Opinión
Lunes 27 de Junio de 2016

Boletas electorales y riesgos

Lo que viene. El FPCyS ha demostrado con claridad que no es imprescindible ser peronistas para gobernar en la Argentina. Sin embargo, el futuro de la coalición oficialista en la provincia está plagado de incógnitas. Una posible estrategia de preservación.

El Frente Progresista Cívico y Social tiene sus méritos —muchos defectos también—, pero quizás el mayor de todos es haber desarmado el prejuicio político que ha regido a la política argentina en los últimos sesenta años. Guste o no. Se le atribuye a Einstein haber dicho que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Así las cosas, lo suyo es de un valor histórico que seguramente superará sus tiempos y a sus protagonistas de momento.

El prejuicio en cuestión es el que afirma que sólo el peronismo puede gobernar en este país. A medida que lo extrapolamos desde lo nacional a lo local más se afianza su mensaje (e incluso su metamensaje: nadie puede ni debe osar intentarlo sino es peronista) a punto de que hay provincias en las que el PJ gobierna desde 1983, sin solución de continuidad.

Eso no pasa en Santa Fe en la que no sólo el FPCyS fue alternancia al PJ sino que ha demostrado, con mayores errores o aciertos, que se puede gobernar sin ser peronistas y que por ello las instituciones, el estado de derecho y la paz social no tienen por qué volar por los aires. Y lo viene haciendo desde hace más de veinte años en Rosario y más de ocho en la provincia.

Puede que sea un mero detalle pero a la hora de los pergaminos de la coalición que supieron conseguir socialistas, radicales, demoprogresistas y otras fuerzas, haber convertido a Rosario de la otrora capital del peronismo en una metrópoli en la que el PJ no ha vuelto ganar, es un dato contundente. En las últimas elecciones, el oficialismo actual puso en riesgo su dominio en la ciudad pero no a manos del peronismo. En esos mismos comicios el PJ demostró que en la provincia mantiene casi intacto su piso histórico de votos, aunque no le alcance aún para recuperar el poder.

Estas consideraciones vienen a cuento respecto del intento de responder una pregunta en boga que los actores políticos provinciales han sabido desactivar a tiempo. ¿Corre riesgo esta coalición centroizquierdista que hoy gobierna el territorio provincial con el binomio socialista-radical, Miguel Lifschistz-CarlosFascendini?

No. No, al menos por el momento. En 2019, cuando la baraja deba mezclarse de nuevo antes de repartir otra vez el juego, se verá.

"La UCR irá con Cambiemos a las elecciones a diputado nacional", dijo hace pocos domingos en un reportaje a este diario el recientemente electo presidente del comité provincial de la UCR, Julián Galdeano. No dijo nada que no supiera casi todo el mundo pero lo que era un secreto a voces no sólo resultaba ahora oficializado sino que disparaba el interrogante de qué pasaría con el FPCyS porque sabido es que los socialistas no quieren saber nada de aliarse con el PRO. En todo caso sueñan con enfrentarlo a nivel nacional como alternativa en 2019.

Al lunes siguiente, con el reportaje que Mauricio Maronna le hiciera a Galdeano sobre el escritorio del diputado Eduardo Di Pollina, en su derredor se sentaron Lifschitz, José Corral —presidente de la UCR nacional— y junto a ellos tres, referentes radicales y socialistas como Santiago Mascheroni, Felipe Michlig, Antonio Bonfatti, Enrique Estévez, entre otros. Todos coincidieron en que no romperían el FPCyS y se abocaron a buscar el modo que permitiera a cada partido armar su estrategia electoral para el año que viene sin ponerlo en riesgo.

Los radicales (también el PDP) tienen mandato de su convención nacional (reunida en Gualeguaychú en marzo de 2015) de ir en listas comunes de candidatos a diputado nacional con Cambiemos. No es una cuestión de voluntarismo, en su caso. De allí que lo dicho por Galdeano tuviera más impacto hacia afuera que hacia adentro.

