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Jueves 10 de Octubre de 2013

Boudou y el blindaje político para proteger a la jefa

El kirchnerismo, en estos diez años de poder, nunca, o casi nunca, mostró una fisura que habilite a la oposición a coparle la iniciativa política y marcar el pulso del debate público.

La decisión de las principales referencias del kirchnerismo de salir a bancar a Amado Boudou se asienta más en la necesidad de “blindar” al gobierno y a su jefa convaleciente que a la convicción republicana de atender a rajatabla lo que marca la Constitución.

El kirchnerismo, en estos diez años de poder, nunca, o casi nunca, mostró una fisura que habilite a la oposición a coparle la iniciativa política y marcar el pulso del debate público. Y con el interinato de Boudou lo estaba logrando. Ayudó la incertidumbre de las primeras horas del domingo, donde hasta el círculo más cercano al vicepresidente no tenía notificación oficial sobre el rol que le tocaría en suerte por el reposo obligado de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Esta duda se despejó el lunes a la mañana, incluso antes de que se sepa que la tenían que operar a Cristina, cuando Boudou estampó la firma ante escribano. Las voces opositoras, entonces, establecieron dos ejes discursivos: se solidarizaron con la presidenta y emprendieron el ataque rabioso contra Boudou, tratando de separar la situación y las personas. Pero lo que liga a Cristina con el vicepresidente no es la obviedad institucional, sino las derivaciones políticas de una decisión personalísima cuando armó la fórmula que la llevó tranquilamente y con el 54 por ciento de los votos a lograr la reelección. Derrumbar a Boudou es, también, golpear el ego político de la presidenta.

Que Boudou haya sido raleado, luego del escándalo Ciccone, de las principales fotos que grafican el relato kirchnerista no significa una disposición de entregarlo maniatado a las fauces de los leones de “la corpo”. Esto no sucedió entonces y tampoco sucederá ahora.

El hecho empírico de este “compromiso” se demuestra en lo que sucede en el Consejo de la Magistratura, organismo que está sustanciado un proceso para destituir al juez Daniel Rafecas, el magistrado que tomó en sus inicios el caso Ciccone y mandó a allanar el departamento de Boudou en Puerto Madero.

Rafecas, con el impulso del kirchnerismo en la Magistratura, fue separado de la causa (lo reemplazó Ariel Lijo) y afronta un juicio por mal desempeño por intercambiar mensajes de texto con un abogado ligado tangencialmente al caso. También se vio obligado a renunciar a la Procuración General de la Nación Esteban Righi, un símbolo del camporismo setentista, cuando Boudou lo atacó en una conferencia de prensa, acusándolo de hacer lobby con los jueces federales.

Boudou, aunque parezca, nunca está solo.

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