Turismo
Domingo 09 de Octubre de 2016

Bonita Trinidad

Historia y playa en una ciudad colonial que es Patrimonio Mundial de la Humanidad

Mirador. Hermosa panorámica de la colonial Trinidad, vista desde el campanario del Museo Nacional de los Bandidos, ex convento de San Francisco del siglo XVIII..

Los paquetes turísticos para conocer de Cuba proponen como casi único destino los hoteles all inclusive, más uno o dos días en La Habana. Nada mal pasar unos días de descanso con todo al alcance de la mano, en finas arenas blancas y un mar increíblemente azul. Sin embargo quien piense que eso es toda Cuba se perderá una muy buena parte de todo lo que ofrece la isla: bellos sitios, cargados de historias y paisajes naturales. Entre esas visitas obligadas está Trinidad, una ciudad colonial, detenida en el tiempo, de tanto valor patrimonial que la Unesco la declaró riqueza de la humanidad.

Trinidad está en la región central de la isla. A diario llegan turistas que la eligen para recorrerla en un día. Es posible. El sector histórico se cierra al tránsito y la ciudad colonial se vuelve en una gran peatonal de calles empedradas que obligan sí o sí a llevar calzado cómodo para transitarlas. Las referencias históricas como los museos, palacios que ocupaban las familias de los ingenios azucareros, la plaza Mayor y su iglesia de la Santísima Trinidad, todo puede hacerse caminando.

Pero Trinidad merece más que un día para conocerla. Es de esos destinos a los que siempre se quiere volver. En cada lugar, en cada esquina, hay una historia para encontrar y recordar para siempre. Cerca a la plaza Mayor, la principal de la ciudad, está la famosa Escalinata, donde desde media tarde ya se empiezan a cruzar distintos ritmos musicales caribeños salsa, mambo y desde las letras más conocidas de la Trova Cubana hasta la de nuevos artistas.

En los alrededores de esa plaza y en distintos rincones del centro histórico abundan los barcitos y paladares que convocan a distintas generaciones, pero mayormente a los más jóvenes. Trinidad es un lugar de encuentro, maravillosamente diverso y plural. Y mucho más accesible para el bolsillo que La Habana.

La playa más conocida de Trinidad es Ancón, donde se ubican los hoteles con todo preparado para saltar de la cama a la mesa y de la mesa a la playa. Y repetir infinitamente ese circuito. La mayoría de los paquetes turísticos terminan en los all inclusive. Claro que también está la alternativa de alojarse en las casas de familias de la ciudad, donde también se ofrecen exquisitos desayunos y cenas. Están habilitadas oficialmente para recibir huéspedes (cubatravel.cu). En este tipo de hospedaje el contacto con los cubanos y las cubanas enriquecen el paseo por la isla.

Las playas se ubican a unos 10 minutos del centro de la ciudad. El traslado para quienes se alojan en la ciudad se hace en autos particulares que se ofrecen en distintas esquinas, y donde se acuerda el precio con el chofer previamente. También en carros y buses. El mar es tranquilo, de increíble azul, una invitación permanente para quienes disfrutar nadando. Se ofrecen paseos en lancha para bucear, hacer snorkel hasta los arrecifes de coral cercanos a la playa de Ancón.

Aunque los habitantes de Trinidad sigan su ritmo de vida diario, la ciudad cambia su fisonomía todo el tiempo. Hasta media mañana por las calles de la ciudad sólo se ven los vecinos y las vecinas con sus tareas cotidianas: las compras, la escuela, el barrido, los mercados callejeros. Luego de las 10, empiezan a llegar los turistas que siempre son muchos y provienen de los hoteles ubicados en la playa, de los Cayos y ciudades ubicadas en el otro extremo de la isla (Por ejemplo, Cayo Santa María está a 180 kilómetros de la ciudad). Los mercados de artesanías y productos típicos ya están listos esperándolos. También los carruajes que proponen recorrer la aldea colonial por pocos pesos convertibles cubanos.

Museos, muy visitados

Las puertas de los museos también se abren desde media mañana. Los más visitados son el de Arqueología, de Historia y el Romántico reúnen piezas y documentos que ilustran sobre la vida cotidiana en la época precolombina, durante la colonia y luego de la Revolución. También el Museo de Nacional de la Lucha Contra Bandidos, dedicado al proceso independentista cubano, instalado sobre lo que era el convento de San Francisco del siglo XVIII. Imperdible el campanario al que se puede ascender; la sugerencia es hacerlo en las últimas horas y no perderse el atardecer desde la altura: la ciudad, a lo lejos el mar y la Sierra de Escambray embellecen la panorámica.

Cerca de Trinidad también se pueden visitar el Valle de los Ingenios, a unos diez kilómetros de Trinidad, que alcanzó a reunir más de 50 fábricas de azúcar, donde trabajaban los esclavos. O pasar un día en Tope de Collantes, zona protegida de Cuba ubicada en la llamada Sierra del Escambray.

La Villa de la Santísima Trinidad (el nombre completo original) fue fundada por la Corona española a principios de 1514. Es una de las mejores restauradas y conservadas de la isla y de toda América, razón que mereció que la Unesco la valore como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco junto al Valle de los Ingenios.

Todo hace de Trinidad una ciudad colonial única que convoca todo el tiempo a abrazarse con la naturaleza y la historia cubana.

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