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Lunes 25 de Marzo de 2013

Bolivarianos vs. derechos humanos

Casi en segundo plano pasó esta semana la batalla librada por la supervivencia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos en la OEA. Sus enemigos lanzaron hace dos años una ofensiva para anularlo.

Casi en segundo plano pasó esta semana la batalla librada por la supervivencia del Sistema Interamericano de Derechos Humanos en la OEA. Sus enemigos lanzaron hace dos años una ofensiva para anularlo. Se trata de los países bolivarianos: Ecuador, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, con Cuba que da apoyo desde afuera. El objetivo principal es la Relatoría de Libertad de Expresión, pero también se busca recortar los poderes de investigación de la Comisión, la CIDH, brazo investigador de la Corte Interamericana. Durante estos dos años, Argentina y Brasil han dejado hacer a este grupo de países. Salvo cuando se llegó a esta instancia extrema, sellada el viernes en una asamblea extraordinaria y luego de largas horas de negociaciones. Ante una inminente votación que los bolivarianos iban a perder por amplio margen, Argentina actuó de mediadora y logró una solución salomónica, que sin embargo deja respirar a la CIDH y mantiene vivo el mecanismo de su financiación. El ecuatoriano Rafael Correa es un enemigo declarado del organismo, al que quiere reformar hasta el punto en que no sirva de nada. Lo mismo ocurría con el desaparecido Hugo Chávez, quien jamás dejó ingresar a Venezuela a las misiones de la CIDH y retiró el año pasado a su país del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Una decisión que se califica por sí sola.

Al mismo tiempo, en Ginebra, Venezuela, y en menor medida, Ecuador, protagonizaban una jornada bochornosa en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Caracas defendió a varias dictaduras genocidas. En el caso de Siria, Venezuela fue el único país de la región que se opuso a su condena, en una resolución adoptada por 41 votos a favor, 1 en contra y 5 abstenciones. Argentina votó con la mayoría. Lo mismo ocurrió con Irán, acusado por una comisión investigadora de graves violaciones a los derechos humanos y perseguir sistemáticamente a minorías religiosas y sexuales. De las ocho bancas que posee América latina en el Consejo, Argentina, Guatemala, Perú, Costa Rica, Chile y Brasil votaron a favor de la condena de Irán. En cambio, Venezuela se opuso y Ecuador se abstuvo. Venezuela fundamentó su voto con este argumento: "estos mandatos arropados bajo el falso manto de la protección de los derechos humanos están contaminados de la manipulación política por parte de la potencia dominante". Ecuador alegó, en su abstención sobre Siria, que se opone a "toda iniciativa que intente permitir la injerencia extranjera en los asuntos internos de los Estados, incluyendo aquellas que buscan justificarse en la supuesta protección de los derechos humanos". Estos párrafos hubieran podido llevar la firma de un representante de la junta militar argentina o de Augusto Pinochet. Son una copia de los argumentos de las dictaduras militares de los años 70: la conocida invocación de la "injerencia en asuntos internos" bajo la "excusa" de los derechos humanos. En la misma sesión Venezuela y Ecuador defendieron otro genocidio: el de Sri Lanka, con 150.000 desaparecidos en 30 años, hasta que en 2009 el gobierno aplastó a la minoría tamil. Como postre, Venezuela se despachó con un rechazo a formar una comisión investigadora sobre Corea del Norte, una de las peores dictaduras del planeta, sino la peor.

A modo de conclusión, Argentina parece haber comenzado a poner distancia de manera acentuada de su anterior acompañamiento del bloque bolivariano y sus horrendos aliados extrarregionales. En la ONU, donde hace un par de años hubiera votado como lo hizo sin sombra de dudas, ahora estas existían, luego del reciente acuerdo con Teherán sobre la AMIA. En la OEA, y si bien Argentina actuó de mediadora y permitió mantener viva la amenaza de los bolivarianos, el país se diferenció netamente de la estrategia de avanzar a mazazos sobre la CIDH. Como EEUU, Canadá y México, Argentina hizo una donación importante de dinero para el organismo, algo que los bolivarianos quieren cortar de raíz para debilitar a la CIDH.

La sistemática protección de parte de estos regímenes, todos populistas de izquierda, de los dictadores y genocidas más atroces, como acaba de comprobarse nuevamente con estas votaciones en la ONU, tiene una razón clarísima: nada les importan los derechos humanos, que usan cuando les conviene. Esas dictaduras se defienden cerradamente porque son enemigas juradas de Occidente, en especial de Estados Unidos. Que el sirio Assad masacre a la población civil no escandaliza, dado que es un enemigo de EEUU, Israel y Europa. Esto es tercermundismo a fondo y sin matices, setentismo sin cortapisas ni peros. Argentina parece haber corregido la deriva que la llevaba hacia lo peor de este club tercermundista. Es una buena noticia.

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