Política
Lunes 03 de Octubre de 2016

Bregman: "El FIT se convirtió en una referencia en el país"

A casi cien años de la revolución de rusa, la izquierda marxista, en su variante trotskista, sigue viva con tres diputados en el Congreso nacional, fuerte influencia en el movimiento estudiantil y presencia militante entre las bases del mundo sindical.

A casi cien años de la revolución de rusa, la izquierda marxista, en su variante trotskista, sigue viva con tres diputados en el Congreso nacional, fuerte influencia en el movimiento estudiantil y presencia militante entre las bases del mundo sindical. Luego de la caída del muro de Berlín y del comunismo soviético, se abrió para los partidos de esa inspiración ideológica la posibilidad de quedarse con todas las banderas rojas. Hoy pelean por constituir una referencia y progresar en las urnas con un frente electoral: el FIT.

Myriam Bregman, porteña, diputada nacional por el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS, en el FIT), definió a la "independencia" como el rasgo distintivo de ese frente. "Somos distintos. No estamos con Cambiemos ni con la oposición expresada por el peronismo", le aseguró a La Capital, días antes de estar en Rosario.

—¿Qué lugar ocupa hoy el FIT?

— La izquierda se ha ganado un lugar en Diputados, tanto en las comisiones como en el recinto. Está la opinión del oficialismo, la de la oposición y la de la izquierda. Somos independientes de los dos grandes bloques que se consolidan en la Argentina: Cambiemos y el PJ. Tenemos una mirada propia de la juventud y de los trabajadores que nos da una ubicación completamente distinta.

—¿Se piensan aliar con otras izquierdas que no están en el FIT?

—La izquierda que no se mantuvo independiente, desapareció, sobre todo a partir del conflicto de la 125. Unos se pusieron detrás de la Sociedad Rural, y nadie que se diga de izquierda puede colocarse con las patronales del campo. Otras izquierdas quedaron subsumidas en el kirchnerismo. Respecto de las alianzas, naturalmente actuamos con otras fuerzas políticas en disputas como la del tarifazo y demás peleas legítimas. No participamos de la idea de ampliar la izquierda por especulación electoral, porque luego aparecen los problemas frente a la coyuntura política. Está el caso de Fernando Pino Solanas, quien se ha presentado en nombre de la izquierda, y muchos de esos legisladores hoy están en otras fuerzas como el Frente Renovador (FR). Los trabajadores están mejor con la existencia del FIT, tienen una referencia, alguien quien los defienda.

—¿Tras la declinación del movimiento comunista internacional, se abrió una oportunidad para trotskismo? ¿La aprovecharon?

—La izquierda trotskista, desde un primer momento, cuestionó al stalinismo y es categórico que hemos crecido en legitimidad. En el movimiento estudiantil y entre los trabajadores. El PTS hizo una gran apuesta en ese sentido y se refleja cada día en las luchas.

—¿Qué valoración hacen de los gobiernos de izquierda (no trotskista) que dominaron la última década, como Lula Da Silva, Rafael Correa, Hugo Chávez, José Mujica y Evo Morales, entre otros?

—Los denominamos gobiernos posneoliberales, que no cambiaron las estructuras económicas, hicieron cambios absolutamente superficiales y le terminaron abriendo la puerta a la derecha para que vaya regresando, como ocurre en estos tiempos.

—Desde la irrupción del peronismo, hace más de 70 años, la izquierda marxista perdió centralidad en la clase trabajadora. ¿Coincide con la crítica de que buscaron reconquistarla con un discurso clasista cerrado, desde cierta superioridad moral, y que no consiguió los resultados esperados?

—Nunca escuché lo de la superioridad moral. Intervenimos, justamente, entre los trabajadores de extracción peronista. No está en la cabeza de los trabajadores ese tema. Sí se hace mucha ideología contra la izquierda, incluso Rodolfo Walsh escribió sobre eso. El peronismo jugó un rol muy importante para intentar aislar a la izquierda. Nuestro partido nunca tuvo esa concepción y tratamos de participar en la lucha de clases allí donde se produce.

—La CGT enfría el paro que anunció hace unos días y parece pactar con el gobierno nacional. ¿Qué tipo de intervención plantean en esta coyuntura?

—Señalamos la tregua que le dan al gobierno y rechazamos la idea del diálogo. El gobierno de Mauricio Macri no dialoga, sigue con el ajuste, el tarifazo, el acuerdo con los buitres y el endeudamiento. Fuimos los voceros principales de esta situación y vemos el apoyo que tenemos en las redes sociales, incluso de muchos ciudadanos que no son de izquierda. El día que votamos la ley antidespidos no hubo un dirigente sindical ni a 500 metros del Congreso, salvo que alguno estuviera comiendo en alguna pizzería de la calle Corrientes. Y no reaccionaron frente al veto presidencial. Por lo tanto, el acuerdo que tienen con el gobierno para imponer el ajuste es muy grande.

—¿Ven un deterioro económico creciente en el país o creen que el gobierno logrará detener la caída económica y sostener el consenso político?

—Creemos que eso no lo sabe ni el gobierno. Apuestan al endeudamiento y al blanqueo, que todavía mucho no les funcionó. Si consiguen fortalecerse en 2017, en 2018 todo puede ser peor. Aspiramos a que los trabajadores puedan evaluar quiénes estuvimos al frente de los reclamos y, en ese sentido, votar. Ojo con el 2018: de encontrar a un gobierno fortalecido, podría ahondarse el ajuste.

—¿Qué fortalezas ven el gobierno nacional?

—La pasividad de la dirigencia sindical tradicional, los gobernadores y el Senado, donde el PJ es decisivo y les voto todas la leyes del ajuste. Lo de los gobernadores es una vergüenza, 13 ó 14 de ellos salieron a apoyar el tarifazo, incluido el de Santa Fe (Miguel Lifschitz). El ajuste también hay que reclamárselo a ellos.

—¿Por qué cree que lo hacen? ¿Hay un clima de época, un ciclo hacia a la derecha?

—Empezamos por ahí, la derecha se fortalece y la disciplina de la caja de la Nación actúa sobre los gobernadores. Pero no es excusa: muchos argentinos apoyaron, al menos por algunos años, a gobiernos que estabilizaron la moneda, endeudaron y destruyeron puestos trabajo, como el plan de José Martínez Hoz en pleno terrorismo de Estado o el de Domingo Cavallo, durante el menemismo. Nada ocurre en la historia de un modo mecánico. Lo evidente es que por abajo crece un enorme descontento social, desde el trabajador hasta el que tiene un kiosco que no vende.

—¿Qué relevancia le asignan al Encuentro Nacional de Mujeres, que se realizará en Rosario el 8, 9 y 10 de octubre próximos?

—Será todo un acontecimiento. Una ciudad que se colmará de decenas de miles de mujeres que alzarán su voz. En los encuentros, como hicimos con el "Ni una menos", se trata de dar pasos firmes en la necesaria lucha por nuestros derechos y vidas. Para que no nos sigan matando, tenemos que luchar, que organizarnos contra la negligencia y la complicidad del poder y la cultura machista.

—Se suceden los casos de femicidios, un tema grave.

—La violencia de género es milenaria, histórica y el patriarcado se lleva muy bien con el capitalismo y el imperialismo. Nos pretenden sumisas, doblegadas, productivas, muertas a golpes o vivas sin tiempo para vivir ni libertad para decidir. Nos pretenden objetos sexuales y mujeres deseables y desechables. El "Ni una menos" no es una frase más. Es un arma de defensa colectiva.

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