Ovación
Domingo 07 de Agosto de 2016

Bielsa, Martino y Bauza, ningunos pajueranos

Que la selección siga en manos rosarinas provoca la queja del poder y esto debe potenciar el orgullo de pertenencia local.

El escritor Arturo Jauretche fue el precursor en vaciar de contenido a la palabra "pajuerano", que se instaló en la otrora Capital Federal para aludir en forma peyorativa a aquellas personas que arribaban desde el interior. La consideró, además de injusta, contradictoria en su esencia porque en todo caso la definición debía ser "padentrano", porque quienes venían de las provincias lo hacían desde adentro del país. Y puso en contraposición a los extranjeros, "verdaderos pajueranos", quienes paradójicamente eran considerados superiores por los colonizados culturales de la época. Así el notable periodista pulverizó al término usado como sinónimo de torpe o ignorante en la antinomia porteños-provincianos. Grieta superada para algunos, pero aún vigente para otros. Por esa zoncera determinados sectores del poder central maltrataron en su momento a Marcelo Bielsa y a Gerardo Martino cuando fueron técnicos de la selección nacional. Como ahora quieren domesticar con prematuras críticas a Edgardo Bauza. Tal vez el establishment los considere "pajueranos".

Es habitual que el federalismo sucumba ante la hegemonía del poder concentrado (político, económico y comunicacional). Y esta actitud se hace más evidente por el comportamiento sistémico de esa corporación porteña. Hegemonía que cuenta como aliada a la división que produce el fundamentalismo futbolístico del interior, como sucede en Rosario. Que podrá no ser mayoritario pero que gravita y afecta. Que no permite dimensionar la trascendencia de que la sucesión en la selección nacional sea entre un técnico de acá y otro también de acá. Y hace incomprensible que el deseo de éxito o fracaso hacia el seleccionado dependa de la identidad canalla o leprosa del DT y/o jugadores. Es una reducción que atenta contra el orgullo de pertenencia rosarino. Y que además es funcional a los intereses que representan ciertos formadores de opinión, que ven como un elemento extraño todo lo que no sea del "ámbito" propio, quienes soslayaron el trabajo, la convicción, el método futbolístico y los valores de los tres entrenadores.

Para comprobar, repasar. Marcelo Bielsa fue cuestionado con ferocidad por haber democratizado la relación de la selección con los medios de comunicación, pese a su auspicioso tránsito en las eliminatorias para el Mundial de Corea-Japón. El sensato Loco no cedió ante las presiones mediáticas y no concurrió a los estudios de los programas de televisión "con derechos pagos", como tampoco accedió a entrevistas. Y mantuvo su ejemplar comportamiento respondiendo en conferencias de prensa a todos por igual. Con idéntico respeto y sin importarle si el interlocutor era de una radio de pueblo o del programa de más audiencia porteño. Dejando en claro que la inteligencia hace la diferencia en la pregunta no en el medio. Por eso con la temprana eliminación del Mundial 2002 los detractores del poder económico-mediático completaron el trabajo provocando el cansancio moral del entrenador rosarino.

Gerardo Martino también padeció los mandobles de ese poder. Con similares formas. Porque los fundamentos que justificaban su elección, que residían en un sistema de juego efectivo y estético ejecutado en Newell's, fueron utilizados y desechados por los críticos de turno al sostener que "el seleccionado debía ganar como sea". Y eso que el Tata maniobró con inteligencia en el desarrollo de su política comunicacional, porque ordenó la confección de una agenda para entrevistas individuales con todos los medios del país. Sin embargo, y para graficar que el "monstruo" es insaciable, una tira deportiva porteña le canceló la nota, pautada con mucha anticipación, porque el día anterior había sido reporteado (también en agenda) por un programa de otro medio competidor. Y aunque parezca absurdo, estos detalles allá en la comarca de la soberbia potencian la necedad y la hipocresía, evidenciando que el temor a competir hace de la opinión un producto mercantilista.

La petulancia del poder no entiende de merecimientos. Por eso Edgardo Bauza comenzó a pagar el canon mediático desde antes de ser electo. El mote de "defensivo" fue la muralla construida para evitar su llegada. Y como las opciones amplificadas desde ese poder se fueron deshilachando por diferentes motivos, comenzaron a elaborar otras postulaciones que sólo podían ser sugeridas en este estado calamitoso del fútbol argentino. Algunos referentes de los medios porteños impulsaron a Ricardo Caruso Lombardi y hasta lograron que Armando Pérez le concediera un espacio. Mientras sostenían increíbles teorías de técnicos con tiempo compartido o hipotéticos interinatos.

Por supuesto que con una simple revisión de los hechos alcanza para comprobar que es muy difícil que un "técnico defensivo" pueda ganar dos Libertadores. Como así un reduccionismo absurdo puede adjudicarle a la suerte la conquista de estos logros. Estas estocadas al Patón son similares a las que padeció Carlos Bilardo en la previa al Mundial de México.

Es una constante que todo aquello que no corresponde al círculo rojo del poder centralizado del fútbol sea considerado imputable. Que no permite que los espacios importantes sean ocupados por aquellos que no tienen su bendición. Matriz concebida en un gran negocio diseñado en los escritorios y con voceros establecidos. Si hasta fue indisimulable la desazón de un obsecuente cronista que habitualmente cubre al seleccionado cuando fue elegido Bauza. Pero aunque les pese, los "padentranos" también juegan. Porque están dentro del fútbol. Como Rosario y sus exponentes. Los que dirigen y juegan en la selección. Es por eso que la ciudad debería emerger de esa improductiva sensación de dividir hasta lo indivisible para aglutinarse en el orgullo de pertenencia que su fútbol genera. Y comprender que no hay parcialidades sin una totalidad que las contenga. Porque Newell's y Central son Rosario. Y que hace al seleccionado de todos. Aunque a los verdaderos "pajueranos" del poder no les guste.

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