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Sábado 18 de Octubre de 2014

Brasil, ¿espejo de la Argentina?

El Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma lleva doce años en el gobierno. Durante ese lapso hubo varios escándalos de corrupción en el gabinete y en empresas del Estado.

El resultado electoral de la segunda vuelta electoral en Brasil entre Dilma Rousseff y Aécio Neves, la semana que viene, tendrá un alto impacto en la política y economía argentina. Brasil es el principal socio comercial del país y ambos gobiernos mantienen una sintonía especial desde hace casi doce años desde que el kirchnnerismo y el Partido de los Trabajadores están en el gobierno.

Sin que nadie se anime a arriesgar con certeza quién ganará en el ballottage, de la primera ronda electoral se pueden obtener dos principales conclusiones.

Como primera medida volvieron a fracasar la mayoría de los encuestadores, que a esta altura parecen haber tenido más intención de forzar una tendencia electoral que medir con seriedad las preferencias del electorado.

Tras la muerte, en un accidente aéreo, del candidato del socialismo, Eduardo Campos, dos meses antes de los comicios, los medios brasileños no dejaron de registrar un fenómeno que, a la luz de los resultados electorales de la primera vuelta, fue sólo una burbuja creada en laboratorio. Marina Silva era la vice de la fórmula y pasó al primer lugar por la tragedia de su compañero. Se convirtió con apoyo de parte del electorado brasileño en un fenómeno mediático que se aseguraba podría pelear por llegar al ballottage, pero finalmente obtuvo un cómodo tercer lugar con el 21 por ciento de los votos, muy lejos de Dilma (41 por ciento) y Neves (33 por ciento).

Las encuestas, como viene ocurriendo en la Argentina, estuvieron lejos de la realidad y quedó en claro la intencionalidad política de una herramienta que bien utilizada puede servir para monitorear y anticipar resultados. Pero cuando distorsiona con claras motivaciones de inclinar al electorado hacia un exitismo triunfador tiene pocos efectos concretos a la hora del voto.

En segundo lugar, Dilma se presentó para un segundo mandato luego de doce años de gobierno de su agrupación política, el Partido de los Trabajadores (PT), precedido por dos administraciones de Lula Da Silva. Si logra imponerse a Neves, el PT alcanzaría 16 años ininterrumpidos en el poder, una cifra irrepetible en las democracias del Cono Sur. Si pierde, seguramente toda la región, Argentina incluida, podría girar hacia políticas más conservadoras.

Brasil siempre fue un gigante económico ubicado en los primeros lugares a nivel mundial, pero con una paupérrima distribución de la riqueza que mantenía a millones de personas por debajo de la línea de pobreza. Durante los tres períodos del PT el crecimiento de la economía, los programas sociales y laborales más las políticas con mayor coherencia de las que se ven en estas latitudes a lo largo de diferentes gobiernos, sacaron a Brasil del "Mapa del Hambre" que integran las naciones con carencias de alimentos. Se elevó el bajísimo poder adquisitivo de quienes ya tenían un salario y además millones de brasileños, un país con cinco veces más habitantes que la Argentina, pudieron salir de la miseria extrema. Ese núcleo, que sin dudas se benefició de las políticas de los últimos años, es el que le dio el triunfo a Dilma en primera vuelta con nada más ni nada menos que unos 43 millones de votos.

Durante los tres períodos del PT no faltaron escándalos de corrupción, purgas de gabinete y estallidos sociales, como se vio hace muy poco antes del comienzo del Mundial de Fútbol. Pero la posibilidad de grandes sectores, postergados por generaciones, de salir de la marginación o ascender socialmente se reflejó en las urnas con el voto a un partido que sufre indudable desgaste político pero que por nueve puntos porcentuales no alcanzó una victoria en primera vuelta. Habrá que ver si ese caudal electoral, basado en las políticas de inclusión, será suficiente para superar al candidato socialdemócrata Aécio Neves.

Los encuestadores brasileños vuelven a apostar por el oponente a Dilma o como mínimo vaticinan un empate técnico, más aún luego del apoyo explícito a Neves que le dio Marina Silva con sus 21 millones de votos. ¿Qué porcentaje de esa cifra de sufragios se trasladarán directamente a Neves? Difícil de saberlo.

