Ovación
Sábado 09 de Julio de 2016

Bielsa, un rojinegro por naturaleza

La huella que dejó el técnico rosarino en el Atlas de Guadalajara es imborrable. El Loco es venerado y respetado en el club azteca.

Si hay un nombre que quedó instalado en Atlas es Marcelo Bielsa. Leproso por naturaleza, también logró seducir a los rojinegros mexicanos. Por eso el Loco es venerado, respetado y dejó un enorme recuerdo en su paso por la entidad. De ahí surgió la invitación para que Newell's estuviera en los festejos del centenario del club. Por supuesto que también se cursó una invitación especial para el Loco (renunció a Lazio), lo que "hubiera sido la frutilla del postre para coronar aún más ese cotejo de festejo", le dijo a Ovación uno de los encargados de la organización del acto por los cien años del club. Pero, ¿cómo llegó el DT a Atlas? Fue César Luis Menotti quien lo recomendó ante el presidente de la entidad mexicana, Francisco Ibarra. Aunque primero le aclaró: "Es el ideal para ustedes, aunque la verdad es que está un poco loco". El Flaco no se equivocó en el anticipo en ninguno de los aspectos: estaba loco, pero era el indicado para realizar la tarea que necesitaba el rojinegro de Guadalajara.

Pasaron catorce años de la estadía del Loco en el club, adonde llegó (más allá de que primero no quería saber nada) después de conducir gloriosamente a la Lepra. La dirigencia apostó a su figura con el fin de comenzar a potenciar las divisiones inferiores, algo que había hecho en el Parque. Un trabajo que le caía como anillo al dedo y que estaba preparado para ejecutar. La obsesión y propensión al trabajo que mostró el DT había seducido a la dirigencia mexicana y no se equivocó, porque de esa tarea que ejecutó descubrió a jugadores como Rafael Márquez y Juan Pablo Rodríguez, entre otros tantos futbolistas.

Fue un verdadero hacedor en esto de buscar nuevos valores de las inferiores en un país donde mayormente apostaba a armar equipos con jugadores hechos en otros países. Un año después de su arribo a tierras aztecas tomó el mando del plantel principal y llevó al equipo a redondear una campaña aceptable jugando los cuartos de final. Y dentro del plantel, armado a su gusto con muchos valores locales, aparecieron nombres conocidos: Eduardo Berizzo y Ricardo Lunari, entre otros.

En su estadía también dejó una huella importante en cuanto a la humildad. Lejos de manejarse como una estrella o realizar pedidos rimbombantes, Bielsa no quería nada que fuera exagerado. A tal punto que a la dirigencia le solicitó uno de los autos económicos que entregaban en el club, siempre andaba con ropa deportiva y hasta iba a comer a distintos carritos ubicados en alguna esquina para saborear algún taco, "algo que le encantaba", según relataron quienes estuvieron cerca del DT.

El Loco tuvo un paso por América (promovió a Germán Villa y Cuauhtémoc Blanco, entre otros) y allí también realizó una gran campaña, pero ante la poca predisposición del plantel a desarrollar el sacrificio físico que exigía pegó el portazo y regresó a Atlas con el cargo de director deportivo para continuar con su trabajo de formar jugadores. Ricardo Rentería, quien fuera integrante de su cuerpo técnico, un día contó lo difícil que fue para los jugadores asimilar la idea que trataba de imponer Bielsa: "Las prácticas eran terribles. Martín Ubaldi, aquel que jugaba en Independiente, se me acercó un día al alambrado en un entrenamiento y me dijo que no podía más, que los estaba matando".

En el país azteca estuvo cinco temporadas y Bielsa declaró en un momento: "Me fui a México porque necesitaba limar algunos aspectos exagerados. Allá me volví más reflexivo y menos vidente".

Mientras trabajó en Guadalajara adoptó una costumbre: se dedicó a jugar al golf, dentro del lujoso condominio en el que vivía. Necesitaba calmar la ansiedad y también el carácter durante los partidos. Para ello continuó con la rutina de comer los caramelos que le enviaban desde Argentina junto con un paquete de diarios y revistas que él solicitaba.

Bielsa es un nombre que marcó el camino en Newell's y por eso está en la cúspide de los ídolos. "Está entre los tres mejores DT que pasaron por el club, entre ellos Lavolpe", dijo un fanático de los zorros. Pero en Atlas, paradójicamente un club con los mismos colores, también dejó una huella imborrable que con el paso de los años cada vez toma mayor dimensión.

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