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Viernes 15 de Julio de 2011

Cada año aumenta un 10% el pedido de licencia docente por enfermedad

Es por las condiciones de enseñanza y la violencia en las escuelas, según afirman desde el Area de Salud y Trabajo de la Facultad de Medicina. ¿Qué hacer?

Los pedidos de licencia por enfermedad se incrementan en un 10 % cada año. Un dato que no cambiará “si no se modifican sustancialmente las condiciones de enseñanza y se atiende con seriedad el problema de la violencia en la escuela”, como advierten desde el Area de Salud y Trabajo de la Facultad de Medicina (UNR), que desde 2008 desarrolla un convenio con el Ministerio de Educación provincial. Algo para destacar: un programa de asistencia a los maestros con licencias de larga duración (enfermedades crónicas) logró reintegrar a las aulas en menos de un año al 54 % de los afectados.

Hace una semana se conocía a través de las cartas de lectores de La Capital el pedido desesperado de una maestra de una escuela rosarina, con casi 30 años de experiencia, que había sido golpeada por la mamá de un alumno y no podía volver a dar clases ante la inusual situación generada. “Este caso es la punta del iceberg, del problema principal de la salud docente, de la salud mental en el magisterio”, dicen el doctor Jorge Kohen y el psicólogo Edgard Gutiérrez. Kohen es el director general del Area de Salud y Trabajo de la Facultad de Medicina (UNR) y Gutiérrez responsable de la Dirección Asistencial de la misma área.

Niveles conocidos. Repasan que en 2008 cuando comenzaron a abordar en convenio con Educación el ausentismo docente, que sustituyó al viejo sistema de control de salud laboral, la novedad hizo que disminuyera el ausentismo. Pero a los pocos meses se volvió a los niveles conocidos. “Es decir, se mantienen y se incrementan los problemas de enfermedad en la docencia”, consideran, y destacan que esto pasa porque “no se han modificado sustancialmente las condiciones de trabajo y medio ambiente en las escuelas”.

Entre las principales conclusiones a las que arriban Kohen y Gutiérrez del seguimiento que vienen haciendo de esta problemática apuntan: “Para disminuir el ausentismo en la docencia hay que modificar las condiciones de trabajo y abordar con seriedad el problema de la violencia en la escuela, que pasó a ser una de las principales causas del malestar docente, del sufrimiento y de las enfermedades del magisterio; y que es lo que expulsa prematuramente a los docentes”.

Ese malestar se traduce en la ausencia de los maestros y profesores de las aulas. Algo que a niveles de las estadísticas aportadas por estos profesionales indican que “hay un 10 % de incremento anual de pedidos de licencia respecto de 2008, es una tendencia que se mantiene”.

En foco. Los datos los llevaron a cambiar lo que en principio era más bien un sistema de auditorías general a focalizarse en uno de los puntos más llamativos del ausentismo, que son las enfermedades de larga duración. “Creamos así un programa a partir del cual todo aquel que pide una licencia de larga duración ingresa a un sistema de acompañamiento y auditoría”, explican.

La punta de esta iniciativa surgió al detectar “un núcleo de unos 6 mil docentes que consumían el 65 % de los días de licencia. Era —detallan— el núcleo de larga duración, que difícilmente podría reintegrarse saludablemente al trabajo, porque ya había sido expulsado por el sistema y de la posibilidad de estar frente al aula. Por lo que debía jubilarse o pasar a tomar tareas diferentes, porque estaba imposibilitado”.

El plan —Programa de Asistencia a los Trabajadores Docentes por Enfermedad— que empezaron a desarrollar desde el año pasado consiste básicamente en asignarle a cada maestro que tiene una licencia de larga duración un médico de cabecera (ubicados en las grandes ciudades como Reconquista, Rosario y Santa Fe) y generarles al menos dos consultas con especialistas.

Aquí es clave saber —advierten Kohen y Gutiérrez— que las enfermedades que más afectan a los docentes y obligan a tomar licencias por largo tiempo son: primero los problemas de salud mental, le siguen las enfermedades traumatológicas (problemas de columna o lesiones por esfuerzos repetitivos, por ejemplo), y el tercer causante (aunque lejos de las dos primeros) el cáncer y las enfermedades ginecológicas.

Sin embargo, la buena noticia es que con el programa de asistencia (médico de cabecera y especialistas) “se logró que el 54 por ciento de esos docentes se reintegrara al trabajo, más de la mitad y de un año para otro”.

“Para nosotros —expresan los expertos— eso es un orgullo porque rompe con el concepto de la efectividad de quienes consideran que para disminuir el ausentismo docente hay que hacer un control policial”.

Y agregan que este trabajo “ha posibilitado que se detecten maestros que estaban mal atendidos, que sólo recibían una medicación cada 30 días y nada más”. Por eso consideran que es muy valioso “el gran esfuerzo de toda el área de salud y trabajo. La habilidad para ayudar a esas personas y que les ha permitido recuperar parte de su salud”.

Sobre las edades. Al analizar los pedidos de licencias por edades de los trabajadores docentes los datos indican que el 75 % que tiene más de 50 años toma licencia de larga duración. Un número que además habla de la necesidad de modificar el régimen jubilatorio actual.

Los que casi no piden estas licencias de largo tiempo son los que se ubican alrededor de los 30 años de edad. En tanto que quienes rondan entre los 30 y los 40 usa menos días, y más por pedidos para atender a los hijos que por razones propias. Lo mismo sucede con el grupo de edad más avanzada que las solicitan para atención de los padres.

Fraude laboral. Los profesionales Kohen y Gutiérrez subrayan otra punta clave sobre el ausentismo y es lo que llaman “el núcleo Fraude Laboral, que es el que inventa una enfermedad, y que no supera el 10 % de todos los que piden licencia”.

Aseguran que “el cambio de sistema de una auditoría burocrática versus un programa con un médico de cabecera logró romper con el negocio y mafia de los certificados, sobre todo en Santa Fe y en Rosario. Lo sabemos porque somos los que asistimos a esos docentes”.

Según resaltan, lo valioso aquí es que “este nuevo sistema de médico de cabecera ha permitido terminar con una especie de condena al docente, porque el día que un educador de 40 años para arriba entraba en licencia por salud mental no salía más: estaba dos años en esa condición y finalmente llegaba al límite, se jubilaba o se quedaba y generaba una situación conflictiva. Con este programa la mitad vuelve a trabajar. Eso fue un logro”.

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