Parecido, pero distinto. En la Argentina, el kirchnerismo también va por los doce años de gobierno, pero nadie podría asegurar que el candidato que presente el año próximo obtendrá un porcentaje de votos similar al de Dilma. Además, contrariamente a lo que ocurre en Brasil, Cristina no puede ir por la reelección y habrá que ver si el candidato kirchnerista retiene los votos de la presidenta. Quienes se beneficiaron, como ocurrió en Brasil, con las políticas sociales, la baja del desempleo y el acceso a bienes de consumo durante la última década poco les importa si el vicepresidente tiene procesos abiertos por corrupción, si la economía está ahora en recesión o la inflación no se controla. Son millones de personas que, tal como ocurrió durante los gobiernos de Juan Domingo Perón, parten de otra escala de valores más vitales, y relacionados con sus frustrantes condiciones de vida. ¿Cómo hablarles de ética republicana, el valor de la transparencia de los actos de gobierno o la independencia de los poderes del Estado, por sólo enumerar algunos principios generales, a quienes siempre han vivido en la marginación social y nada tienen. Todavía quedan miles y miles en la Argentina en esas condiciones, pero al igual que en Brasil los que sí han podido incluirse socialmente en la última década tienen su voto decidido desde el primer día. Se podrá decir que es clientelismo político, meros paliativos y fomento del asistencialismo sin contraprestación, pero no se trata aquí de valorar éticamente esa política sino de describirla como un hecho fáctico que tiene repercusiones electorales.

La seguridad urbana, estabilidad económica, tranquilidad social y continuidad jurídica son escalas de valores muy importantes para otro sector de la sociedad argentina que también quiere llegar al poder e imprimir un cambio de rumbo a lo hecho por el kirchnerismo. Como Neves en Brasil, prometen una nueva relación en la forma de construir política, que seguramente contará con amplio respaldo y tal vez lleguen al poder para ponerla en práctica.

Sin embargo, todo parece indicar que si hay algún cambio en la Argentina se hará dentro del peronismo, a no ser que el único por fuera de esa estructura con posibilidades, el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, pueda dar una sorpresa. Cuesta imaginar que en los poblados centros urbanos de Buenos Aires, distrito que prácticamente define la elección nacional, un candidato como Mauricio Macri, fan e imitador de Freddie Mercury, logre conmover a la gente. Pero todo es posible, aunque si no ocurre nada extraño se descuenta que entre Daniel Scioli o Sergio Massa estará el sucesor de Cristina. El peronismo se apresta a seguir gobernando el país, aunque eso no define por sí solo la orientación del gobierno, porque Menem también condujo un gobierno peronista, movimiento político que no termina de sorprender a propios y extraños por su amplitud ideológica y posiciones políticas de sus dirigentes que muchas veces se ubican en las antípodas. Por eso, es muy difícil explicar qué es el peronismo en ambientes académicos extranjeros.

Las próximas elecciones presidenciales en Brasil y Uruguay y la que ya ganó Evo Morales en Bolivia marcarán la tendencia política de la región para los próximos años. Se sabrá si los gobiernos más populares como el de Dilma se mantienen o se imprime un giro hacia políticas más de mercado que nunca, al menos en estas latitudes australes, terminan derramando en beneficio de los más pobres. Todo en un contexto de notable baja de los precios internacionales de los commodities, economías que ya no crecen como años atrás, y el asomo de la inflación en países (no es el caso argentino) que se mantenían con bajos índices de alza de precios.

Además, quienes han logrado durante estos años mejores condiciones de vida seguirán dando pelea en las calles para mantenerlas y poder avanzar aún más, fenómeno que podría analizarse para tratar de entender qué sucedió en Brasil con la aparición de las masivas protestas callejeras de mayo y junio.

Quien sea el próximo presidente argentino se encontrará con un cuadro de situación político y económico extremadamente complejo y deberá mediar entre los sectores que pujan por la participación de la renta nacional. Porque de eso se trata, en gran medida, el origen de los conflictos aquí, en Brasil y en todas partes.

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