Clásico rosarino
Domingo 23 de Octubre de 2016

Broglia y Bermúdez, un clásico de presidentes

Broglia, presidente de Central, y Bermúdez, de Newell's, se juntaron por primera vez antes de un derby con Ovación. Y dieron una muestra de sana convivencia.

Así da gusto. En paz, en armonía y con risas. Sin dramas, histerias ni fundamentalismos. Son las máximas autoridades de los clubes rosarinos y en la vigilia del clásico demostraron que no está todo perdido. Que vale la pena hacer el intento y concientizar a la sociedad de que el equipo que tiene la otra camiseta es un adversario circunstancial y no un enemigo irreconciliable. Es cierto que Central y Newell's son pasiones inconmensurables e irrepetibles, pero que se necesitan mutuamente para convertir a Rosario en la ciudad más pasional del país, tal vez del mundo, en cuanto a lo que moviliza el fútbol. En este contexto, el presidente auriazul Raúl Broglia y su par leproso Eduardo Bermúdez aceptaron el convite de Ovación y compartieron una charla distendida, cordial, amena y llena de anécdotas futboleras. Ganó el fútbol rosarino.

   Fue un diálogo que le escapó a las formalidades y siempre buscó desdramatizar los 90 minutos vibrantes que se vivirán esta tarde en el Gigante. Un ejemplo de convivencia y respeto que ojalá se traslade hoy a la cancha y también a cada rincón de una ciudad donde no se hablará de otra cosa que del partidazo que protagonizarán leprosos y canallas.

   Sin ningún protocolo y con amplias sonrisas, Broglia y Bermúdez se estrecharon la mano ni bien cruzaron las miradas en el interior del edificio céntrico del diario La Capital. Es que no se trata de personas extrañas ni desconocidas, al contrario, ya que ambos trabajan codo a codo en cada reunión de la AFA para defender en forma conjunta los intereses del fútbol rosarino. "Esta vez no me va a ganar, me vine en traje como Broglia", disparó Bermúdez de flamante saco color crema y corbata lila y blanca

   Para ambos directivos se trata de un partido superespecial, por el que darían cualquier cosa para poder ganarlo y festejar a lo grande junto a los hinchas de sus respectivos clubes. Pero a la vez coinciden en que con el resultado del encuentro no se termina el mundo ni mucho menos.

   Broglia estará ubicado en el palco presidencial, "tratando de disfrutar el partido sin que el griterío me desconcentre", algo que es una tarea ardua por la caldera que será el Gigante de Arroyito, sumado a los niños que suelen frecuentar esa zona destinada a los directivos canallas. Mientras que Bermúdez irá a la cancha junto a sus pares de la comisión leprosa y focalizará la atención "en el desarrollo táctico del juego".

   Entre risas ambos recordaron los clásicos que consideraron inolvidables. Para el mandamás canalla "el 4 a 0 de 1997 en el Gigante", de aquel equipo que dirigía Miguel Angel Russo; mientras que para su par rojinegro el derby elegido fue otra goleada inolvidable, como "el 4 a 0 de 1991 en el Parque", que obtuvo la formación que conducía Marcelo Bielsa. Sin dudas se trata de dos partidos emblemáticos que quedaron en la retina de canallas y leprosos.

   "Tenemos que agrandar la cancha para cuando venga Messi", dijo Bermúdez guiñando el ojo izquierdo y con una sonrisa pícara. Ante lo que Broglia recogió el guante y se ilusionó también con el hipotético regreso de Angel Di María. "Estamos en contacto permanente con su mujer para fines solidarios y tal vez en el futuro si él lo decide pueda volver a nuestro club", dijo Broglia.

   Tras la charla, no tuvieron drama en aceptar las indicaciones del reportero gráfico en la sesión fotográfica. Siempre buscaron descontracturar esa histeria que muchos suelen tener en la previa de los clásicos. Y no lo hicieron solamente para la tapa del diario. Hasta se animaron a pararse frente a la pizarra y dibujar algunas jugadas que podrían darse hoy. Siempre con una sonrisa leal y sincera. Distendidos llegaron a la entrevista y así se fueron de la redacción del diario.

   Confiaron que hoy, cuando finalice el clásico, se volverán a estrechar la mano, más allá del resultado final. Este gesto ya los convierte en ganadores.

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