre los peligros de permitir el ingreso de cultivos transgénicos a Europa, un tema que se debate en el Parlamento europeo en estos días.

Sobre este tema, la secretaria general de la Asociación del Magisterio de Santa Fe (Amsafé), Sonia Alesso, advirtió que no hay que cometer el error de pensar que este inconveniente se circunscribe a las escuelas rurales. "El problema de la aplicación, almacenamiento y traslado de agroquímicos, afecta también a las escuelas urbanas de muchos pueblos santafesinos", explicó y detalló que "en muchos de esos lugares los vecinos se plegaron a la lucha que hoy impulsa el colectivo «Paren de fumigarnos»" (Ver aparte).

Informe. Ya en 2011 y en el informe "Escuelas rurales fumigadas con agrotóxicos", el gremio había advertido que los agrotóxicos afectaban el aprendizaje de los chicos, y que "además de eliminar algunas supuestas especies plagas, contaminar y simplificar la fauna edáfica, hacer perder calidad al agua subterránea y convertir a las aguas superficiales en cámaras de tortura para la ictiofauna, eliminan neuronas, generan problemas a nivel endócrino, potencian enfermedades respiratorias y disparan las estadísticas de abortos, malformaciones y cáncer".

"El trabajador, el docente, el que todos los días tiene que ganar su pan no tuvo opción, debió aceptarlo. Al político le dio poder. Al que tiene que controlar, la plata de la soja le dio poder. Entonces, como ese poder les ayuda a mantenerse en un cargo, evitan controlarlo", explicó con una contundente simpleza y bajo un cúmulo de emociones la maestra Silvia Migno. "En los chicos veo dificultades de aprendizaje y alergias. También una gran cantidad de mujeres que deciden ligarse las trompas, como una manera de evitar tener hijos enfermos", aseguró.

"Si no tomamos conciencia de lo que está pasando les dejaremos un futuro duro y difícil a nuestros hijos. No le dejaremos independencia. Solo tierras empobrecidas, agua envenenada, enfermedades incurables. La soja transgénica está usando y envenenando a la tierra. Piensen qué independencia económica pueden tener si se quedan sin la tierra", razonó.

Como corolario, en el documental que se difunde en Europa, la maestra recomendó a los dirigentes que "antes de decidir que en su país siembren soja transgénica que vengan y vean cómo quedarán sus campos".

Sensores sociales. Sin temor a equivocarnos se puede asegurar que las primeras alarmas sobre el impacto social y en la salud de las personas que produjeron los químicos agrarios se detectó en las escuelas, que ante estos temas se constituyen en verdaderos sensores que se activan de manera temprana. La decisión de interpretar los problemas y trasladarlos a los ámbitos específicos para revertir las situaciones de peligro depende ya de otros factores que tienen que ver con decisiones políticas.

► A mediados de 2006, en la localidad de Las Petacas se conoció que había niños que oficiaban de banderilleros para marcar el paso de las máquinas que asperjan agroquímicos. Fue en la escuela donde funcionarios del Ministerio de Trabajo de la provincia lograron establecer la existencia de trabajo infantil en la localidad y labrar las actas de infracción correspondientes. Luego de cursos de capacitación en materia ambiental, fue en ese ámbito donde también los estudiantes denunciaron diversas irregularidades con el manejo de agroquímicos dentro de la planta urbana. Estos episodios se suceden con mucha frecuencia en las regiones agrarias del país, pero ocurre que no es habitual que los docentes se animen a denunciar por temor a exponerse a presiones externas de la comunidad en la que desarrollan sus actividades o incluso por recomendación de sus superiores.

► En junio de 2011 una maestra de manualidades de la escuela rural primaria Almafuerte, del paraje El Ombú, distante seis kilómetros del centro de Arroyo Seco, denunció que un vehículo de los denominados "mosquito" fumigó un campo situado frente a ese establecimiento escolar, a una distancia de sólo 15 metros y en horario de clases. La directora de la institución se excusó de intervenir en el asunto y fue el personal no docente del establecimiento el que aseguró que esas prácticas ocurrían a menudo y que en algunos casos las aplicaciones se realizaban con aviones.

► En plena Cuña Boscosa, en la localidad de El Sombrerito ubicada a unos 70 kilómetros al norte de Reconquista, la profesora de ciencias naturales, de la Escuela Rural Nº 578, contó hace dos meses que en esa y otras escuelas fumigadas del norte santafesino donde se desempeña se cultivan y fumigan los campos cercanos. "En la escuela del paraje Ñandubay, 25 kilómetros al este de La Gallareta, nos fumigaban muy cerca del aula y tanto los chicos como los profesores teníamos luego problemas respiratorios. También afrontábamos el inconveniente de que muchos chicos faltaban a clases porque eran tentados para trabajar como banderilleros o para lavar las máquinas aplicadoras".

► La maestra del Jardín de Infantes de la Escuela 6.205 de La Sarita (General Obligado), Fabiana Ramos, contó que el edificio escolar está rodeado de cultivos. "Separados por una calle hay un lote en barbecho, fumigado hace poco. A los costados, sin ninguna distancia, crece el trigo. Con ese contexto conviven diariamente niños y niñas, muchos de los cuales son fumigados también en sus casas. Fue trabajando en las escuelas que comencé a ver este problema. Hace unos años en la escuela 1142 de Paraje El Uno, cercano a La Sarita y mientras se desarrollaba una reunión de madres, en los campos linderos fumigaban con avioneta. A la mayoría de las docentes les cayó mal. Lo que más nos llamó la atención es que la avioneta pasaba sobre la escuela pero no cortaba cuando echaba el veneno".

► Hace pocos días, en la Escuela Nº 483 de Eustolia, departamento Castellanos, también ocurrió un episodio de aspersión de agroquímicos a 20 metros del establecimiento. Los docentes denunciaron en la comisaría local y la actividad se detuvo. Los datos que los pesquisas obtuvieron y que no trascendieron a la prensa, ahora forma parte de un expediente que tramitará en la justicia para determinar las responsabilidades del caso.

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