Mauricio Macri
Domingo 11 de Septiembre de 2016

Brotes verdes y la herencia del año 2016

En el momento más duro de la crisis y con la conflictividad a flor de napa, el gobierno nacional ajustó su estrategia de cara a 2017.

En el momento más duro de la crisis y con la conflictividad a flor de napa, el gobierno nacional ajustó su estrategia de cara a 2017. Apuesta a subrayar la existencia de brotes verdes en la economía, que se irían consolidando hacia fin de año. En este esquema, hay un par de meses para aguantar discursivamente hasta que los números comiencen a compararse contra el oscuro cuadro que el propio Poder Ejecutivo sembró este año con su brutal ajuste.

Un tibio aumento en los despachos de cemento durante el mes de agosto, que se contrapone con la baja en la venta de materiales de la construcción en el mismo mes, fue señalado como un punto de partida. Pero el gran logro que busca exhibir por la conducción económica por estas horas es la caída de la inflación durante el mes pasado.

La operación es algo burda pero juega con la validación política. Requiere creer que es un éxito de gestión alcanzar niveles de inflación similares a los que los encontró al momento de ganar las elecciones, luego de haberlos llevado a la cima anual desde la crisis de 2001. En el medio, la mayor devaluación desde esa época llevó en un lapso de nueve meses a una disparada de precios histórica, al récord de desocupación en el nuevo siglo y a caídas de producción industrial y del consumo también en los confines de la historia reciente.

El dato duro es que esto pasó y pasó en los meses que lleva la actual administración, más allá de las teorías de la herencia y la crisis asintomática. Ese indiscutible rebate otra consigna común en estos días: la que rechaza la reapertura de paritarias porque los precios van a bajar y los salarios van a recuperar poder adquisitivo. El daño sobre el bolsillo de los trabajadores y su efecto sobre toda la economía no es una conjetura a futuro. Es algo que pasó y pasó este año.

El penoso 2016 es consecuencia de la política económica actual, incluida la "joya" de los argumentados éxitos oficialistas: la apertura del cepo. Está de moda que funcionarios y amigos recuerden por estos días la prolijidad del levantamiento de las restricciones cambiarias, "sin ninguna crisis ni evento traumático". Celebran la inexistencia de una crisis bancaria, como la que precedió a la devaluación de 2002. Lo cierto es que las polémicas más serias al respecto se centraban en el efecto que tendría sobre los precios. Y los pronósticos más agoreros se cumplieron a rajatablas en ese sentido. No así las consignas más optimistas, como la del ministro de Hacienda, cuando dijo que la devaluación no impactaría en la inflación porque los precios estaban fijados al dólar paralelo.

Es raro atribuirse, al final de ese proceso, un éxito antiinflacionario. Pero las elecciones se acercan y una cuota de cinismo se vuelve necesaria para plantear un tiempo cero y esconder la herencia que Mauricio Macri se dejó a sí mismo. El resto es apostar a la recuperación de la inversión de la obra pública y lograr en 2017 números que se presenten como mejores a los del desastre que "alguien" produjo en 2016.

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