Edición Impresa
Domingo 15 de Mayo de 2016

Buceando en el cerebro

El siglo XXI plantea nuevos desafíos. Conocer cómo se producen ciertos procesos, más allá de la morfología cerebral, permitirá seguramente prevenir enfermedades severas y gestar nuevas terapias. Qué se hace en Rosario.

Se sumergen en las complejidades del cerebro para echar luz allí donde hay dolor, alteraciones o confusión. No usan escafandra, pero para llegar más lejos recurren a los conocimientos, a la experiencia propia y ajena y a los avances tecnológicos. Quienes se dedican a la neurorradiología diagnostican y caracterizan anomalías del sistema nervioso central y periférico, la médula espinal, la cabeza y el cuello a través de distintos equipos y herramientas, aunque, sin dudas, la compañera inseparable es la resonancia magnética. "El siglo XX fue la centuria del genoma humano y el siglo XXI será la del conectoma humano", dice Adriana Ojeda, jefa del departamento de Neuroimágenes de Diagnóstico Médico Oroño, Sanatorio Parque e ICR, convencida de que se avecinan grandes revelaciones, gracias al conocimiento profundo del mapa de las conexiones entre las neuronas del cerebro.

Mientras la investigación avanza para lograr más y mejores diagnósticos ( y tratamientos) en todas aquellas patologías o problemáticas que afectan al cerebro, la neurorradiología ya aporta muchísimo a la clínica médica. "Con la resonancia magnética funcional—el método que elegimos por su precisión y eficacia para estudiar el cerebro— hacemos el diagnóstico de los infartos cerebrales desde el mismo momento en el que se están instalando. Los datos que obtenemos resultan de suma utilidad para instaurar el tratamiento correcto. Por otra parte, podemos identificar áreas funcionales del cerebro siendo de gran ayuda al momento de planificar una cirugía con el objeto de preservar el área funcional normal. El uso de la espectroscopía nos permite caracterizar lesiones y estimar su composición. La tractografía en 3D nos brinda información de los haces de sustancia blanca del cerebro y también nos sirve de parámetro para la planificación quirúrgica", agregó Ojeda mostrando el amplio campo de acción de las neuroimágenes y algunas de las herramientas con las que cuenta.

Junto a Ojeda trabajan las neurorradiólogas Paola Acevedo y Maria Belén Nallino. En diálogo con suplemento Más ofrecieron su mirada sobre los avances en este área especializada de la radiología que tanto se desarrolló en las últimas décadas. "Los mayores logros han estado ligados al conocimiento morfológico del cerebro tanto en su estructura normal como en las patologías orgánicas que lo afectan. Desde hace algunos años el desafío pasa por conocer la funcionalidad. Hemos avanzado mucho en las patologías estructurales con daño morfológico del cerebro, y el gran enigma consiste en poder explicar aquellas alteraciones o enfermedades en las que la morfología no está alterada. Esos son interrogantes que continúan y que requieren muchas tareas de investigación conjunta de psiquiatras, neurólogos, físicos y neuroimagenólogos para poder encontrar resultados que abran la puerta a nuevos tratamientos", señaló Acevedo.

Este grupo de especialistas está participando activamente en investigación junto a otros profesionales del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco) que desde hace dos años forma parte de Grupo Oroño en Rosario. "Sin dudas la tendencia en medicina es trabajar en equipo. El concepto médico antiguo fomentaba el individualismo pero eso mundialmente fue quedando atrás para dar paso al abordaje multidisciplinario del paciente. Cada especialista ve una parte muy acotada y específica y por eso es imprescindible el trabajo en equipo para obtener respuestas que produzcan cambios considerables en el abordaje de una determinada patología. El camino hoy es éste", dijo Acevedo.

Historia reciente

Ojeda, Acevedo y Nallino repasaron los hitos de la neurorradiología y concluyeron que el cambio más relevante se dio en la década del 80 con la aparición de la resonancia magnética. Gracias a su irrupción en la práctica diaria se accedió a la posibilidad de conocer la morfología y la estructura normal del cerebro para luego poder caracterizar enfermedades, lesiones, tumores y otras anomalías. "En la actualidad es una práctica insustituible en el abordaje de las distintas problemáticas del cerebro", enfatizaron.

"Contamos con un conjunto de técnicas —agrupadas en lo que se llama RMI funcional— que hacen posible valorar aspectos metabólicos y funcionales y colaborar con el médico neurólogo en ponerle el nombre correcto a una enfermedad, ofrecer un tratamiento eficaz, evaluar los efectos de ese tratamiento (farmacológico o quirúrgico) para continuarlo, mejorarlo o incluso cambiarlo si hiciera falta. No es exagerado decir que la resonancia magnética cambió el curso de la neurología en las últimas décadas", mencionaron.

Enfermedades mentales

Si hay un reto que se le plantea al campo de la resonancia magnética es conocer a fondo las redes, las conexiones cerebrales. Aún en reposo, hoy se sabe que el cerebro no para, no se detiene. "Conocer en detalle los procesos cognitivos o las afecciones como el Alzheimer y otras enfermedades neuropsiquiátricas es el desafío que tenemos por delante. Si podemos desentrañar algunos misterios gracias a la investigación veremos una nueva revolución en este campo", mencionó Ojeda.

Para Nallino, que se desempeña en neuroradiología pediátrica, los problemas relacionados con el cerebro de los niños hoy pueden interpretarse mejor con el uso de la resonancia magnética. "La duración del estudio es cada vez menor y eso nos ha ayudado mucho. Dejó de ser un limitante. Además tenemos mayor disponibilidad de la aparatología, tanto en los sectores públicos como privados. Toda patología tumoral, las enfermedades infecciosas, y desde ya, malformaciones en la estructura anatómica pueden develarse gracias a la resonancia magnética. Pero hay más, porque ya es frecuente que la utilicemos para aportar información en chicos con autismo, hiperactividad o trastornos del desarrollo. Creo que vamos tras nuevas respuestas", destacó.

Informados

Las profesionales coincidieron en que el paciente joven o adulto que hoy llega a un centro de diagnóstico por imágenes está mucho más informado que antes sobre el procedimiento, pero admiten que persisten ciertas resistencias en cuanto al uso de equipos cerrados (el temor a la claustrofobia) y a la duración del estudio. "Lo importante es que podemos atender las dudas y ofrecer, en general, opciones", señalaron.

En cuanto a los exámenes, las neurorradiólogas mencionaron que —afortunadamente— la tecnología y la capacitación profesional permiten que los resultados se otorguen en forma rápida y destacaron la importancia de la comunicación con el médico tratante. "La ansiedad por la obtención de los resultados es inevitable en el paciente, siempre existe en cierta medida, pero quien mejor lo conoce es el médico que indicó el estudio y es quien debe comunicarle los resultados", remarcaron.

El futuro llegó. De observar un cerebro por fuera a comprender sus procesos más allá de lo morfológico, así avanza la neurorradiología, y no tiene techo.

Comentarios