Ese lunes, de la cumbre en la oficina de Di Pollina, los diarios nacionales titularon que se rompía el FPCyS. A las pocas horas el PRO buscaría forzar una decisión con un vano intento de presión para que los radicales abandonen de inmediato a los socialistas en la Legislatura. Por su parte el Partido Socialista ha asumido —Bonfatti lo preside a nivel nacional— un rol abiertamente crítico y opositor al gobierno de Mauricio Macri.

El jueves último el gobierno nacional envió al Congreso argentino un proyecto de reforma electoral que instaura el uso del voto electrónico, con la idea de aplicarlo en las próximas elecciones nacionales, las legislativas 2017. Así confirmó que haría tiempo antes a este diario el secretario de Asuntos Políticos e Institucionales del gobierno nacional, Adrián Pérez.

El sistema se aplicará en todo el país. Sintéticamente, consta de una terminal informática en cuya pantalla estarán las opciones electorales por las cuales el votante puede inclinarse. Una vez que el ciudadano elige tocando la pantalla, es decir, define su preferencia, vota. A continuación la computadora emite una boleta impresa con el voto registrado que el votante pondrá en una urna. El contralor estará ahí: los votos que registre la máquina deberán coincidir —en caso de que se fuere necesario contarlos de a uno— con las boletas impresas que haya en la urna.

Según el gobierno nacional existe consenso parlamentario para que la ley se apruebe este año y se pueda licitar la compra de las 100 mil terminales que requiere el sistema.

Sobre esta cuasi certeza descansa en buena medida la tranquilidad política del oficialismo santafesino. Y lo que el gobernador Miguel Lifschitz reduce —acaba de repetirlo el jueves pasado en un programa político de un cable de noticias nacional— a algunos ruidos lógicos porque sus socios del radicalismo integran simultáneamente el Frente Progresista en la provincia con el socialismo y el frente Cambiemos con el PRO en el ámbito nacional (aunque el PDP, también).

Que el presidente de la UCR en el país sea el intendente de Santa Fe haría que esos ruidos suenen cerca pero a la vez que se puedan sobrellevar sin problema con buena voluntad, también asevera públicamente el gobernador y, de ese modo, socializa la responsabilidad con Corral.

También el jueves pasado, Galdeano asumió finalmente al frente del comité provincial de la UCR "con el desafío que tiene el radicalismo a partir de ahora de seguir protagonizando la política provincial y nacional. Nosotros vemos con entusiasmo la situación que hoy tiene el radicalismo santafesino y el radicalismo nacional. Consideramos que tenemos un rol gravitante en ambos planos, tenemos un protagonismo importante. La verdad que eso se nota porque somos fundadores del Frente Progresista Cívico y Social, y aseguramos su continuidad y su gobierno. También somos fundadores de Cambiemos vitales para que hoy Mauricio Macri sea presidente de la Nación", según dijo.

La promesa de armar una mesa provincial de Cambiemos en diez días con que Corral despidió al jefe de Gabinete, Marcos Peña, y al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, que la habían venido a buscar ese día —el 26 de mayo pasado— sigue sin cumplirse.

Entre otras razones porque el presidente del radicalismo esperaba que la Casa Rosada enviara al Congreso el proyecto de voto electrónico, tal como —se lo dijo a este diario— el gobierno nacional había anticipado a su partido.

De manera que Corral está seguro que el año que viene las elecciones nacionales para diputados se harán con ese nuevo sistema. Tanto como que en la provincia de Santa Fe (¿de esto se habló en la cumbre en la oficina de Di Pollina?) todavía regirá —para la elección municipal de renovación de concejales— la boleta única impresa no electrónica. Algunas consultas de este diario a senadores peronistas revelaron que no tienen pero tampoco piensan en reformar el sistema electoral en la provincia, por ahora.

Por tal motivo en 2017 habrá dos herramientas de votación diferentes en la provincia. Una para la elección nacional (voto electrónico) y otra para la provincial (boleta única impresa). Es probable, incluso, que para evitar confusiones se deban hacer en fechas distintas. Ello permitirá que en la nacional los radicales vayan con el PRO y en las municipales integrando las listas del FPCyS que, por tal razón, al menos en esta cuestión su existencia como tal, no correría ningún riesgo.

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