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Domingo 15 de Mayo de 2016

Biotecnólogos por un día

Personalidades del país, desde funcionarios y docentes hasta periodistas, participaron de un curso intensivo organizado por el Instituto de Biología Molecular de Rosario (IBR) ¿El objetivo? Experimentar cómo impactan los avances científicos en la vida cotidiana y probar cómo es ser científico.

Por tercer año consecutivo el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario (IBR) organizó un curso para introducir a líderes de distintos ámbitos en el descubrimiento de la ciencia. Con este objetivo, la semana pasada se dieron cita 15 personalidades entre funcionarios, académicos, empresarios y periodistas del país para aprendersobre esta ciencia que impacta mucho más de lo que se piensa en la vida cotidiana, y experimentar gracias a ella.

Alejandro Vila, director del IBR, contó a Más que cada año seleccionan 15 personas con alto nivel de responsabilidad del ámbito político, de la comunicación, de la academia y de las empresas: "El requisito es que no tengan ninguna formación curricular en biología o bioquímica", señaló.

Durante dos jornadas 40 profesionales del IBR se dedican a explicarles, de manera sencilla, lo que ellos hacen cotidianamente: ciencia. Y les transmiten cuestiones básicas de biología molecular. "La idea es que puedan diferenciar qué es real y qué es mito respecto a organismos transgénicos, células madre, adicciones y enfermedades que tienen que ver con nuestra vida cotidiana y que en definitiva todo ciudadano debería conocer", acotó Vila.

Los científicos son conscientes de cuánto ha cambiado nuestra vida la introducción de las investigaciones en biología molecular y observan la necesidad de que el conocimiento en esta materia llegue a toda la sociedad.

Descubrimientos

En el IBR se trabaja y mucho. De hecho se han realizado dos descubrimientos, entre otros, que tendrán un alto impacto en Argentina y en el mundo. Uno de ellos a cargo del grupo de investigación de Diego de Mendoza, que trabajó durante 25 años para entender cómo las bacterias sintetizan grasas, y por eso no son ni gordas ni flacas. Éstas regulan su cantidad de grasa, que es siempre la misma. Gracias a que entendieron esto pudieron modificar un residuo de biodiesel para convertirlo en biodiesel, manipulando bacterias genéticamente. Este hallazgo llevó a la formación de una empresa, de base tecnológica, que está instalada en Rosario. Y si bien aún no hay un producto, se están haciendo desarrollos de punta con investigadores locales para que pronto salga a la luz.

Otro descubrimiento fue el del equipo de Néstor Carrillo, que investigó por qué un gen que estaba en las algas —que son precursoras evolutivas de las plantas— se perdió en la evolución. Observaron que si colocaban ese gen en otras plantas lograban que éstas crecieran en ambientes muy adversos, en sequía, con falta de nutrientes. Así obtuvieron una patente, que se logró luego de 10 años. Ahora hay una empresa interesada que está haciendo los estudios de campo en 10 cultivos distintos. Eso significa que se podrán expandir las superficies cultivables, que podrá haber más rinde, entre otras grandes revoluciones que se provocarían en los cultivos.

Las jornadas

El viernes pasado se encontraron en el instituto quince personas de distintos ámbitos, todos con sus guardapolvos que les proveyó el IBR, ubicado en la zona conocida como la Siberia. Volvieron a ser alumnos, pero de asignaturas muy distintas a las que conocían.

Los organizadores destacaron la fascinación de los asistentes al conocer ciertos descubrimientos científicos y aseguraron que vieron en este selecto público las mismas caras de los niños de 4 años cuando entran en un laboratorio.

Durante un día y medio tuvieron clases magistrales y otras prácticas en laboratorios. Ellos mismos utilizaron pipetas y jeringas para hacer experimentos. Transgénicos, ADN y bacterias fueron algunos de los grandes temas abordados en las clases que luego se observaron en el laboratorio. Uno de ellos por ejemplo fue la extracción de ADN de plantas transgénicas o la observación de peces transgénicos.

Los participantes admitieron que ahora ya saben un poquito más de biología molecular y cómo puede utilizarse para encontrar respuestas a enfermedades o para mejorar cultivos o residuos. También comprendieron la importancia de invertir en ciencia, no ya como algo aislado y de “laboratorio” sino como una cuestión que puede mejorar la vida.

Entre otros participantes de este curso, que es único en Argentina, se encontraron el secretario de articulación científico-tecnológica del Ministerio de Ciencia de la Nación, Agustín Campero; el ministro de ciencia, tecnología e innovación productiva de la provincia, Eduardo Matozo; el rector de la Universidad Nacional de Rosario, Héctor Floriani, el director ejecutivo de la Bolsa de Comercio de Rosario, Mario Acoroni; el diputado provincial Julio Garilbaldi; la concejala María Eugenia Schmuck, el secretario de Gobierno de la Municipalidad, Gustavo Leone; el periodista rosarino Sergio Roulier y la periodista científica Valeria Román.

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