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Domingo 05 de Julio de 2015

Bienvenidos a Plutón

La nave espacial New Horizons envió imágenes del pequeño planeta donde se ven  montañas totalmente congeladas.

Fue amor a primera vista. Sólo bastó un puñado de imágenes enviadas por una nave espacial desde los confines de nuestro barrio cósmico —el Sistema Solar— para confirmar una relación que ya tiene 85 años y que promete fortalecerse aún más con el paso del tiempo. Como si se tratara de la renovación de votos nupciales, la humanidad redescubrió Plutón. Volvimos a derretirnos ante un mundo congelado. Gracias a la hazaña científica, tecnológica y humana de la sonda robótica New Horizons de la Nasa, lo vimos por primera vez a la cara como lo que es —un cuerpo exótico y excéntrico—y ya no como aquel puntito blanco divisado por primera vez por el astrónomo amateur estadounidense Clyde Tombaugh en 1930 o como aquellos pixeles vagos teñidos de un raro tono rojizo-amarronado que nos regaló el telescopio espacial Hubble en la primera década del siglo XXI.
Durante eones, Plutón se las arregló para esconderse de los ojos curiosos de aquellos que se atrevían a levantar la cabeza y mirar hacia arriba con aquella mezcla de éxtasis frente al cielo y una fuerte angustia ante tanta inmensidad y desconocimiento. Sin la contaminación lumínica propia de las últimas décadas, los seres humanos convivieron por siglos con un universo maravilloso pero incompleto: antes de la aparición del telescopio en el siglo XVII, se fascinaban a simple vista ante Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Los homenajeaban con leyendas y mitos. Pero faltaban personajes: la familia planetaria se amplió recién el 13 de marzo de 1781 cuando William Herschel descubrió Urano. Y una vez más el 23 de septiembre de 1846, cuando se mostró Neptuno. Aun así, varios científicos sospechaban que había más allá afuera. A esa incógnita la llamaron “Planeta X”. Pero pese a los esfuerzos de hombres como el millonario aficionado a la astronomía Percival Lowell —que lo buscó hasta el último de sus días— no lo encontraron. Hasta que un joven algo miope de 24 años llamado Clyde Tombaugh al fin lo divisó en febrero de 1930 como una manchita perdida en un mar de estrellas en unas placas fotográficas tomadas en el Observatorio en Arizona.
Y así comenzó nuestro vínculo con Plutón: con las complicaciones de cualquier relación a distancia. Las décadas pasaron y mientras alimentaba la imaginación de escritores de ciencia ficción fue perdiendo su misterio. No todo: se descubrió, por ejemplo, que un día allí dura seis días y nueve horas, que da una vuelta alrededor de nuestra estrella —el Sol— cada 247,7 de nuestros años. Y que lo hace de una manera rara, distinta: no en el mismo plano que el del resto de los planetas. En los setenta, se supo que el por entonces noveno planeta tenía un satélite, Caronte. Al que con los años se le sumaron otras cuatro lunas: Hidra, Nix, Cerbero y Estigia.
Aun así, Plutón —una bola de hielo no más grande que nuestra Luna, perdida a unos abrumadores seis mil millones de kilómetros del Sol y que no podemos ver a simple vista ni con binoculares— se las arregló para esconder su rostro. Acostumbrado a recibir golpes de asteroides, no vio venir un impacto más grande desde la Tierra: el descubrimiento de nuevos objetos más allá Neptuno y Plutón —más de mil, como Varuna, Ixion, Orcus, Quaoar, Sedna y Eris— en un gigantesco anillo de escombros helados, el “Cinturón de Kuiper”, hizo tambalear la maqueta del Sistema Solar. Así, en agosto de 2006, durante su 26ª Asamblea General en Praga, la Unión Astronómica Internacional (UAI) puso la casa en orden y decidió bajar de categoría a Plutón. De ahí en más se lo conocería como un “planeta enano”.
Las protestas de los “plutófilos” no inmutaron a la UAI. Sus astrónomos sabían que había que esperar. La razón: en enero de aquel año —antes del nacimiento de Twitter— había partido de la Tierra una nave que buscaría saber más sobre el “rey del Cinturón de Kuiper”: la New Horizons, una sonda que nació de las cenizas de dos fracasos:  las misiones Pluto Fast Flyby y la Pluto Kuiper Express, canceladas previamente por falta de fondos.
Así pasaron nueve años y medio. La sonda New Horizons —a más rápida jamás construida y que lleva en su interior las cenizas de Tombaugh— atravesó, con la ayuda del empujón gravitacional de los planetas nuestro barrio solar, casi cuarenta veces la distancia que separa la Tierra del Sol. Y este martes pasado al fin llegó a uno de sus destinos para saldar la gran deuda de la era espacial: a fin de cuentas, Plutón nunca había sido visitado por una nave humana. La New Horizons se internó en lo desconocido. A 50 mil kilómetros por hora, se acercó como nunca a este mundo misterioso: sobrevoló a apenas 12.500 kilómetros de la superficie plutoniana.
Ahí abrió los ojos y vio: montañas heladas de 3.500 metros de altura que sobresalen del terreno —que parecen tener menos de cien millones de años de edad— e indicios de actividad geológica, aun a 4.500 millones de años después de su formación. Para sorpresa de los investigadores como Alan Stern, científico principal de la misión, Plutón tiene un diámetro de 2.370 kilómetros, algo superior a lo estimado previamente. Los datos muestran que está perdiendo su atmósfera cargada de metano a un ritmo importante. A la gran mancha blanca la bautizaron Tombaugh Regio, en honor al descubridor.
Como nunca, esta misión espacial sacudió la Twittósfera. Este miércoles, luego del frenesí científico exhibido la noche anterior al confirmar que la New Horizons no había sufrido ningún imprevisto y que había llamado con éxito a casa, los científicos también revelaron que Caronte cuenta con cañones de más de seis kilómetros de profundidad y una región oscura a la que han llamado Mordor, como en la saga de El Señor de los Anillos.
Es interesante: la misión New Horizons está llena de “primeras veces”. Por ejemplo, cuenta con más mujeres que cualquier otra misión de la Nasa. Alice Bowman es la primera mujer en ser jefa de operación de una misión espacial. Oficialmente, es la madre de la nave (“mom”, mission operations manager).
En una nueva era de la exploración, el trabajo de la New Horizons recién comienza: mientras los científicos se entretienen analizando las nuevas imágenes en alta definición de Plutón y compañía, la sonda se interna en el cinturón de Kuiper para visitar otros objetos extraños a partir de 2019, y así saber un poco más cómo se formó el Sistema Solar y responder las eternas preguntas: “¿de dónde venimos?” y “¿hacia dónde vamos?”.

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